A contar de mañana se vota parte del programa del Frente Amplio a través de un plebiscito. Como Izquierda Autónoma participaremos, pero consideramos necesario plantear que vemos en el resultado final de este ejercicio un retroceso en el esfuerzo de hacer del FA una herramienta para transformar Chile.

El Frente Amplio es una coalición heterogénea en su ideología y origen, pero unida en lo programático. Más allá de las diferencias que una organización joven debe tener, el programa de derechos sociales, levantado por movimientos populares en su lucha contra la mercantilización de la vida, la reivindicación de derechos civiles, algunos conculcados las últimas décadas y otros que Chile nunca ha conocido, junto a la abolición de los enclaves autoritarios que impiden una democracia plena, todo lo cual debe reflejarse en una Nueva Constitución, han sido desde un inicio el programa y la unidad del Frente Amplio.

Como parte de su proceso de construcción, se decidió fortalecer esta unidad mediante encuentros programáticos territoriales, conformación de grupos por áreas y articulación con organizaciones y movimientos sociales. Este trabajo no fue gratuito, pues implicó enfrentar una primaria y dos meses adicionales con nuestra candidata presidencial sin programa definido. Pero tampoco fue en vano, pues ayudó a fortalecer la unidad programática de militantes, independientes y movimientos sociales que forman parte del FA. Educación, salud y pensiones como necesidades colectivas, derechos sociales y reproductivos garantizados por el Estado, una negociación colectiva y huelga efectiva para redistribuir la riqueza, son parte de un extenso programa de transformaciones que no podemos reproducir por entero aquí.

El plebiscito programático al que se nos convoca esta semana, sin embargo, no es un paso adelante en este camino. Predominó en su diseño final una visión que en lugar de promover el valor del diálogo y los consensos construidos los últimos meses, los descartó despojando el componente político de ese proceso. El resultado es un plebiscito que no representa diferencias realmente existentes en el Frente Amplio, levanta disensos artificiosos y aliena su articulación con el movimiento social. Se incorporan además tecnicismos incomprensibles fuera de ciertos círculos expertos, fallándole así al llamado de nuestra candidata presidencial a que el Frente Amplio se abra y haga sentido a la mayoría de los/as chilenos. Esto convive, finalmente, con que el grueso del programa no está sujeto a votación por ser parte de consensos previos, es decir, se convoca a algo con la ilusión de que todo se decidirá ahí cuando no es efectivo.

Sin duda este proceso concluye de una forma distinta a la que se pensó. Para sacar lecciones de lo ocurrido es preciso entender que el problema de fondo es político,  no organizativo, y alude a una concepción individualista y tecnocrática de la construcción política, que concibe la participación como un acto reducido a la elección individual de posiciones preconcebidas, antes que como un ejercicio colectivo fundado en la deliberación y la construcción de acuerdos. Pese a gozar de aceptación mediática en tiempos de neoliberalismo y desprestigio de la política, esta visión está reñida con el fortalecimiento de la asociatividad y la apropiación popular de la política. No es una visión mayoritaria en el Frente Amplio, pero se impuso por la incapacidad de resolver políticamente las diferencias entre quienes creemos en un proceso de construcción a largo plazo. Sus impulsores, principalmente ubicados en un sector de Revolución Democrática, le deben al FA y a sus adherentes una autocrítica.

Como Izquierda Autónoma mantuvimos una posición disidente a la hora de definir cómo elaborar el programa del Frente Amplio. Desde un comienzo sostuvimos la necesidad de priorizar el trabajo con los movimientos sociales, cuyas demandas son fruto de años de organización, movilización y apropiación colectiva de los desafíos que el Chile actual presenta para las fuerzas de cambio. Sin embargo, trabajamos y lo seguiremos haciendo con respeto a las decisiones colectivas del Frente Amplio. Aún nos sentimos parte de este proceso y valoramos especialmente el trabajo realizado por Beatriz Sánchez, quien relevó el trabajo programático de diversos movimientos y organizaciones, mediante gestos sencillos pero valiosos, abriendo las puertas para que organizaciones como la nuestra iniciemos el trabajo a largo plazo de construir unidad entre movimiento político y social.

A pesar de los desvíos, votaremos en este plebiscito por los puntos que reúnen las propuestas que los movimientos sociales que luchan contra la mercantilización de nuestras vidas han propuesto para construir un sistema garante de derechos sociales universales, un nuevo pacto laboral y la democratización profunda del Estado. Nuestro principal compromiso, sin embargo, es poner nuestra fuerza y futuros representantes en el Congreso a disposición del nuevo movimiento popular chileno, sus organizaciones y demandas. Sólo así el Frente Amplio será una efectiva herramienta de la organización social y autonomía política de las mayorías.