Carta abierta a Carolina Goic (presidenta DC) ante violencia sexista de Diputado Ricardo Rincón

Carta abierta a Carolina Goic (presidenta DC) ante violencia sexista de Diputado Ricardo Rincón

Carolina Goic, precandidata presidencial y presidenta del Partido Demócrata Cristiano, presente.
En un contexto social de profundo cuestionamiento a la violencia sexista en todas sus formas, de avances en la sensibilización de la ciudadanía frente a los feminicidios diarios que ocurren en el país, y en la toma de conciencia de que las mujeres en Chile nos encontramos en constante riesgo por el hecho de ser mujeres, sin poder caminar en las calles libres de miedo o temor, y con hogares que pueden terminar siendo espacios de desigualdad, explotación y violencia por relaciones de poder, producto de quienes se sienten dueños de la vida y de la muerte de otras personas, repudiamos como Izquierda Autónoma la decisión de la Democracia Cristiana de no expulsar al diputado Ricardo Rincón por caso de violencia intrafamiliar.

En palabras propias del diputado, el caso fue sobreseído de la investigación penal en 2006, avalando la violencia no solamente institucional, sino que también de relación de poder al invisibilizar a su expareja. 

Una vez más, la política de la transición ha demostrado que ya no tiene deudas con las mujeres porque que ha terminado legitimando la desigualdad de género y sacrificando nuestros derechos. Sus estrechos intereses se expresan en esta decisión que perpetúa la violencia sexista con el silencio cómplice de la Nueva Mayoría. Su necesaria expulsión del partido hubiese sido una señal política clara por dejar de sacrificar a las mujeres.Por ello, reafirmando nuestra convicción y compromiso irrestricto con la lucha feminista, solicitamos a la actual candidata a la Presidencia Carolina Goic ponerse del lado de los derechos de las mujeres y que se expulse de sus filas al actual diputado, como a la vez exigimos la renuncia de Ricardo Rincón al parlamento por lo violento que es para Chile que siga ejerciendo como legislador.

La violencia hacia las mujeres no solo ocurre dentro de las familias, también en la justicia chilena, también en los partidos políticos de la transición, también en muchos espacios de nuestra sociedad. Solo podremos avanzar en la medida en que conquistemos derechos para las mujeres que hoy no se expresan en la Concertación o Nueva Mayoría.Las fuerzas emergentes debemos ser profundamente críticas de estos procesos y procedimientos para superar a la transición y asumir la tarea de construir el nuevo Chile que la sociedad demanda. Tal como lo han hecho históricamente las organizaciones de mujeres y feministas, seguiremos condenando la violencia y el silencio cómplice que nos ha privado de vidas, justicia y derechos.

Frente Feminista de Izquierda Autónoma
Carta abierta a las fuerzas de cambio

Carta abierta a las fuerzas de cambio

La sociedad chilena se encuentra ante una oportunidad histórica que puede permitirnos dar fin a 40 años de neoliberalismo avanzando hacia la construcción del país que queremos. Esta situación no es azarosa, es el fruto del ascenso de múltiples luchas sociales de todo tipo, en pro de derechos y seguridad social, descentralización, medio ambiente, feminismo, y un largo etcétera compuesto de reivindicaciones quizás imposibles de enumerar en su totalidad. Así de grande ha sido esta fuerza, ella es el artífice de este nuevo escenario y por tanto ella debe ser la protagonista.

Este año 2017, como cada año electoral, los administradores del duopolio pretenderán controlar los anhelos del pueblo chileno y harán acrobacias en sus carpas circenses con el objetivo de desmovilizar y legitimar una institucionalidad excluyente y corrupta.

Como organizaciones políticas y sociales hemos decidido disputar este proceso electoral precisamente para mantener en el debate nacional las demandas que los actores sociales han levantado. Por eso creemos imprescindible elaborar y defender un programa que exprese el conjunto de lo elaborado en los movimientos sociales que durante años llevan discutiendo democráticamente sus demandas, pensando en el Chile justo que deseamos construir. Rescatando el valor de la política, creemos que los partidos no deben suplantar a los movimientos sociales, sino que más bien colaborar en su proyección, inventando nuevas maneras de utilizar las instituciones actuales.

Para realizar estos objetivos, junto a otras organizaciones políticas y sociales, hemos decido integrar el Frente Amplio (FA) Esta plataforma une a decenas de organizaciones nacidas al alero de movimientos sociales y de nuevas organizaciones políticas hasta la fecha excluidas por la política binominal. Como toda alianza amplia, el FA es un espacio heterogéneo, integrado por fuerzas que poseen diferencias en múltiples áreas, pero que pese a ello están unidas en su rechazo al régimen neoliberal y en su voluntad de romper con la camisa de fuerza impuesta por el duopolio y la constitución de Pinochet.

Por, eso, estamos convencidos que hoy por hoy el Frente Amplio es el único espacio válido y viable que puede permitir al pueblo enfrentar la política neoliberal hoy dominante. Al interior del  FA hemos defendido los principios que aquí se señalan: plena independencia de los partidos y fuerzas sociales que hacen parte del duopolio político, la construcción desde la base de una nueva alternativa política, la toma de decisiones genuinamente democráticas, la articulación de lo político y lo social sin subordinación de lo social a lo político, la construcción democrática de una plataforma de cambios que refleje los anhelos del pueblo y sirva por ende como instrumento de proyección de las luchas sociales. Nuestro llamado es a que más organizaciones se sumen a disputar internamente el carácter del FA y entre todos mantener esta plataforma de unidad como alternativa política autónoma al duopolio y al servicio de las reivindicaciones levantadas en la lucha social.

Existen condiciones para dar esta disputa y que este año no sea uno perdido para las fuerzas transformadoras. Siempre arriesgamos mucho y esta vez no será la excepción, pero el avance popular se ha fraguado con valentía, superando la apatía individualista imperante, convocando a la sociedad chilena a esfuerzos considerados por algunos como imposibles o ridículos, pero la experiencia ha demostrado lo contrario, lo “imposible” está en realidad a nuestro alcance. Nuestra invitación es a seguir demostrando que otro Chile es posible, y que lo estamos construyendo.

Partido Igualdad; Izquierda Autónoma; Partido Ecologista Verde; Movimiento Democrático Progresista; Partido Poder

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Columna de Rodrigo Oliva, dirigente de Izquierda Autónoma y precandidato a diputado por Tarapacá, en conjunto con el equipo de comunicaciones de Izquierda Autónoma Iquique.

Publicada originalmente en Edición Cero

El despertar del 2017 viene marcado por las tareas que las fuerzas transformadoras debemos asumir, tanto para intervenir en la forma que va tomando la lucha social en el país, como también en el vacío político que se presenta y caracteriza por la falta de conducción del pacto social de la transición sobre la sociedad. Entre el agotamiento de la vieja política concertacionista y la incapacidad de que emerja una sustantiva fuerza social cohesionada, se nos presenta un claroscuro que tendrá uno de dos resultados opuestos: provocar que todo se cambie para que no cambie nada o posibilitar las condiciones de constitución de un actor social capaz de incidir política y socialmente con nuevos intereses empujados a la política.

Si bien es cierto, que la ecología política local posee ciertos niveles de particularidad, la dinámica del escenario de la totalidad cobra sentido y se impone en su tablero general. Es así, que nuestras castas locales, burócratas partidarios y ciertos dirigentes cooptados, son parte de una cultura que impone una política determinada desde el ethos concertacionista donde se gestiona la política del malestar (de la deuda, del CAE, de las AFP, entre otras). Esa política, que condiciona la vida de todos y todas, terminan por dirimir a espaldas de la sociedad, puesto a ojos de esta es impresentable. En definitiva, es aquella dimensión la que se busca alterar cuando trabajamos para constituir una nueva alternativa política en Tarapacá, intervenir la totalidad desde nuestra particularidad.

Desde esa vereda, los esfuerzos emergentes con vocación de cambio comienzan a recoger los patrones de unidad del impulso que recorre Chile, mediante la convocatoria a la constitución de un Frente Amplio que tenga su expresión natural en Tarapacá, y que avance en dos objetivos: consolidar una alternativa política electoral que permita enfrentar al corrompido duopolio y su expresión local y, a la vez, comenzar a caracterizar una convergencia de identidades sociales y políticas para enfrentar el ciclo de luchas sociales pendientes.

El criterio básico para la constitución de este Frente Amplio es invitar a todos quienes quieran ingresar, mientras posean independencia total de los actores constitutivos del duopolio y de los dineros del empresariado. Esto requiere que el Frente Amplio condense su amplitud en la idea de transformarse en una herramienta útil para dotar con capacidad de disputa a la sociedad Tarapaqueña, e impulsar la recuperación de nuestros derechos sociales, sexuales y reproductivos como eje de articulación de una política de cambios, obligando a retroceder de los espacios de decisión a los representantes del mercado y el gran empresariado.

Es por ello que un Frente Amplio en Tarapacá se transforma en un punto de llegada de todo un conjunto de actores sociales que desde su heterogeneidad, vagan por el descampado y la despolitización inducida del modelo, dispersando una voluntad que está ahí, y que se sabe víctima de la irracional forma de convivir que impone el neoliberalismo en Chile. En ello nuestra responsabilidad radica en convencer de lo útil de proponerse una mirada común de lo que representa este escenario electoral para la materialización y conquista de reivindicaciones sociales, que apunten en hacer retroceder la mercantilización que promueven los actores políticos del duopolio como respuesta a las necesidades de la sociedad.

En ese sentido el Frente Amplio es un táctica para derrotar a nuestros adversarios. Pero también, configura un punto partida de una voluntad que mira la política como un campo al cual intervenir, de un largo y pujante proceso de (re)constitución del entramado social. Lo segundo, es una de las principales tareas que deberían asumir los proyectos políticos transformadores de la región.

El ciclo electoral es un aspecto coyuntural de la política, una raya en el agua respecto a las tareas y desafíos de la constitución de mayor unidad política del pueblo, pero no por eso, podemos dejar de atenderlo. La posibilidad de aunar criterios prácticos debe estar resuelta sobre la capacidad de llegar a acuerdos concretos en torno a un objetivo común, en donde se definan las principales labores de las fuerzas de cambio, buscando que apunten a acumular posiciones para transformar los cimientos del actual estado de las cosas.

En ese orden, creemos que la idea de una bancada parlamentaria que dispute la materialización de las demandas que han levantado desde el campo de los Derechos Sociales, sexuales y reproductivos como norte es un objetivo de unidad política concreta, un sentido y orden a la posibilidad de intervenir coherentemente el escenario electoral. No se trata de construir espacios donde ocurra una oscura negociación burocrática, sino de dotar de contenido al triunfo venidero de una nueva sociedad, que busque construir para sí instrumentos que le permitan disputar su felicidad mediante la conquista de sus derechos, siendo la voluntad unitaria del Frente Amplio mejorar sustantivamente la vida de los chilenos y chilenas. El frente debe ser amplio en los intereses que lo constituyen, solo así será útil.

En Tarapacá el momento político es crítico, pero a su vez presenta una interesante oportunidad para enfrentarlo. La región se encuentra empantanada por la conducción de las fuerzas del duopolio, ambas coaliciones son gobernadas por el ABC del dinero y el cohecho, atrincherados en cargos públicos, no logran resolver sus fratricidas disputas que extrapolan al conjunto de la sociedad, poniendo a las necesidades de la gente como carne de cañón de uno u otro bando. Han fracasado en la idea de situar un imaginario de región que sea compartido por sus habitantes; la colonización y cooptación del aparato del Estado por parte de grupos económicos y transnacionales, con su descarada forma de intervenir los asuntos públicos, subordinó el desarrollo de la región a sus utilidades en desmedro del buen vivir y del bien común, y construyó una política que empobrece paulatinamente a la población, entre trabajos precarios y altos costos de vida. Así, se sitúa a Tarapacá entre los peores indicadores nacionales respecto a bienestar.

La Nueva Mayoría y la Derecha, con su centralismo, le han hecho daño a la sociedad tarapaqueña. Desde ellos no vendrán las respuestas para salir de dicha condición, es más, sólo pueden responder con más de lo mismo, haciéndonos creer que algo cambia, para que en realidad no cambie nada. Ante eso, el Frente Amplio debe elaborar una política unitaria para enfrentar conflictos como el de la Ley de Pesca, la avanzada del modelo extractivista y sus proyectos energéticos, la precariedad de la educación y salud públicas, y la negación del derecho a la vivienda, todos conflictos que azotan fuertemente a la región.

En Tarapacá existen condiciones sobre las cuales considerar la posibilidad de un triunfo electoral y una conquista de posiciones para las fuerzas emergentes. Sin embargo, la izquierda local, las fuerzas de cambio y las expresiones de la ola constitutivas de partidos y movimientos emergentes que han ido aflorando la región, en sí mismos, no son suficientes para movilizar la energía y materia para un triunfo electoral. Debemos impulsar una situación que hoy no está dada, pero que podemos construir inteligentemente para obtener la victoria. La política revolucionaria se trata de eso, de derribar gigantes.

Tampoco el estado actual del desarrollo político nos pone en una posición de avanzada respecto a una cultura política que le dispute los cimientos culturales, morales y políticos al capitalismo y al patriarcado, debemos construir esas trincheras. Debemos estar consciente de aquello, porque así como podemos ganar, existe la posibilidad siempre cierta de perder y ser borrados del mapa o quedar vivos pero náufragos, existiendo por existir.

Es por ello que esto va más allá de juntar a todas las organizaciones pequeñas y precoces, ni de posicionar marcas y elaborar eslóganes pegadizos que sean utilizados por no más de cinco minutos. Se trata de dotar de densidad social y política al carácter del malestar que promueve la cultura política concertacionista en Tarapacá, para subirlo al impulso nacional de cambios necesarios para el País. Un Frente Amplio que recién se propone caminar, no debe tenerle miedo a la tecnología del movimiento social, debe someterse a su juicio en tanto su utilidad está dada por la capacidad de situarse como herramienta de este. Por las condiciones de Tarapacá, no puede juntarse, ni fundarse sin aquello.

¿Cómo enfrenta la región de Tarapacá la constitución de esta fuerza?, ¿Cual es el estado de sus luchas y sus organizaciones sociales?, ¿Cuál es el rol de los intelectuales que emergen con el nuevo campo de sujetos y sujetas que sostienen la idea de una transformación que perfile justicia social y que puedan mediar aquello con las condiciones propias y particulares del fenómeno regional sin caer en regionalismos básicos?, ¿Cómo lograr el protagonismo de los y las luchadores sociales y dirigentes sociales que cotidianamente enfrentan el peso de la cultura política clientelar de la concertación?

Las respuestas a estas interrogantes deben ser trabajadas desde la convergencia, no obstante, la dinámica de la situación obliga a pensar un 2017 con los mayores grados de unidad, realismo y responsabilidad posibles, porque hay posibilidades de una victoria, que por lo demás es necesaria. La idea de situar intereses colectivos por sobre los parciales y particulares, nos obliga a consagrar el principio de la unidad, para lograr obtener la capacidad de hacer retroceder al adversario político, quien promueve la política que nos priva nuestros derechos y precariza nuestra vida.

Es por ello que, el desafío del Frente Amplio, está en convocar a la comunidad Tarapaqueña a convencerse de que la única forma en la cual se curarán los males que ha dejado la política del malestar y desencanto, es volviendo a construir protagonismos colectivos, situar los intereses generales de la sociedad que puja por bienestar, convocando a su participación y empoderamiento. El tablero está tambaleando, de todos y todas depende darlo vuelta.

Refichaje en partidos políticos

Refichaje en partidos políticos

Carta de Javiera Toro, Militante de Izquierda Autónoma

Publicada originalmente en La Tercera

Señor director:

A raíz de los escándalos de corrupción recientes, se aprobaron el año pasado leyes que aseguran mayor financiamiento público a los partidos políticos. Como contrapartida, se les exigió únicamente demostrar la cantidad real de militantes que tenían a través del refichaje de sus miembros.

Varios partidos, especialmente el PPD, incapaces de reencantar a sus antiguos militantes, presionaron al Servel logrando modificar el sistema de reinscripción (que ya se podía hacer de manera electrónica) para realizarlo por email. Con ello esperan mantener sus privilegios para postular candidatos, formar pactos electorales y acceder a financiamiento público, mientras la formación de nuevos partidos sigue sujeta a la obligación de reunir firmas ante notario.

A diferencia de lo que han sostenido los defensores de esta decisión, fortalecer el sistema de partidos no pasa por asegurar las posiciones que tienen hoy los de la Derecha y la Concertación, sino que la responsabilidad con la democracia llama a permitir la participación política de las grandes mayorías. Si partidos como el PPD no logran cumplir ciertos requisitos mínimos, nada justifica que sigan ocupando el espacio político que se les ha reconocido hasta ahora.

Con las recientes decisiones del Servel, lejos de terminar con las barreras económicas y burocráticas que dificultan la irrupción de nuevas fuerzas políticas, las nuevas leyes terminan reforzando la exclusión, ahora con más financiamiento estatal para los partidos constituidos.

Parece irónico que los tibios avances de la agenda de probidad del gobierno terminen obstaculizados por la subordinación del Servicio Electoral a los partidos, siendo que la primera – y grandilocuente- medida de esta agenda fue dotar de autonomía constitucional al organismo.

Se confirma una vez más que la recuperación de la política para la ciudadanía solo podrá venir de la mano de fuerzas de cambio que sean autónomas de los partidos del duopolio.

El modelo forestal chileno está fuera de control

El modelo forestal chileno está fuera de control

Frente Socioambiental Izquierda Autónoma

 

Dos grupos económicos llevan cuatro décadas dirigiendo una transformación social y ambiental de magnitud histórica en el centro-sur de Chile. El interés que los mueve no es otro que el crecimiento de sus capitales. Las ganancias obtenidas han puesto a tres miembros de la familia Matte y un Angelini en el ranking Forbes de los más ricos del mundo. La otra cara de su éxito económico son las condiciones propicias para el desastre: pueblos y ciudades que permanecen como islas entre plantaciones forestales, rodeadas de suelos cargados con desechos madereros combustibles y sequía.

 

El rol del Estado durante este proceso de transformación territorial ha quedado reducido a la canalización de recursos públicos para subsidiar la expansión del negocio forestal. La época de los subsidios partió en dictadura con el Decreto Ley 701 y atravesó todos los gobiernos de la Concertación hasta su suspensión hace muy poco, a raíz del destape de la estafa del “cartel del confort”, liderado por los Matte. No es que desde la Concertación hubiera voluntad política de terminar con los subsidios, sino que su mantención tenía un tono de complicidad poco conveniente para su mermada legitimidad.

 

Los incendios de este verano ya cobraron sus primeras víctimas fatales, hicieron desaparecer un pueblo entero y tienen a miles de personas bajo amenaza. Parte de nuestro patrimonio natural hoy corre el riesgo de desaparecer completamente: el fuego acecha las dos últimas reservas de flora y fauna nativa de la costa de la Séptima Región. Pero las forestales degradan el ambiente y empobrecen pueblos completos incluso sin incendios de por medio. La industria forestal concebida como un nicho de acumulación privado, bajo un modelo extractivista y subdesarrollado, representa en sí misma una crisis social y ambiental.

 

La magnitud del desastre y la predicción de que las condiciones favorables para el fuego se incrementarán durante los próximos años nos enfrentan a la raíz del problema: la industria forestal está fuera de control, y el duopolio no puede hacer nada al respecto. Nuestra crisis es la crisis de una política colonizada por el gran empresariado y subordinada a sus intereses. Los incendios nos vienen a enrostrar que los intereses de la sociedad han sido excluidos de la política estatal.

 

En el Chile de la transición una transformación racional y democrática del territorio es imposible. El gran empresariado dirige el destino del país sin ningún contrapeso. El Estado reducido a un carácter subsidiario no es capaz de incorporar los intereses de la sociedad en la planificación territorial. Ni siquiera puede ofrecer herramientas institucionales para coordinar la solidaridad y el trabajo voluntario que emergen transversalmente ante cada desastre. Todos estos esfuerzos quedan atomizados en iniciativas locales, y la organización se diluye en un modelo que disocia  la sociedad de la política.

Estamos ante el desafío de darle una proyección colectiva a nuestra solidaridad. Solo con el despliegue de una política propia, con autonomía del gran empresariado y la Concertación, lograremos poner fin a nuestra impotencia democrática para hacerle frente definitivamente a la crisis. Recuperar la política para los intereses hasta ahora excluidos de las grandes mayorías implica superar el Estado subsidiario y su transformación en una herramienta capaz de garantizar derechos sociales, participación y nuestro propio bienestar social.

Frente Amplio: Entre la historia y la anécdota

Frente Amplio: Entre la historia y la anécdota

Publicada originalmente en El Desconcierto

Columna de Andrés Fielbuam, Coordinador Nacional de Izquierda Autónoma

Para quienes militamos o somos cercanos a las organizaciones que conformamos el naciente Frente Amplio, revisar el domingo las redes sociales mostraba un día que podía ser histórico. Miradas hacia el futuro, voluntad de transformación profunda y potentes discursos acompañados por la selfie de rigor daban cuenta de las esperanzas depositadas en este esfuerzo. La pregunta que debe acompañarnos es cómo se percibió este lanzamiento para el resto del país, para las mayorías excluidas de la política.

El Frente Amplio en formación tiene potenciales no vistos desde la vuelta de la democracia: dirigentes sociales y presencia en la institucionalidad política, demandas sentidas por la mayoría del país, unidad entre sus componentes y lenta decadencia de la política tradicional. Sin embargo, este potencial corre riesgo de diluirse si nuestra irrupción se naturaliza, asumimos las mecánicas del poder y no logramos romper el divorcio política-sociedad.

Para lograr abrir un nuevo ciclo histórico en Chile, que vaya dejando atrás al neoliberalismo, debemos ser brutalmente honestos con nosotros mismos. La realidad siempre es más porfiada que la mayor de las voluntades, y el camino es sumamente difícil. Sólo lograremos sortear los diversos obstáculos si somos capaces de reconocerlos, problematizarlos y discutirlos hasta agotar nuestras inteligencias. En esa línea, en lo que sigue intentaré visibilizar algunos de los desafíos críticos que presenta el Frente Amplio hoy, con el ánimo de contribuir a elaborar estrategias colectivas para su superación:

Superar la distancia con la sociedad

Este nudo es el más relevante. En ningún momento podemos dejar de ver la foto completa, pensando que nuestro entorno es representativo y olvidando que casi todo Chile ve hoy la política con profunda distancia y desconfianza, situación que nosotros hasta hoy no hemos logrado cambiar. Los niveles de abstención en las últimas elecciones son un claro botón, donde la participación de candidatos del FA no implicó la participación de nuevos electores, ni siquiera en el principal éxito electoral de Valparaíso. Si no somos capaces de salvar esta distancia, seremos simplemente el ala izquierda de una política en decadencia. No lograremos patear la mesa de la transición y, peor aún, podemos terminar ayudando a una nueva reoxigenación temporal.

Conquistar reformas transformadoras

Si hay algo que alimenta el punto anterior, es la sensación -hasta hoy entendible- de que estamos haciendo política para ser parte del circo habitual y no para transformar la realidad. Si a pesar de las masivas movilizaciones, la presencia en el Parlamento, la organización estudiantil, de profesores o de mujeres, la debilidad del gobierno, no fuimos capaces de defender posiciones en las principales reformas -educacional, aborto o carrera docente-, corremos el riesgo de volvernos inútiles y prescindibles. Debemos elaborar tácticas para lograr avances en los años que vienen, cuestión que se facilita con un buen resultado electoral, pero que no se asegura de manera mecánica, sino que requiere enfrentar al duopolio en los diversos planos, articulando las luchas políticas, sociales, culturales e intelectuales.

Dinamizar la movilización

El punto anterior nos remite al estado actual de las movilizaciones en Chile, pues es finalmente la fuerza de la protesta y de la masividad lo que nos dará la potencia para alcanzar los triunfos que nuestro país necesita. Desde ese punto de vista, el escenario requiere también un remezón. Si bien el Frente Amplio mantiene una presencia muy relevante en el movimiento estudiantil y una expectante posición en el Colegio de Profesores, y pese a que el 2017 mostró grandes movilizaciones en temas que antaño no convocaban de esa manera, ello no puede nublarnos frente al hecho de que la masividad va en declive. La capacidad de sostener movilizaciones largas y con capacidad de alterar la discusión política ha retrocedido en estos últimos años. El impacto se ha vuelto episódico y mediático. Pareciera ser que para el país se vuelve normal que hayan algunos cientos de miles protestando dos o tres veces al año. Confundir las necesarias presencias en Federaciones o alianzas entre grupos con una conducción efectiva de los movimientos sociales sería un grueso error, pues corremos el riesgo de burocratizar los mismos. Una tarea primordial de un Frente Amplio debe ser revitalizar la organización y la protesta social, potenciando su capacidad reivindicativa y apostando porque se traduzcan en cambios concretos.

Construir una cultura de diálogo interno

Este punto es de una naturaleza distinta a los anteriores, pues remite a aspectos más internos. Sin embargo, de no resolverse, resultará dificultosa una articulación efectiva para lo ya descrito. La cultura de diálogo interno del Frente Amplio se está recién forjando, siendo aún demasiado frágil. Si bien algunas señales positivas se han ido dando -el evento del sábado recién pasado es la más importante-, otros hitos como lo ocurrido con el partido País dan cuenta de que falta mucho por avanzar para resolver las tensiones de manera colectiva y constructiva, más aún cuando en el FA necesitamos sumar también a los militantes desencantados de la Concertación y otras situaciones complejas pueden volver a aparecer.

El pesimismo de la inteligencia siempre debe contraponerse al optimismo de la voluntad. Hoy tenemos la chance de abrir un nuevo ciclo histórico, de dejar atrás el pesado legado de la transición, de conquistar los derechos sociales que Pinochet privatizó y con los que la Concertación se enriqueció. Los pasos de estos últimos meses, aunque sean los iniciales, son gigantes en comparación con toda la experiencia previa. Vamos construyendo la unidad de las fuerzas políticas de cambio, aquellas que han apostado por armarse desde la autonomía política y desde la potencia de los marginados de siempre. Los obstáculos mencionados, y muchos otros, nos pueden hacer caer. Enfrentarlos y superarlos, con una unidad a toda prueba, es el desafío que mostrará si estamos a la altura. Debemos dejar la vida en la cancha para lograrlo.