Entrevista de La Tercera

“Hay más candidatos presidenciales que gente dispuesta a ir a votar”. El director del Departamento de Sociología de la Universidad de Chile y militante de la Izquierda Autónoma, Carlos Ruiz, reconoce que le han preguntado si estaría dispuesto a ser candidato presidencial del Frente Amplio.

No se demora en responder, con una frase muy usada por los políticos: “No hay que poner la carreta delante de los bueyes”, dice para explicar que está disponible, pero antes hay que construir un proyecto sólido.

Ruiz cree que este grupo de partidos tiene todo para influir en el próximo período, pero si no se hacen bien las cosas, puede convertirse en “más de lo mismo”.

¿Cómo el Frente Amplio va a manejar y capitalizar el posicionamiento público y valoración de Giorgio Jackson y Gabriel Boric?

El gran fenómeno es que ya no existen mayorías políticas sustantivas y eso pone en peligro cualquier impulso transformador. Cualquier grupo que intenta descuadrar la política en una dirección o en otra se encuentra con tantas oposiciones, que la política llega a una situación de suma cero. El problema de destrabar eso es poder abrir un nuevo ciclo histórico. Si a algo le quiere hacer honor el apellido de Amplio en este frente, es plantearse una coalición para un nuevo ciclo histórico.

No basta con la popularidad de Jackson y Boric…

La generación emergente tiene que aprender a resolver políticamente sus diferencias y eso significa no autoaniquilarse. Ellos son los mejores exponentes de este proceso. Es la generación del 2011, que es un poco la generación también del 2006. La gente piensa, con razón, que cualquier persona con más de 40 años a lo único que va al Parlamento es a robar. Entonces les da un voto de confianza a estos jóvenes, y hacemos mal poniéndonos delante de ellos. Al contrario, tenemos que ayudar a empujarlos para que puedan abrir este camino político. Pero, insisto, si no hay una estructura política que sobreviva al marco electoral de 2017, no hemos hecho nada.

Por lo mostrado hasta ahora, hay mucho paño que cortar. Basta pensar en el quiebre en la Izquierda Autónoma, o el reciente episodio donde País de Gonzalo Martner y Alejandro Navarro acusan vetos de parte, precisamente, del autonomismo de Gabriel Boric y Revolución Democrática…

Ambos deberían encabezar justamente el esfuerzo de una alianza más amplia y profunda. Ni siquiera está claro cuál es el arco de confluencia que se va a generar, y según el arco de confluencia llegan personajes y llegan también ideas, discursos, políticas, etc. El Frente Amplio es un núcleo de agrupaciones que puede encabezar y desatar un proceso, pero por sí solos somos insuficientes.

¿Esa ampliación que usted plantea involucra abrirse a dialogar con la Nueva Mayoría?

A mí me parece que sí.

Pero hoy parece que se niegan a cualquier cosa que huela a Nueva Mayoría. Vuelvo al episodio de País y Navarro…

En la forma en que está construida la Nueva Mayoría, es imposible entrar en nada. Yo eso lo suscribo. Pero no nos podemos negar per sé a discutir cómo hay que construir parte de la coalición que va a ser un futuro gobierno en Chile. Ese futuro gobierno hay que empezar a imaginarlo ensanchando los públicos, que no están participando en este rato y también con públicos politizados.

Si Alejandro Guillier consigue encantar a esos públicos y se convierte en el abanderado del oficialismo… ¿lo apoyarían en una eventual segunda vuelta?

No le veo nada nuevo yo. Sólo habla de que le faltó pulcritud a las reformas y ‘hagámoslas mejor con mejores técnicos’. A eso no le veo nada, eso es proyectar el vacío político. Yo creo que, al revés, vienen trabajando con mucha más fuerza verdaderas retroexcavadoras de la mano de José Miguel Insulza y Gutenberg Martínez y otros que vienen trabajando en la idea de armar minorías efectivas, que, en un escenario de poca votación, pueden ser absolutamente determinantes.

¿Insulza?

Lagos se ha desplomado solo y es posible que minorías burocráticas, articuladas, jerarquizadas, clientelizadas, a las que nos les interesa tener una gran ovación en la sociedad, ganen por dos o tres votos, sencillamente y se impongan como nuevo gobierno. Eso no resuelve la crisis de la política, pero sí resuelve cómo se define el próximo gobierno.

¿Cuáles son los pasos concretos que debería dar a su juicio el Frente Amplio para construir esa coalición nueva?

Conseguir primero una articulación estable, proyectable, no de ocasión. No algo que después de las elecciones vuele con el viento y lo que haya más bien sea una competencia por cupos. De todas maneras, este proceso a corto plazo debería decantar en una representación parlamentaria.

¿Serán capaces?

Si miramos incluso la elección municipal, las fuerzas emergentes no estamos llevando nuevo electorado a votar, sino que seguimos en la disputa de un electorado todavía tradicional que, además, a lo que tiende es a reducirse. Hay que hablar con nuevos públicos. Y hablar con nuevos públicos es salir del discurso de la izquierda, hay que salir de la peña, hay que dejar de ser una izquierda Quilapayún. No vamos a llegar de nuevo a ese casi 70% de la sociedad que está afuera si nos quedamos en un discurso endurecido.

Pero se dice que Jorge Sharp, más que encantar nuevos electores recogió en Valparaíso la desafección del votante Nueva Mayoría, desencantado con su coalición…

El gran valor que tiene lo de Jorge en Valparaíso es la capacidad de haber salido a disputar hoy día fundamentalmente públicos que eran de la Concertación. Y el valor que todavía sigue quedando al debe, es salir a atraer a los nuevos públicos.

Según la CEP, ese público ya no demanda reformas, sino más bien seguridad, salud, desarrollo económico, oportunidades de trabajo…

Las dos coaliciones políticas de la transición dejaron al individuo abandonado. Una tomó la bandera del mercado y prometía más libertad. Al final, detrás de ese mercado había colusión, había concentración de la propiedad, no había una igualdad de oportunidades para desarrollar esa libertad que te prometían. Pero había otra coalición que te dijo ‘vamos en contra de todas las privatizaciones, vamos a restaurar el Estado, para tener más igualdad’, quizás la igualdad tampoco llegó. Al final, el individuo quedó botado en la calle sin más libertad en nombre del mercado y sin más igualdad en nombre del Estado. Y entra en una crisis con una política que no le hace sentido para reproducir su vida cotidiana. Y ahí la izquierda estatista tampoco es capaz de tomar esa necesidad.