La política del gobierno para frenar al movimiento estudiantil es la autoritaria indiferencia. Cientos de miles de estudiantes y familias hemos repletado las calles en distintas ciudades del país y, en el mejor de los casos, el gobierno manifiesta que se trata sólo de un capricho juvenil, pero de nuestras demandas, ni hablar. Si algo aprendieron del 2011, es que sus erróneas respuestas no hacían más que llenarnos de rabia y energías. Por eso hoy, con un silencioso garrote, pretenden callarnos.

La cosa no es distinta en la autodenominada “oposición”. Actúan del mismo modo pero camuflado de buena onda. Como si haber votado que NO hace 24 años los hiciera distintos. Mientras organizan cónclaves para acercarse a los movimientos sociales, su acción y omisión permite el rechazo del informe de la comisión investigadora sobre el lucro o la aprobación de la criminalización de la protesta social sin que se les llene la cara de vergüenza.

Así los empresarios, un pequeño reducto de familias -a pesar de la supuesta crisis económica que impide un reajuste digno del salario mínimo- celebra día a día al ver como engorda su billetera. Y es que Derecha y Concertación están a sus órdenes. Son las dos caras de la misma moneda. Las dos fuerzas que piensan que los chilenos no somos más que simples consumidores.

Pero no estamos para chistes. Hoy más que nunca necesitamos de estudiantes instruidos, entusiasmados y organizados. El comienzo de este segundo semestre debe marcar el inicio de un segundo tiempo de movilizaciones. El Gobierno y la Concertación están profundamente deslegitimados, pero más importante aún, hoy con los estudiantes secundarios somos un solo puño para derribar la educación de mercado. El acuerdo programático que se le entregó al gobierno en la pasada marcha del 28 de Junio no sólo es reflejo de la coordinación a la hora de convocar manifestaciones, sino una demostración de la claridad política que tenemos como movimiento.

De ese modo, hemos podido frenar los avances que el Gobierno quería pasar mientras nosotros nos reorganizábamos. El proyecto de superintendencia que legitima el lucro o la rebaja a la tasa de interés del CAE no son solución para nadie. La única respuesta a los problemas que vive la educación en Chile hoy es un sistema público, gratuito y de calidad. Y si no nos quieren escuchar, juntos como movimiento lo construiremos.

La historia se escribe de momentos de estabilidad y calma, donde todo pensamiento y verdad parece estático, y momentos de crisis y refundación, donde los marcos de las posibilidades se expanden y las definiciones que ahí se tomen, marcan el rumbo de la sociedad por los años venideros.

Compañeros, el remezón de nuestra movilización durante estos dos años no termina de decantar. Está hoy en nuestras manos que el proyecto educativo en donde las relaciones sociales no estén mediadas por el dinero deje de ser una consigna y pase a ser una realidad. Que este segundo semestre sea sin vuelta atrás. A tomar la ofensiva.