A 100 días de oposición

La oportunidad del Frente Amplio para enmendar el rumbo

 

En nuestros 100 primeros días siendo parte de la oposición al gobierno de Sebastián Piñera, como Frente Amplio hemos tenido dificultades para consolidar la propuesta que hicimos en las elecciones 2017 como una alternativa portadora de un proyecto político transformador, mostrando más debilidades que fortalezas. La frustrada acusación contra el ministro de Salud Emilio Santelices, el conflicto público sobre la participación en las mesas de trabajo del gobierno y la lamentable polémica que terminó con la suspensión del presidente de la FECH, son algunos de los episodios que ilustran estas dificultades.

Las fuerzas frenteamplistas tenemos la responsabilidad de encarar estos problemas, identificar sus causas y estar dispuestos a dialogar para superarlos. Las dificultades de nuestro bloque radican principalmente en la excesiva centralidad que han adquirido las intrigas parlamentarias en el quehacer frenteamplista y en nuestra incapacidad para dirimir diferencias y acordar lineamientos de acción comunes más allá del Congreso. En consecuencia, el Frente Amplio no ha aparecido aún como una fuerza política unida y coherente, sino como una suma de iniciativas aisladas, de corta duración, que parecen más movidas por aspiraciones de notoriedad pública que por una voluntad de sumar fuerza para las causas que dan razón de ser a nuestra coalición, que justificaron el apoyo del electorado y que están plasmadas en el programa que decimos defender.

Así, en la práctica, nos hemos dejado llevar por la forma de hacer oposición de la Nueva Mayoría, preocupada de controversias superficiales y formales de la política, criticando la “sequía parlamentaria” del Gobierno y los exabruptos de sus principales dirigentes, con escasa capacidad de impugnar el fondo del proyecto piñerista. Mientras, la agenda de la derecha avanza en la sociedad a costa de desafección ciudadana con la política, incumplimiento de las reformas demandadas por las mayorías e impunidad de élites empresariales, políticas, eclesiásticas y policiales involucradas en diversas formas de vulneración de derechos, abusos e incluso delitos. Si bien el gobierno anterior guarda una importante cuota de responsabilidad por esta crisis de la política, el Frente Amplio debe ser parte de la solución y no del problema, apostando a construir una alternativa que supere la inercia de la política binominal.

Como Izquierda Autónoma, creemos que el punto de partida para enmendar el rumbo es reconocer estas dificultades y dialogar para acordar una hoja de ruta que permita volver a poner en el centro los intereses de las mayorías y dar protagonismo a las luchas democráticas y antineoliberales por derechos sociales. En tal sentido, llamamos a las fuerzas del Frente Amplio, especialmente a aquellas que se posicionan en la tradición y la perspectiva de la izquierda, a organizarnos para reconquistar las posiciones alcanzadas durante el ciclo de movilizaciones recientes y reabrir las reformas largamente esperadas por la sociedad chilena, defraudadas por la Nueva Mayoría y hoy negadas por la derecha en el poder.

Reabrir las reformas significa resituar la urgencia de responder con desmercantilización, universalidad, solidaridad y diálogo democrático a las demandas por más y mejor salud y educación pública no sexista, pensiones dignas, plenos derechos sexuales y reproductivos, un nuevo pacto laboral a favor del trabajo, entre otras banderas levantadas por las fuerzas democráticas del país. Significa también reconocer la importancia de la movilización feminista en curso, para ponernos a disposición de su avance y proyección política. Es esta movilización la que está ofreciendo la resistencia más nítida y resuelta contra la ofensiva mercantil y conservadora de la derecha.

Por supuesto, la posibilidad de coordinar una oposición que restituya la importancia de reformas profundas y antineoliberales rebasa al Frente Amplio y requiere acercamientos con otros sectores de la oposición. Pero sólo sobre la base de nuevos consensos democráticos tales acercamientos serán productivos y útiles para los intereses de la mayoría. Si permitimos que se imponga la ansiedad electoral y el desprecio por el debate, ya sea por sectores del Frente Amplio o de la otrora Nueva Mayoría, seremos arrastrados por una política carente de sentido.

En Izquierda Autónoma sin duda compartimos responsabilidad en estas dificultades. Carecemos, además, de recetas mágicas. Hemos hecho esfuerzos por contribuir al fortalecimiento del Frente Amplio, a su vínculo virtuoso con los movimientos sociales de avanzada y al enriquecimiento de su proyecto de futuro. Para lograrlo, sin embargo, es fundamental que como coalición nos dispongamos a definir mecanismos que faciliten la toma de decisiones, la resolución de diferencias y el desarrollo de los postergados debates de nuestra alianza. Por ello llamamos a las directivas de los partidos y movimientos del Frente Amplio a asumir con urgencia estas tareas. Por nuestra parte, hoy ratificamos nuestro compromiso con ese desafío y nuestra disposición a encontrar salidas consensuadas a estos dilemas.

 

Izquierda Autónoma

Junio de 2018