A un año de la formación del Frente Amplio: Reimaginar y construir izquierda

 

La irrupción del Frente Amplio (FA) ha devuelto la esperanza a millones de personas en Chile que anhelan una sociedad más justa, solidaria y democrática. Nuestro primer año de vida ha permitido una importante, pero aún incipiente, irrupción en el escenario político. Ahora nos toca formar una oposición capaz de defender la posición conquistada y sostener la puja democratizadora abierta desde las calles para transformarla en fuerza de cambio político.

Nuestro avance como FA, sin embargo, tiene lugar en el marco de un agresivo contragolpe de las elites económicas y políticas del país. El triunfo de la derecha en las pasadas elecciones, su capacidad de aglutinarse en la diferencia y movilizar con eficacia sus bases de apoyo, no es sino resultado de la determinación con que el gran empresariado y las fuerzas conservadoras han decidido enfrentar el despertar de nuevos sujetos que luchan por ampliar la democracia chilena.

La Nueva Mayoría (NM) no sólo se demostró incapaz de enfrentar este contragolpe. Su negativa a emprender reformas que restituyeran derechos sociales y soberanía ciudadana sobre la política significó perpetuar un camino que concluyó en la victoria de la derecha. Con esto, se terminó por configurar el fin de la hegemonía de este progresismo neoliberal sobre la izquierda. Con la emergencia del FA y diversos movimientos sociales, la posibilidad de reconstruir un proyecto transformador está hoy sobre la mesa.

Es por esta razón que nuestra relación con la NM no puede estar sujeta a la contingencia, postergando la difícil tarea de reconstruir la izquierda para y con el pueblo de Chile. Dicho objetivo seguirá inconcluso mientras la construcción de una oposición a Chile Vamos se traduzca mecánicamente en una alianza en base a la defensa del legado de la NM. Enfrentar de verdad a la derecha significa construir una izquierda capaz de ofrecer un proyecto distinto al país, una alternativa a la sociedad del dinero, más humana, justa y democrática, capaz de disputar y organizar una nueva forma de Estado en Chile. Ese es el mandato que recibimos en estas elecciones, eso significa el apoyo brindado a nuestro programa y a nuestras candidaturas.

Para enfrentar este desafío el FA debe madurar como proyecto político, ser mucho más que una alianza electoral. Ser un actor permanente en la lucha política, social y cultural. Hace un año confluyeron diferentes ideologías e historias en un objetivo y un programa común. Dicha experiencia demostró resultados exitosos en diversos campos, pero aún queda pendiente la articulación coherente de nuestras heterogéneas visiones del Estado, la sociedad y el individuo para ofrecer al país un proyecto de carácter histórico. Esto no implica que sea deseable a priori la unidad ideológica u orgánica, sino que nuestra heterogeneidad y diferencias tengan expresión concreta en la sociedad en cuanto representación de sectores organizados, superando la mera diferenciación interna.

De las múltiples experiencias que confluyeron en el FA, una claramente avanza de forma significativa hacia su consolidación, considerando el reciente salto en las elecciones parlamentarias. Sería obtuso negar la posición hegemónica que Revolución Democrática comienza a ocupar en el FA y, más allá de nuestras diferencias, en buena hora. Es bueno para Chile y el FA que una perspectiva progresista de superación del neoliberalismo se proyecte.

Pero este cuerpo ahora cojea. No por el crecimiento de una de sus extremidades sino por la falta de consolidación de otras. Si bien somos muchos los movimientos que provenimos de la izquierda social y política, nuestra propia dispersión, falta de plataforma institucional y peleas internas hace que los muchos nos veamos como pocos, lo que nos somete a la búsqueda de caminos aislados que perpetúan nuestra dispersión. Es momento de que todos hagamos el esfuerzo de superar nuestras diferencias, y tender los puentes que permitan un necesario acercamiento.

¿Puede continuar el Frente Amplio sin la consolidación clara de un bloque de izquierda? Por supuesto, nada indica lo contrario. Otros proyectos de superación del neoliberalismo chileno pueden continuar su consolidación mientras la izquierda queda cada vez más relegada en la definición del Frente Amplio. Sin embargo, fortalecer una nueva alternativa de izquierda es para nosotros un problema político de primer orden. En su consolidación radica la posibilidad de dar protagonismo político a las mayorías trabajadoras y a las fuerzas de cambio, así como conducir las transformaciones que permitirán democratizar la sociedad chilena.

Por estas razones, hacemos un llamado amplio a la izquierda que cree en el proyecto del FA a iniciar un proceso de consolidación de su identidad aunando fuerzas. Sabemos que dicho proceso no es sencillo ni carente de diferencias significativas. Historia, ideología y consolidación actual nos separan, por lo que el debate y el trabajo conjunto, respetando los procesos, aparece como la única fórmula para enfrentar el desafío identificado. Por el contrario, la autosuficiencia y el cortoplacismo pueden redundar en proyectar aún más la larga noche de la izquierda chilena.

Si el año electoral significó una oportunidad aprovechada para la consolidación de una corriente política, que otro año con otros desafíos implique la consolidación de la izquierda puede ser una buena señal. Como sabemos, son los años sin elecciones los de mayor movilización social.

Enero de 2018

 

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