“Las pensiones más bajas las tenemos las mujeres. Quienes cuidamos a los que se llevan pensiones bajas, somos las mujeres. Quienes cuidamos a los enfermos que no cuida la salud pública, somos las mujeres. Por estos motivos, la lucha por derechos como la educación, la salud y las pensiones, tienen un vínculo con que las mujeres tengamos mejor vida y dignidad”, afirmó la diputada de Izquierda Autónoma durante la vibrante jornada de huelga de mujeres vivida este 8 de marzo.

Camila Rojas (26 años, Izquierda Autónoma) es la diputada electa más joven, de la coalición política más joven que irrumpe en el Congreso desde el retorno a la democracia, el Frente Amplio. Administradora Pública, fue dirigenta de su carrera, senadora universitaria y, luego, presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (Fech). Pero Camila es feminista, y ha tejido su compromiso político siempre del lado del movimiento de mujeres.

Por este motivo no tomó a la ligera este 8 de marzo. El día conmemora la masacre sufrida por las sindicalistas de Chicago, quemadas vivas como brujas perseguidas por la Santa Inquisición por iniciar una huelga. Sus patrones incendiaron la fábrica téxtil en que se desempeñaban y cerraron por fuera con candados, para que no robaran nada. Este es el evento a partir del cual se internacionalizó el Día de la Mujer Trabajadora.

Y si bien los organismos internacionales como la ONU, han desdibujado esta última palabra en favor de un discurso que persigue la mayor incorporación femenina al mercado laboral, un ímpetu mundial convocó a una huelga de mujeres. Porque las mujeres son trabajadoras. Y en Chile, se convocó al Día de la Mujer Trabajadora, que lucha contra la precarización de la vida.

Trabajadoras, dirigentas, académicas: mujeres

El miércoles 7 de marzo se realizó un conversatorio en la sala 1 de la Universidad de Valparaíso. El evento, moderado por Daniela López, convocó a diversas dirigentas sindicales y académicas. Todas mujeres, debatiendo sobre el trabajo que como tales desempeñan en nuestra sociedad: la jornada entregada al mercado laboral, la segunda jornada en las labores domésticas, la tercera jornada en la atención y cuidado de viejos y enfermos; la total ausencia de derechos sociales que vuelve aún más pesada la carga y la creciente violencia machista que les asedia.

Expusieron María Luz Navarrete, como representante de la Coordinadora de trabajadores y trabajadoras NO+AFP; Natalia Corrales, presidenta del sindicato a honorarios de la Municipalidad de Valparaíso; Claudia Hasbún, directora nacional de la ANEF; y Daniela Marzi, abogada laboralista de la Universidad de Valparaíso.

Camila abrió fuego cuestionando la promesa que realizaría la incorporación de las mujeres al mercado laboral. “Salimos de la casa para ‘realizarnos’, pero se invisibilizó la enorme carga doméstica, que se sostiene bajo el argumento del amor y siempre es de responsabilidad exclusiva de las mujeres”, sostuvo.

El punto, remarcó, se acentúa por la total ausencia de derechos sociales que caracteriza a nuestro país: “Las pensiones más bajas las tenemos las mujeres. Quienes cuidamos a los que se llevan pensiones bajas, somos las mujeres. Quienes cuidamos a los enfermos que no cuida la salud pública, somos las mujeres. Por estos motivos, la lucha por derechos como la educación, la salud y las pensiones, tienen un vínculo con que las mujeres tengamos mejor vida y dignidad”, afirmó.

Por su parte, la directora de la ANEF, Camila Hasbún (Movimiento Autonomista), luego de explicar algunas invisibles cortapisas del sistema de jerarquización de los funcionarios públicos que privilegian finalmente la masculinización de la Alta Dirección Pública, tales como la sobrecarga de responsabilidades blandas a mujeres, o la desconsideración de las cargas de hogar, también de responsabilidad femenina, realizó un llamado a las mujeres a no ser egoístas y funcionales al patriarcado y valorar “el éxito de una, como el éxito de todas”:

“Esta unidad de las mujeres para defender demandas y cuestionarnos tiene que trascender. Nosotras mismas caemos en prácticas egoístas que convienen a la sociedad patriarcal, para poner más trabas a compañeras de trabajo, de partido, dirigentas, etc. Exigimos y cuestionamos más, y no validamos, por ser mujeres, por no valorar el éxito de una como el éxito de todas”.

Un matiz distinto introdujo al respecto Natalia Corrales, presidenta del sindicato que agrupa a las personas bajo régimen laboral “a honorarios” de la Municipalidad de Valparaíso. Corrales subrayó la precariedad que se vive como trabajadores públicos y señaló que, entre otras cuestiones “no hay capacidad de negociación en términos formales” y que “no hay continuidad de los contratos”.

Natalia considera que hay maltrato y discriminación de parte del Estado: “Más de la mitad de la dotación del Estado está a honorarios, con extrema precariedad. Hasta hace poco ni siquiera pagaban las pensiones. La promesa de trabajo se transforma en maltrato y discriminación sobre todo a las mujeres que se terminan guardando las diferencias”, sostuvo. “Trabajamos codo a codo junto a las personas a contrata y, sin embargo, no tenemos los mismos derechos ni beneficios”, reclamó.

La representante de la Coordinadora de Trabajadores y Trabajadores NO+AFP, María Luz Navarrete, estableció un principio desde el cual abordar el debate: “La previsión sigue el mismo derrotero del derecho de las y los trabajadores” y que entre estos últimos, “las mujeres somos siempre las más pobres”.

Luego de criticar duramente las modificaciones introducidas en materia de pensiones por parte de los gobiernos de Bachelet, reivindicó que las mujeres siempre han sido vanguardia a la hora de luchar por la expansión de derechos: “Las mujeres hemos sido pioneras y luchadoras en el ámbito sindical, el primer sindicato de mujeres se creó en 1887”.

Por su parte, Daniela Marzi, académica y abogada laboralista de la Universidad de Valparaíso enfatizó que siempre hubo trampa en la promesa de la incorporación de la mujer al mundo del trabajo, porque la misma promesa ya se había hecho a los hombres: “La promesa de ciudadanía en el siglo XX a través del trabajo era para los hombres. Por cierto que saldría algo discriminatorio luego para la mujer”.

Y dio paso a desarticular una trampa argumental que arrastró como lastre la izquierda durante el mismo período: “Siempre las reivindicaciones de la mujer parecen ser menos urgente que las materiales de la izquierda clásica y eso es un falso dilema”. La dinámica ha sido otorgar las peores condiciones de trabajo de la sociedad a las mujeres. En tal sentido, “el trabajo es cada vez más femenino, cada vez más flexible y precario”, apuntaló.

#8M y el Movimiento feminista

El 8 de marzo fue un día extenuante, vibrante y esperanzador para las feministas. Además de la movilización, fue una oportunidad para reflexionar, debatir y marcar diferencias sobre los objetivos y fundamentos del movimiento. La oportunidad, por cierto, no cayó del cielo, sino que es propio del avance de años de lucha feminista.

Camila marchó en Valparaíso, pero en Santiago participó de la actividad encabezada por la ex candidata del Frente Amplio en la última presidencial, Beatriz Sánchez, quien comanda la asamblea feminista de dicha coalición en la Región Metropolitana.

Rojas compartió junto a Gael Yeomans, también diputada electa por el Frente Amplio. Allí, Camila adelantó un principio feminista en el quehacer parlamentario, que es desparcializar la preocupación: “Queremos incorporar el feminismo en las comisiones: en trabajo, en educación, en pensiones. Porque el feminismo no es una cuestión sectorial, sino debe entenderse como una mirada transversal. Todo lo que afecte a las mujeres tiene que ser entendido como un problema social”, subrayó.

Pero fue en un manifiesto publicado en The Clinic online donde expuso con mayor detención cuál es el feminismo que pretende fortalecer como militante, por el cual trabaja desde Izquierda Autónoma.

Allí declara luchar por un movimiento feminista que “no se reconoce en el legado concertacionista pues no concibe administrar mejor este modelo sino superarlo”. Que persiga “salarios dignos para las mayorías trabajadoras, visibilizando y valorando el trabajo reproductivo”, que quiere “seguridad social garantizada” y que se propone transformar el contexto social, económico y cultural que hace de la violencia contra las mujeres algo normal.

Subraya, además, que este movimiento feminista está presente “en las luchas por la recuperación de nuestros derechos sociales que han emergido durante los últimos años y que han movilizado y conmovido a la mayoría de la sociedad: las luchas por la educación, por la salud, por la vivienda y por eliminar las AFP, pues en aquellos conflictos, y en la conquista real de esos derechos, es donde hoy se expresan las condiciones necesarias en las que se sostiene parte importante de nuestras vidas”.

Por último, recuerda que el movimiento feminista también es antagónico respecto de “quienes producen y refuerzan la desigualdad, la violencia, la injusticia y la explotación de la mercantilización de la vida, contra quienes lucran con nuestros derechos y contra quienes cuidan sus intereses empresariales y patriarcales”. Y, asegura, “desde allí construimos nuestra unidad. Desde un nosotras, feministas, que sí asumimos un legado como propio, y ese, es el legado histórico de la rebeldía, como un acto profundamente humano y universal, al luchar por la imposibilidad de tolerar la opresión y por la urgencia de ponerle freno”.