Sobre el compromiso del Frente Amplio con la condonación de la deuda educativa

Sobre el compromiso del Frente Amplio con la condonación de la deuda educativa

El día de hoy nuestra candidata presidencial Beatriz Sánchez hizo pública su propuesta de condonación de las deudas contraídas para financiar estudios a través del CAE, créditos CORFO y el Fondo Solidario; el fin del endeudamiento como mecanismo para financiar la educación superior y un plan de transición para avanzar hacia la expansión de la educación superior pública 100% gratuita con los recursos que hoy el Estado destina a financiar el CAE a través de los bancos. Todas estas medidas son un paso importante para hacer retroceder el mercado de la educación y avanzar hacia la conquista de derechos sociales.

Como candidatos a diputados y diputadas de Izquierda Autónoma y el Frente Amplio recibimos con entusiasmo este anuncio y saludamos la decisión de nuestra candidata presidencial de incorporarlo a sus propuestas programáticas. Se trata de una decisión valiente, pues enfrenta directamente a los grupos económicos que se han enriquecido a costa de los derechos de la mayoría, a la vez que ofrece una solución inmediata a cientos de miles de familias agobiadas por el endeudamiento para acceder a la educación. Además, valoramos la presentación de la propuesta junto al movimiento “Deuda Educativa”, organización de deudores y deudoras educacionales, que durante los últimos años ha luchado por la condonación de las deudas por estudiar y que ha puesto en el centro del debate educacional la problemática de los deudores. Con ello Beatriz Sánchez da una potente señal sobre la importancia y protagonismo que las organizaciones sociales deben tener en la política de nuestra coalición.

Al interior del Frente Amplio existe una discusión abierta sobre si la participación ciudadana debe canalizarse a través de una alianza con las organizaciones y movimientos sociales, o si ésta debe tomar la forma de consultas o plebiscitos donde cada individuo se pronuncia frente a opciones preestablecidas, como ocurrió en el reciente plebiscito programático del Frente Amplio. En contraste con esa restringida concepción de participación, estamos convencidos que hacer propias las demandas y propuestas de los movimientos sociales, tal como ocurrió en materia de condonación de la deuda educacional y en la decisión de acoger la propuesta de la Coordinadora No + AFP como parte de nuestro programa, contribuyen de manera sustantiva a la construcción de una fuerza política que proyecte a la política los intereses sociales excluidos por la Derecha y la Concertación.

El Frente Amplio sólo tiene sentido si consolida su opción por ponerse al servicio de las demandas de los movimientos que durante los últimos años han liderado las luchas por derechos sociales que han ampliado los límites de lo políticamente posible y abierto la puerta para la constitución una nueva fuerza política que encarne esas aspiraciones. De lo contrario, el carácter social de la política seguirá siendo restringido y excluyente.

Como futuros diputados y diputadas del Frente Amplio nos comprometemos a defender esta propuesta en el Congreso y nos ponemos a disposición de los movimientos sociales para contribuir en la lucha por recuperar nuestros derechos sociales y democratizar el país.

No más endeudados por estudiar. Educación pública, gratuita y de calidad.

Francisco Figueroa, Coordinador de Izquierda Autónoma y candidato a diputado por el Distrito 10.

Camila Rojas, candidata a diputada por el Distrito 7.

Rodrigo Oliva, candidato a diputado por el Distrito 2.

Cari Alvarez, candidata a diputada por el Distrito 24.

 

Ante el plebiscito programático del Frente Amplio: Nuestro compromiso es con el movimiento social

Ante el plebiscito programático del Frente Amplio: Nuestro compromiso es con el movimiento social

A contar de mañana se vota parte del programa del Frente Amplio a través de un plebiscito. Como Izquierda Autónoma participaremos, pero consideramos necesario plantear que vemos en el resultado final de este ejercicio un retroceso en el esfuerzo de hacer del FA una herramienta para transformar Chile.

El Frente Amplio es una coalición heterogénea en su ideología y origen, pero unida en lo programático. Más allá de las diferencias que una organización joven debe tener, el programa de derechos sociales, levantado por movimientos populares en su lucha contra la mercantilización de la vida, la reivindicación de derechos civiles, algunos conculcados las últimas décadas y otros que Chile nunca ha conocido, junto a la abolición de los enclaves autoritarios que impiden una democracia plena, todo lo cual debe reflejarse en una Nueva Constitución, han sido desde un inicio el programa y la unidad del Frente Amplio.

Como parte de su proceso de construcción, se decidió fortalecer esta unidad mediante encuentros programáticos territoriales, conformación de grupos por áreas y articulación con organizaciones y movimientos sociales. Este trabajo no fue gratuito, pues implicó enfrentar una primaria y dos meses adicionales con nuestra candidata presidencial sin programa definido. Pero tampoco fue en vano, pues ayudó a fortalecer la unidad programática de militantes, independientes y movimientos sociales que forman parte del FA. Educación, salud y pensiones como necesidades colectivas, derechos sociales y reproductivos garantizados por el Estado, una negociación colectiva y huelga efectiva para redistribuir la riqueza, son parte de un extenso programa de transformaciones que no podemos reproducir por entero aquí.

El plebiscito programático al que se nos convoca esta semana, sin embargo, no es un paso adelante en este camino. Predominó en su diseño final una visión que en lugar de promover el valor del diálogo y los consensos construidos los últimos meses, los descartó despojando el componente político de ese proceso. El resultado es un plebiscito que no representa diferencias realmente existentes en el Frente Amplio, levanta disensos artificiosos y aliena su articulación con el movimiento social. Se incorporan además tecnicismos incomprensibles fuera de ciertos círculos expertos, fallándole así al llamado de nuestra candidata presidencial a que el Frente Amplio se abra y haga sentido a la mayoría de los/as chilenos. Esto convive, finalmente, con que el grueso del programa no está sujeto a votación por ser parte de consensos previos, es decir, se convoca a algo con la ilusión de que todo se decidirá ahí cuando no es efectivo.

Sin duda este proceso concluye de una forma distinta a la que se pensó. Para sacar lecciones de lo ocurrido es preciso entender que el problema de fondo es político,  no organizativo, y alude a una concepción individualista y tecnocrática de la construcción política, que concibe la participación como un acto reducido a la elección individual de posiciones preconcebidas, antes que como un ejercicio colectivo fundado en la deliberación y la construcción de acuerdos. Pese a gozar de aceptación mediática en tiempos de neoliberalismo y desprestigio de la política, esta visión está reñida con el fortalecimiento de la asociatividad y la apropiación popular de la política. No es una visión mayoritaria en el Frente Amplio, pero se impuso por la incapacidad de resolver políticamente las diferencias entre quienes creemos en un proceso de construcción a largo plazo. Sus impulsores, principalmente ubicados en un sector de Revolución Democrática, le deben al FA y a sus adherentes una autocrítica.

Como Izquierda Autónoma mantuvimos una posición disidente a la hora de definir cómo elaborar el programa del Frente Amplio. Desde un comienzo sostuvimos la necesidad de priorizar el trabajo con los movimientos sociales, cuyas demandas son fruto de años de organización, movilización y apropiación colectiva de los desafíos que el Chile actual presenta para las fuerzas de cambio. Sin embargo, trabajamos y lo seguiremos haciendo con respeto a las decisiones colectivas del Frente Amplio. Aún nos sentimos parte de este proceso y valoramos especialmente el trabajo realizado por Beatriz Sánchez, quien relevó el trabajo programático de diversos movimientos y organizaciones, mediante gestos sencillos pero valiosos, abriendo las puertas para que organizaciones como la nuestra iniciemos el trabajo a largo plazo de construir unidad entre movimiento político y social.

A pesar de los desvíos, votaremos en este plebiscito por los puntos que reúnen las propuestas que los movimientos sociales que luchan contra la mercantilización de nuestras vidas han propuesto para construir un sistema garante de derechos sociales universales, un nuevo pacto laboral y la democratización profunda del Estado. Nuestro principal compromiso, sin embargo, es poner nuestra fuerza y futuros representantes en el Congreso a disposición del nuevo movimiento popular chileno, sus organizaciones y demandas. Sólo así el Frente Amplio será una efectiva herramienta de la organización social y autonomía política de las mayorías.

Movimiento Estudiantil y la conquista de la educación como un derecho: ¿dónde estamos ahora?

Este año ha sido particularmente difícil para el debate en educación. Tras erigirse como el problema central que movilizaba a la sociedad chilena en la última década, partimos en 2014 con un gobierno que prometió hacerse cargo de las principales demandas. Hoy, sin embargo, el balance es más bien desalentador: algunas reformas han cursado, pero sin alterar el modelo de mercado establecido por la misma Concertación, a la vez que ocultan lo estéril de sus transformaciones detrás de una retórica progresista. A este problema de fondo, hay que sumar otra dificultad de contexto. Las elecciones presidenciales han desviado el foco de la discusión política, lo que sin duda mermó en la capacidad de los actores sociales de protagonizar el debate público. En esa línea, los siguientes párrafos apuntan a cerrar un balance en educación sobre estos últimos cuatro años de la administración Bachelet y el rol del movimiento estudiantil en ello, a la vez que se proponen algunas reflexiones para re-politizar una de las demandas sociales más sentidas de los últimos años.

La Ley de Carrera Docente fue de las primeras iniciativas educacionales del Gobierno de la Nueva Mayoría, la cual prometió ser un proyecto para representar y dignificar el rol de las y los profesores en nuestro país. Terminó, sin embargo, estableciendo criterios excesivos para fiscalizar al profesorado en miras de mejorar la calidad de su trabajo, lo que produjoun aumento de la presión y agobio laboral en los docentes. A tal punto, que el año 2015 el
Colegio de Profesores plebiscitó su postura sobre dicha Ley, obteniendo un 97% de rechazo por los profesores de Chile. En otra parte está la Ley del nuevo Sistema Nacional de Educación Pública, que establece el avance progresivo para la desmunicipalización de los colegios. Al igual que la anterior, el proyecto ha dejado profundos vacíos en el sistema escolar, lo cual trasladó el nudo central del conflicto hacia una pelea corporativa entre
alcaldes, docentes y secundarios.

Finalmente se encuentra la Ley de Educación Superior, dividida en dos proyectos, que prometía cambiar desde los cimientos el sistema de educación terciaria de nuestro país. Nada más alejado de la realidad, cuando lo que ha sucedido es simplemente la implementación de tímidas modificaciones: la gratuidad subsidia aranceles fomentando la expansión de la matrícula privada; se mantiene la lógica crediticia como mecanismo de pago y no se limita el crecimiento del mercado; no se fortalece la educación pública ni se resuelven los problemas de las universidades estatales; entre otros. Los resultados están a la vista. En el marco de un Gobierno que enarboló la bandera de la educación pública como principal eje de sus proyectos de ley, entre 2016 y 2017 la U. del Mar, la U. Arcis y la U. Iberoamericana fueron cerradas, declaradas en quiebra o se encuentran actualmente en crisis financiera, lo que dejó como principales afectados a los estudiantes y trabajadores. La Educación Pública, debido a su debilidad, tampoco ha sido capaz de atender este problema.

De esta manera, las reformas “de macetero” de la Nueva Mayoría, si bien han sido ampliamente criticadas, al menos lograron el objetivo de confundir a los actores del mundo de la educación. Durante la administración de Piñera, resultaba más evidente la contraposición de proyectos educativos entre la sociedad movilizada y el Gobierno, dado el distanciamiento insalvable entre los sectores políticos que conducían la movilización versus la derecha. Pero este nuevo Gobierno hizo retroceder ideológicamente al movimiento estudiantil, por cooptación de sectores políticos que se fortalecieron al alero de las luchas sociales del 2011, o bien por omisión y falta de postura de los estudiantes agrupados en las distintas orgánicas estudiantiles. De esta manera, cuando Piñera en 2011 comprometió el GANE, los estudiantes reaccionaron tajantemente en contra de una propuesta que no se hizo cargo de una transformación radical en el sistema. Hoy, cinco años después, las promesas no cumplidas de Bachelet no logran unificar al movimiento estudiantil en la vereda opuesta a lo planteado por el gobierno, a pesar del fracaso de los principales proyectos de ley. En suma, la lucha por la recuperación de los derechos sociales ha sido reemplazada por una lógica en extremo pragmática y, a ratos, entreguista por parte del mundo social.

De ahí que la discusión en torno a la Ley de Fortalecimiento a las Universidades Estatales no sea la excepción. En primer término, ese proyecto está separado de aquel que establece la gratuidad, y omitiendo la expansión de la matrícula privada sin contrapesos ni regulaciones. De esta manera, la iniciativa se presenta como una reforma que sólo cubre a un estrecho 16% de los estudiantes matriculados en las instituciones estatales, con el afán
de modernizar los planteles para que compitan en mejores condiciones en el sistema, en una lógica similar a la que tienen las instituciones privadas. En esa línea, las comunidades educativas identificaron tres nudos críticos del proyecto: gobernanza, financiamiento y condiciones laborales. Tímidamente ha aparecido la expansión de la matrícula pública, cuando sabemos que, en el contexto actual de la educación superior en Chile, es precisamente esta demanda la que mejor podría representar los intereses de un nuevo modelo educativo. En tal sentido, se puede decir que las definiciones propiamente políticas del movimiento estudiantil deben ser prioridad para un próximo año de movilizaciones, debido a que este año ha demostrado que la falta de prioridad en las demandas es también falta de claridad sobre hacia dónde avanzar.

Si tomamos un poco de distancia de la “pequeña política” de la Nueva Mayoría, advertiremos que no hay triunfos en torno a la recuperación de la educación pública. Al contrario, el mercado ha crecido de forma más acelerada en el último tiempo. Por dar algunos ejemplos, sólo en 2016 la Universidad Católica Silva Henríquez y la Universidad Autónoma crecieron al 30% y 27% su matrícula respectivamente, mientras que los planteles estatales encuentran severas limitaciones para alcanzar un 2,6%. El grupo Laureate contaba en 2016 con 177 mil estudiantes matriculados en sus instituciones, mientras que las 16 universidades estatales juntas alcanzan sólo 170 mil. La matrícula del grupo Inacap, de 2005 a 2016, aumentó en 214,9%, lo que les permitió una entrada d $382.564 millones de pesos por parte del fisco a través del CAE. En lo medular, las reformas del Gobierno no muestran una genuina intención por avanzar en la dirección demandada por la sociedad en los últimos años. Mientras tanto, son los grandes grupos económicos, controladores de la oferta privada en la educación superior, quienes se mantienen “intocables”. De ahí la urgencia de que el movimiento estudiantil en particular, y el movimiento social por la educación en general, vuelvan a poner en el centro de sus demandas la construcción, recuperación y expansión de la educación pública. Porque hoy expandir la matrícula pública es exigir un mínimo de dignidad y democracia. Es una convicción política mínima para construir una sociedad a la altura del siglo XXI: no seremos esclavos de un sistema altamente privatizado que nos negó toda libertad, queremos ser ciudadanos con derechos y capacidad de autodeterminación. Eso es lo que realmente se juega en nuestra lucha por la conquista y construcción de un sistema hegemónicamente público.

Sostenemos que esta demanda permite reabrir un debate hoy dormido. Las recientes movilizaciones de profesores y secundarios han dado un primer atisbo de este despertar, ya que volvieron a movilizarse por la defensa del sistema público en su totalidad. El movimiento estudiantil debe saber, además, convocar a sectores excluidos de su orgánica, y que son los que más padecen los embates del sistema de mercado en las universidades privadas. Por esto es urgente articular una demanda por educación pública que ensanche las bases sociales desde donde organizar y proyectar el conflicto. De nuestra articulación depende que, en el mediano plazo, una red de instituciones públicas, gobernada por sus comunidades educativas, sea capaz de asegurarle a cada niño y cada joven su educación pública, gratuita y de calidad.

Daniela Ramos
Angel Martin
Carolina Figueroa
Ismael Rubilar

Dirección Nacional Estudiantil de Izquierda Autónoma

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

La votación del Frente Amplio en las primarias presidenciales estuvo dentro de lo que las fuerzas que lo componen esperábamos. No es una votación menor para una alianza con apenas 6 meses de existencia. El balance es más crítico, sin embargo, en comparación con la votación de la derecha y en relación a las grandilocuentes expectativas provenientes de nuestras propias filas. No permite, en todo caso, sacar juicios concluyentes de cara a las generales de noviembre. Pero sí hacer evaluaciones de medio camino para corregir el rumbo.

La derecha demostró una notable capacidad de movilizar a su electorado duro. Y lo hizo bajo el predominio no de una renovación sino de una afirmación de su versión más regresiva. El prometido asomo de una derecha “liberal” volvió a esfumarse y el sector demostró capacidad de procesar el descontento en una clave conservadora, de aversión al cambio. En un contexto de baja participación, el avance de esta fórmula puede aumentar la eficacia de las viejas máquinas partidarias y el distanciamiento mayoritario de la política.

El Frente Amplio irrumpe por primera vez en la arena electoral y queda mejor parado que ayer en miras de la batalla parlamentaria. El problema es que la grandilocuencia contribuyó a sembrar expectativas mucho más altas, expectativas que por supuesto no se cumplieron y que hoy nuestros adversarios usan contra nosotros. Me refiero a las afirmaciones sobre que apostábamos a ganarle a Piñera en esta primaria y que poco menos que ya habíamos echado abajo al duopolio. Ayer quedó claro lo que todos sabemos: que el FA es un proyecto en formación y que recién debuta en política.

La situación, guardando las proporciones, me recuerda a la bofetada que recibió de vuelta Podemos en 2016 tras prometer un “sorpasso” al PSOE que nunca llegó. Hiperventilados por las encuestas y la compulsión por mostrar credenciales de gobernabilidad, el sector que más confianza depositó en el poder “constituyente” de la “guerra electoral” acabó imponiéndole a Podemos los criterios de evaluación que sus adversarios habían cocinado. De este modo, lo que en realidad fue un triunfo (71 escaños parlamentarios, peor votación histórica del PSOE, quiebre del bipartidismo, cohesionamiento de fuerzas de cambio) quedó como una derrota. Esto sobredeterminó muchas cosas en adelante.

Nosotros no hemos ganado nada aún, que no quepa duda. Pero acudo a este ejemplo porque a nosotros también nos acecha el problema de cifrar todos nuestros movimientos en función del corto plazo. Ya por la vía de sacrificar la identidad y programa propio para ampliar la base electoral, confundiendo amplitud con ambigüedad, problema que predominó en la candidatura de Beatriz Sánchez (ver última declaración que sacamos como IA para conocer nuestra posición más en extenso). Ya por la de adoptar una línea de “todo vale” para posicionarse en la disputa interna y un foco en una versión estática de la izquierda, problema que prevaleció en la precandidatura de Alberto Mayol.

Por anga o por manga, en la antesala de la primaria presidencial predominó lo electoral como fin en sí mismo y no como medio, como una dimensión total y no parcial de nuestro proceso de constitución y acumulación política.

Para corregir el rumbo no basta con introducir “matices” en el discurso. Hablando, por ejemplo, más seguido de fortalecer los movimientos sociales o haciendo autocríticas moralistas de cuando en vez. Tampoco se trata de hacer ajustes a la estrategia electoral. Esta no es una discusión a sostener entre estrategas electorales y asesores de contenido. Es un debate que debemos protagonizar las fuerzas políticas y sociales que componemos el Frente Amplio, dándolo franca, directa y abiertamente.

Estos meses, además, ha quedado claro que apelar a una vacía “transversalidad” no significa un mejor desempeño electoral. Se intentó y no rindió lo prometido. En cambio, como aspiramos a construir un proyecto de transformación social, nuestra votación debe expresar la formación de un nuevo sentido común, que sea base socio-cultural de una alternativa al propio régimen de la transición y no sólo a sus excesos más abyectos. Por eso es tan importante tomar e impulsar definiciones nítidas de cambio en la concepción de Estado y modelo de desarrollo vigentes, para encarar con claridad y mirada global la demanda social por redistribución del poder y la riqueza.

Si renunciamos a hacer esto en aras de “ir a buscar votos al centro” o la tentación tecnocrática de proponer mejores políticas pública aisladas, sin proyecto distinto de sociedad y Estado, el 20 de noviembre tendremos las manos vacías. Incluso si aumentamos nuestra presencia parlamentaria, serían sólo más voces de denuncia y fiscalización mediática. El avance del Frente Amplio debe ser el avance de una fuerza social y cultural que rompa las bases del consenso neoliberal de la transición.

Para lograrlo, la grandilocuencia no sólo es insuficiente, se ha demostrado contraproducente. En adelante, en el Frente Amplio el diálogo y la soberanía de las organizaciones, movimientos y partidos, debe prevalecer sobre las ocurrencias de nuestras vocerías más visibles y mediáticas. Sólo así podremos autodeterminarnos y trabajar sobre nuestras propias definiciones y no las que nos impone el ambiente. Ahora que tenemos una candidatura presidencial única, en ésta se debe dar cabida a la pluralidad de esfuerzos que han hecho posible el FA y a quienes miran desde fuera con dudas.

Hay que asumir también que la modalidad de construcción del programa debe ser repensada. Habiéndolo planteado desde un comienzo, hoy lo mantenemos: el programa del Frente Amplio debe ser construido con las fuerzas sociales organizadas en la lucha por expansión de derechos, recogiendo sus demandas y dotándolas de proyecto, no a partir de la suma de pareceres individuales. Además de obedecer a un paradigma que mantiene desarmadas a las mayorías, este modelo ha dejado a nuestras candidaturas careciendo demasiado tiempo de contenido y alianzas sociales relevantes.

Finalmente, el Frente Amplio debe perder el miedo a confrontar a la Concertación. Y, de haber diferencias, discutirlas abiertamente, no disfrazándolas de matices de estrategia electoral. Hacerlo es fundamental porque la construcción de una nueva izquierda, amplia y anclada en el Chile actual y el que viene, supone desarmar la domesticación impuesta sobre los sectores democráticos por el progresismo neoliberal. Lo que hagamos en la segunda vuelta será definido por lo que hagamos desde hoy hasta la primera. Es ingenuo desestimar la influencia que la Concertación ejerce sobre algunos sectores del FA. Por eso, debemos poner nuestros términos y actuar con unidad. En buena medida, allí se juega el constituirnos como una fuerza política y no sólo electoral.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero en la desazón sólo pueden caer quienes primero se pasaron películas. Para quienes trabajan con los pies en la tierra y la mirada puesta en las grandes transformaciones, la esperanza está intacta. Ahora, a trabajar en dotarnos de más y mejor unidad política, en perfilar mejor nuestra candidatura presidencial y en conquistar una bancada parlamentaria comprometida con dejar atrás el Chile del pacto derecha-Concertación. ¡Allá vamos!

Identificar los errores para corregir el rumbo

Identificar los errores para corregir el rumbo

No ha habido gobierno más democrático que el de Salvador Allende en la historia de Chile. La Unidad Popular representó el momento más avanzado de la lucha de las y los trabajadores en el siglo XX por conducir con autonomía las riendas de su propia historia. Encarnó, además, una utopía de alcance universal: la de realizar el impulso democrático original del socialismo.

Esta mañana nuestra candidata presidencial Beatriz Sánchez, emitió un juicio que estimamos equivocado y sumamente grave sobre el carácter del gobierno de la UP. Rápidamente reconoció las declaraciones como un error y pidió disculpas. Valoramos su rectificación. Es preciso reconocer, sin embargo, que sus declaraciones exceden la responsabilidad individual y dan cuenta de una forma de entender nuestra campaña presidencial en la que ha predominado la renuncia a perfilar una izquierda para el siglo XXI.

El factor de unidad de quienes trabajamos en esta candidatura ha sido luchar por revertir la indiferencia ciudadana hacia la política como condición para construir una izquierda amplia. En la práctica, sin embargo, con escasa deliberación colectiva, ha predominado la estrategia de ampliar la base electoral de apoyo por la vía de apelar a un ciudadano abstracto, carente de pasiones, rebeldía e historia, propio de la visión que la Transición nos intenta imponer. Esto ha significado que en demasiadas ocasiones la amplitud se ha confundido con la indefinición.

Estas indefiniciones han posibilitado el surgimiento de una contraproducente polaridad al interior del Frente Amplio, como si las únicas opciones posibles fueran una ambigua propuesta de recambio generacional o un izquierdismo identitario sin vocación de mayorías. El desafío de las fuerzas de cambio de reimaginar una identidad y una práctica de izquierda sustentados en las condiciones de la sociedad construida por la dictadura y la Concertación, ha quedado una vez más relegado.

Públicamente y en los espacios de trabajo de esta candidatura, hemos planteado la necesidad de emprender un camino distinto. Uno de mayor arraigo en las luchas sociales recientes de las que provenimos las fuerzas que componemos el Frente Amplio y compromiso nítido con un proyecto de transformación social, que requiere ser conscientes de la historia. Hoy, queremos insistir en la necesidad de corregir el rumbo y de hacernos cargo colectivamente de las insuficiencias de este proceso.

En tal sentido, se torna urgente reconocer que, más allá de las discusiones electorales, la posición política que la indefinición esconde ha sido el temor a confrontar a la Concertación. Proponer una transformación de la concepción vigente de Estado y del modelo de desarrollo, efectivamente supone disentir con las promesas concertacionistas y las reformas emprendidas por el gobierno de turno. Llamamos a no tener miedo de disentir con la vía concertacionista al neoliberalismo, pues de ello depende construir el consenso necesario para superar el injusto orden social vigente.

Nos consta que la disposición de Beatriz Sánchez ha sido la de fortalecer el Frente Amplio y su proyección. Esta actitud es fundamental para la maduración de este proyecto, y por ello iremos a votar B4 mañana. Pero esto no es suficiente, y mantener esta inercia puede ser fatal. En la etapa que se abre a partir del día lunes, con una candidatura presidencial única de nuestra coalición, necesitaremos un profundo cambio de rumbo de la campaña, ampliando la participación de las organizaciones políticas y sociales que la sustentan y confrontando sin ambigüedades a los guardianes del orden neoliberal. En definitiva, una campaña orientada a la construcción del proyecto político y social que dará vida a un nuevo Chile.

Tomemos el orgullo en nuestras manos para reivindicar derechos igualitarios

Tomemos el orgullo en nuestras manos para reivindicar derechos igualitarios

Declaración del Frente Feminista de Izquierda Autónoma

Cada 28 de junio se celebra el día internacional del orgullo donde se conmemora los disturbios ocurridos en Stonewall en el año 1969, dando un puntapié inicial a los movimientos de liberación  de la comunidad LGTBIQ+ en el mundo entero. Nuestro país no es la excepción y cada año se festeja este día con una manifestación que reivindica la demanda histórica de igualdad de derechos para todas y todos. Este sábado se desarrollará la marcha a la que anualmente invitan distintas organizaciones.

Celebramos el orgullo porque estamos convencidas y seguras de ser quienes somos, no nos avergonzamos de nuestra sexualidad y de lo queremos hacer con ella. Anhelamos ser libres y felices en un mundo que históricamente nos ha excluido y violentado, en distintos ámbitos de la vida. Tal como recitó Lemebel en un acto a la izquierda chilena en los años ochenta: “No nos avergoncemos y tomemos el orgullo en nuestras manos para reivindicar derechos igualitarios para todos”.

El orgullo es festejo y reivindicación, ya que no se conmemora una libertad individual, sino que una plenamente colectiva. El orgullo también es luchar por aquellos a los que no se les permite vivir su sexualidad plenamente. La pelea que damos es por nosotros mismos, pero también por todos esos niños y niñas que pueden nacer con una alita rota y nosotros queremos que vuelen.

El orgullo se expresa en las luchas que hemos levantado para hacernos cargos de la realidad que nos tocó vivir, nos han condenado a ser ciudadanas de segunda clase, a habitar los márgenes de la sociedad, han negado nuestros derechos y frente a ello hemos dicho: Ley antidiscriminación, que no solo nos proteja contra la violencia más cruda, sino también que se haga cargo de nuestros derechos laborales; derechos filiativos y matrimonio igualitario; identidad de género. Y es que las demandas del mundo LGBTIQ+ deben entenderse en la lucha por nuestros derechos sociales, arrebatados hoy por el mercado y el conservadurismo; los derechos sociales aseguran el desarrollo de cada una y uno en libertad e igualdad al interior de la vida social, nuestro aporte es la profundización de la democracia radical que debe regir nuestras vidas y por ello somos una actoría necesaria en el escenario político y social actual, pues el derecho a la educación no será tal mientras siga siendo sexista, el trabajo y la salud seguirán siendo excluyentes mientras no reconozcan las identidades trans, la sociedad seguirán siendo injusta y desigual mientras se siga homogeneizando nuestra diferencia. Nuestra lucha es por ampliar la estrecha democracia en que vivimos, es la conquista de la soberanía sobre nuestras vidas.

Como Frente Feminista de Izquierda Autónoma consideramos importante  la construcción de un movimiento social por la diversidad sexual que  abogue por nuestras demandas desde la sociedad y no exclusivamente desde el congreso. La política de la transición, excluyente y neoliberal, ha demostrado procesar nuestras demandas de manera parcial, llegando a acuerdos con la derecha y las iglesias, pero también como eslóganes para sus campañas políticas. Al contrario, nosotros apostamos por desinstitucionalizar las batallas de gays, lesbianas, bisexuales, transexuales y otras porque la mayor fuerza que podemos conseguir se encuentra en la movilización social. Es por esto que consideramos que las batallas lideradas por organizaciones como el Movilh o Iguales se encuentran estancadas en la vieja forma de hacer política y no en una que fortalezca el rol de los actores sociales en las transformaciones.

Para que el movimiento por la Diversidad Sexual se fortalezca y logre conquistar nuestros derechos, es necesario movilizar a los distintos actores que lo constituyen de forma colectiva y unificada, evitando cargos mesiánicos y patriarcales, luchando incansablemente por nuestras demandas, siendo representante de las distintas gamas de sujetos que son parte (gays, lesbianas, bisexuales, trans y otras identidades sexuales) y convocando a una alianza social a distintos movimientos y personas que deseen pelear por la igualdad de derechos en un país que prefiere omitirse y que no hablemos por nuestra diferencia. Ante eso nos rebelamos.

¡A la pelea por una sociedad igualitaria, invitamos a todas y todos a marchar con orgullo por la conquista de nuestros Derechos!

Frente Feminista de Izquierda Autónoma