A FORTALECER EL FRENTE AMPLIO PARA RETOMAR LAS BANDERAS POR MÁS DEMOCRACIA Y DESMERCANTILIZACIÓN DE DERECHOS SOCIALES 

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En este documento, como Izquierda Autónoma hacemos un balance crítico de la oposición y sus dificultades para enfrentarse eficazmente al gobierno de derecha, cuya agenda avanza con pocos contrapesos. Proponemos que para retomar la iniciativa política, el Frente Amplio debe fortalecer su institucionalidad y encabezar un balance crítico de las reformas impulsadas por la Nueva Mayoría, para reabrir la posibilidad de realizar las reformas que la sociedad movilizada ha planteado.

 

Introducción

Las elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017 instalaron al Frente Amplio como la tercera fuerza política del país. Los resultados electorales obtenidos y las posiciones institucionales alcanzadas fueron una sorpresa incluso para el mismo bloque, acelerándose vertiginosamente la necesidad de constitución política del Frente Amplio y de las distintas fuerzas que lo integran. Sin embargo, el proceso de construcción de nuestra coalición tiene una historia bastante más larga y proviene de diversas experiencias políticas y sociales que durante las últimas décadas han impugnado el consenso neoliberal de la transición y que por primera vez logra perfilarse como un proyecto con la potencialidad de ofrecer a la sociedad chilena una alternativa de profunda transformación social, política, económica y cultural.

Pero esta potencialidad ha tendido a confundirse durante los poco más de 100 días desde el cambio de mando, desaprovechando la posición que ocupamos en el escenario político para construir una alternativa propia de oposición. Nuestra falta de unidad para abordar la convocatoria del gobierno a participar de sus mesas de trabajo, la fallida acusación constitucional contra el ministro de Salud y la lamentable pugna que derivó en la suspensión del presidente de la FECH en el ejercicio de su cargo, son sólo algunos de los episodios más vistosos pero que expresan algunas dificultades de fondo.

Este documento tiene por objetivo compartir el diagnóstico de Izquierda Autónoma sobre la situación actual del Frente Amplio, la identificación de los principales problemas que creemos importante resolver y algunas propuestas de quehacer conjunto para el segundo semestre. Como frenteamplistas, nos interesa que abordemos colectiva y sustantivamente nuestras insuficiencias para resolverlas, enmendar el rumbo y así fortalecer el proyecto político que nos reúne: poner en el centro de nuestra política los intereses de las mayorías y dar protagonismo a las luchas democráticas y anti neoliberales por la conquista de derechos sociales. Sólo de esta manera podremos seguir luchando por las reformas que durante las últimas décadas la sociedad chilena ha demandado y que urge reabrir luego del decepcionante gobierno de la Nueva Mayoría.

 

Diagnóstico

Las principales dificultades que enfrenta el Frente Amplio radican en su incapacidad para detectar, dirimir y resolver democráticamente nuestras legítimas diferencias, lo que ha llevado a un excesivo protagonismo de la política parlamentaria en nuestro bloque, en detrimento, por un lado, de la  iniciativa y definiciones conjuntas de las direcciones políticas de nuestros movimientos y, por otro, de las luchas sociales que se desarrollan fuera de las paredes del Congreso.

Nuestras dificultades han impedido la constitución de una alternativa de oposición política clara al gobierno de la derecha, que no sólo se impuso electoralmente sino que avanza sin contrapesos en otros espacios de la sociedad. El actual gobierno, sostenido en gran parte por el interés empresarial, viene a administrar un modelo consensuado y coadministrado entre la Concertación y la derecha desde el retorno de los gobiernos civiles. Adicionalmente, la derecha ha logrado articular en su interior distintas sensibilidades políticas, tomando banderas de la otrora Concertación, dejándola sin espacio ni sentido político.

Mientras la derecha avanza a costa de la desafección de la sociedad con la política, la Nueva Mayoría no logra reponerse de la derrota electoral y, liderada por la iniciativa del Partido Socialista, desarrolla una forma de hacer oposición más bien reactiva, sin contraponer un proyecto político alternativo, con un discurso grandilocuente pero que no se condice con sus principales acciones: la fiscalización de los actos del gobierno, el reclamo por la autoría de los anuncios realizados por Piñera en su cuenta pública y la acusación de una “sequía legislativa”.

Todo esto se da en un contexto de descrédito de la política, luego del incumplimiento de las reformas demandadas por las mayorías sociales y la consagración de la impunidad de las élites empresariales, políticas, eclesiásticas y policiales involucradas en diversas formas de vulneración de derechos, abusos e incluso delitos. Si bien el último gobierno de la Nueva Mayoría tiene gran responsabilidad en esta crisis, el Frente Amplio debe tomar nota y ofrecer una salida basada en la construcción de una alternativa que se sacuda la inercia de la política binominal e inicie un nuevo ciclo político que amplíe los márgenes de la política de manera de avanzar en una verdadera democracia.

De lo contrario, el Frente Amplio corre el riesgo de confundirse con la Nueva Mayoría y terminar como vagón de cola de su forma de hacer oposición, postergando la posibilidad de responder a las necesidades de la mayoría de la sociedad. Por lo tanto, la disputa por la forma de hacer oposición al actual gobierno sigue abierta, siendo un debate fundamental para que el Frente Amplio logre constituirse como un proyecto nítidamente distinguible de la Concertación y portador de una política nueva.

Otro de los rasgos que impiden que el Frente Amplio se levante como proyecto político transformador es lo que vemos con preocupación como una excesiva parlamentarización de nuestra política como bloque. La dificultad para consensuar una dirección política clara a nuestras acciones, abre espacio para que cada figura del Congreso comience a levantar su propia agenda, que por las características propias de ese espacio, se juega en los términos de la política binominal y se vuelve presa fácil de la política del espectáculo y los ritmos que imponen actores externos a nuestro bloque. Cuando el Frente Amplio reduce su actuar exclusivamente al Congreso, en los hechos da la espalda a quienes no se sienten convocados por la política elitaria que ahí se reúne y expresa, contribuyendo al descrédito de la política ante la ciudadanía. El paroxismo de esta dinámica se verificó durante la última movilización estudiantil feminista, la revuelta social más grande desde 2011. A pesar de la importante inserción social de dirigentas de algunas de nuestras organizaciones, la movilización no ha significado un cambio de prioridades de nuestro bloque en su conjunto, que en vez de ponerse al servicio de la proyección política de la demanda por educación pública no sexista, siguió concentrado en las dinámicas parlamentarias y optó por seguir impulsando la acusación constitucional al ministro Santelices, con escasa articulación con el movimiento social por los derechos sexuales y reproductivos, limitando su alcance e impacto en un contexto de movilizaciones.

Por cierto, la posibilidad de consolidar una oposición que resitúe la importancia de reformas anti subsidiarias y antineoliberales es una tarea que trasciende al Frente Amplio y requerirá diálogo con otros sectores de la oposición. Pero dicho diálogo no puede fundarse en llamados en el aire a conformar una “amplia unidad desde la DC hasta el Frente Amplio” basada en atajos electorales. Sólo sobre nuevos términos de relación entre nuestro bloque y otras fuerzas políticas dichos acercamientos serán productivos, anteponiendo el diálogo democrático sobre las transformaciones que Chile necesita.

El reciente gobierno de la Nueva Mayoría desperdició la oportunidad histórica de impulsar reformas en un sentido antineoliberal, defraudando la promesa de cambios instalada gracias al ciclo de movilizaciones sociales de 2011. Para retomar una senda de transformaciones, se requiere la disposición colectiva del Frente Amplio para realizar un balance sobre aquellas reformas implementadas por la Nueva Mayoría con mayor potencial de democratizar la riqueza y el poder, de tal manera de contar con una lectura común sobre si aquellas significaron un retroceso o una consolidación del estado subsidiario y la mercantilización de los derechos sociales. En definitiva, urge reabrir la discusión sobre las reformas, volviendo a situar en el centro de nuestras prioridades avanzar con un diálogo democrático hacia la desmercantilización, universalidad y solidaridad para concretar las demandas por más y mejor salud, educación pública no sexista, pensiones dignas, plenos derechos sexuales y reproductivos, un nuevo pacto laboral a favor del trabajo, entre otras banderas levantadas por las fuerzas democráticas del país. Significa también reconocer la importancia de la movilización feminista en curso, para ponernos a disposición de su avance y proyección política. Es esta movilización la que está ofreciendo la resistencia más nítida y resuelta contra la ofensiva mercantil y conservadora de la derecha.

El Frente Amplio no puede darse el lujo de dilapidar la oportunidad histórica de establecer las bases de una fuerza política que inicie un nuevo ciclo político en Chile. Para ello, es fundamental un entendimiento virtuoso entre un progresismo antineoliberal, distinto al de la Concertación, y una izquierda anclada en los nuevos conflictos y subjetividades de la sociedad chilena.

 

Propuestas

El Frente Amplio debe volver a mirar a la cara a la ciudadanía y romper la inercia a la que nos arrastra la cultura política binominal que sigue viva en el Congreso. Para ello urge retomar la prioridad en las luchas sociales democráticas y anti subsidiarias que la sociedad ha impulsado en las últimas décadas para darles proyección política y conquistar reformas sustantivas. A partir de lo anterior, impulsar acuerdos sociales amplios que den cabida a las demandas históricamente ignoradas por la política. En esa línea proponemos lo siguiente:

1.- Fortalecer la institucionalidad del Frente Amplio. Nuestro bloque requiere mecanismos claros de toma de decisiones y resolución de diferencias. Para lograr lo anterior, las direcciones políticas reunidas en la Mesa Nacional deben adquirir mayor protagonismo en la definición de prioridades para nuestra intervención política para lo que queda del año, en los distintos espacios de intervención en que tenemos presencia, de tal manera de tener una agenda de mediano y largo plazo y no responder únicamente a la coyuntura y las iniciativas de otros.

2.- Elaborar un balance colectivo de las reformas de la Nueva Mayoría. Nuestra falta de discusión sobre el legado del gobierno anterior implica que se asumen acuerdos u omiten discusiones, sin reconocer que en ciertos ámbitos podemos tener legítimas diferencias. Por otro lado, lo que hoy aparece como alternativa a las iniciativas del Gobierno no son principalmente nuestras propuestas sino las reformas heredadas del gobierno de la Nueva Mayoría, que en gran medida Piñera ha continuado. Que podamos compartir nuestra evaluación sobre las reformas que constituyen el llamado “legado” de la Nueva Mayoría es condición de posibilidad para retomar el programa que encabezó Beatriz Sánchez durante las últimas elecciones presidenciales.

Fuera de los avances en la mal llamada agenda valórica, las manoseadas reformas tributaria, educacional y laboral, así como el inicio del proceso constitucional son según nuestro análisis los pilares del legado de la Nueva Mayoría, defendidas por dicha coalición como sus principales avances democráticos. Sin embargo, cada una de ellas implicó una pérdida significativa de apoyo de la sociedad, debido a que lejos de democratizar el poder y la riqueza, consolidaron la desigualdad.

Con una reforma tributaria acordada con los grandes empresarios, que intervino tímidamente su capital a costa de las pequeñas y medianas empresas para la recaudación de fondos fiscales, que luego tampoco se utilizaron para fortalecer y expandir los servicios públicos como la educación, sino a través de bonos y becas. Una reforma laboral que debilitó aún más la posibilidad de una articulación sindical efectiva o un proceso constituyente que más allá de las declaraciones de buenas intenciones, pareció más una iniciativa testimonial. Todas estas reformas, en su conjunto, están lejos de reflejar un camino de más democracia y más derechos sociales.

3.- Volver a priorizar las banderas que nos agrupan. En la senda de lo construido durante la campaña presidencial de Beatriz Sánchez, debemos retomar la estrecha alianza con los actores más dinámicos del movimiento social para situar nuestras  propuestas y demandas en el centro de la discusión política y el diálogo tanto con el gobierno como con el resto de la oposición. Para ello proponemos poner al Frente Amplio a disposición de la construcción de acuerdos sociales amplios sobre los elementos programáticos a ser priorizados por nuestro bloque.

Solo así podremos trazar un camino común entre las fuerzas que componen el Frente Amplio y que debemos impulsar en todos los niveles de nuestra intervención, no solo parlamentaria. Y, por lo demás, construir posiciones colectivas mejor definidas ante las iniciativas del gobierno y de la Nueva Mayoría.

En esa línea, desde Izquierda Autónoma proponemos que el Frente Amplio retome la iniciativa política priorizando ámbitos programáticos que representan las demandas de la sociedad movilizada, con líneas de trabajo conjunto en las siguientes áreas:

3.1. EDUCACIÓN PÚBLICA Y NO SEXISTA: El gobierno de Piñera ha optado por profundizar la reforma educacional de la Nueva Mayoría, expandiendo la gratuidad vía vouchers que financian incluso a instituciones que lucran con la educación, poniendo el foco en la regulación del sector privado tanto escolar como superior, sin apuntar a la expansión del sector público, donde precisamente radica la posibilidad de pensar democráticamente la educación y por lo tanto la erradicación del sexismo propio del mercado dentro de ella. En respuesta a lo anterior, nuestra pelea debe apuntar a redirigir los recursos públicos hoy destinados a la educación privada-lucrativa y a la banca, hacia el fortalecimiento y la expansión de la educación pública no sexista; terminar con el Crédito con Aval del Estado, condonando las deudas estudiantiles; y, reconocer la labor de los docentes y comunidades en tanto educadores y no meramente bajo estándares de productividad, como lo hace la carrera docente hoy en día.

3.2. SEGURIDAD SOCIAL: Durante el gobierno anterior estalló una de las más grandes movilizaciones sociales por el fin al actual sistema lucrativo de pensiones. Sin embargo, la Nueva Mayoría renunció a escuchar a la sociedad y avanzar hacia un sistema de reparto basado en la seguridad social,  limitándose a aumentar los fondos para el pilar solidario, manteniendo la lógica de funcionamiento actual, donde nuestro ahorro forzoso financia al capital de inversión privado. Debemos avanzar, junto al movimiento social y la Coordinadora No Más AFP en sacar a las administradoras privadas del sistema de pensiones y construir un sistema basado en los principios de solidaridad y seguridad social, que aseguren una vejez digna luego de una vida de trabajo. Para ello, es fundamental que la militancia frenteamplista haga propio el proceso de Iniciativa Popular de Ley impulsado por la Coordinadora No Más AFP, sumándose a participar en todas sus instancias y apoyando desde los distintos espacios sociales, políticos y parlamentarios, tal como ya ha sancionado la Mesa Nacional.

3.3. TRABAJO: La reforma laboral de la Nueva Mayoría no significó un avance en derechos colectivos para los trabajadores y terminó, dificultando aún más las condiciones para lograr relaciones de poder equilibradas entre capital y trabajo.. El actual gobierno ha anunciado que buscará modificar algunos aspectos de la reforma laboral y avanzar hacia la precarización del trabajo vía contratos por hora y teletrabajo. En contrapartida, el Frente Amplio debe luchar junto a los trabajadores, por garantizar la negociación colectiva por rama, sector o industria; el derecho a huelga efectivo, la reducción de la jornada laboral y la igualdad salarial y de trato según género y condición contractual. En el sector público, como Frente Amplio debemos esperar con cautela los anuncios sobre modernización del estado que el gobierno prepara y que implicarán un aumento de la precarización e inestabilidad en el trabajo en el sector público. Como fuerza política tenemos que ser aliados de los trabajadores en la defensa de sus derechos.

3.4. SALUD PÚBLICA: El actual gobierno ha seguido el camino de financiar vía recursos públicos a la salud privada, sustentado en programas como el plan AUGE o las nuevas propuestas de reducción de listas de espera vía financiamiento a la demanda. Debemos enfocarnos en la creación de un Seguro Único de Salud que mediante cotizaciones e impuestos financie un plan universal, público y solidario de salud. Detener el traspaso de recursos públicos a prestadores privados-lucrativos y las concesiones hospitalarias. Esto, de la mano de los diferentes gremios de trabajadores de la salud, que han trabajado en esta materia por años.

3.5. DERECHOS SEXUALES Y REPRODUCTIVOS: Si bien el gobierno de la Nueva Mayoría avanzó en esta materia con la ley de aborto por tres causales y el Acuerdo de Unión Civil, dejó abierto un desafío fundamental para una coalición, como la nuestra, comprometida en la lucha feminista. Apostar por la despenalización social del aborto en miras de garantizar el aborto legal de la mano del movimiento feminista en Chile, así como el reconocimiento a la libre identidad de género y promover políticas de reconocimiento y des-feminización social y económico del trabajo reproductivo y de cuidados.

 

Izquierda Autónoma

Junio de 2018

 

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