Izquierda Autónoma ante la segunda vuelta presidencial y el rumbo del Frente Amplio

Izquierda Autónoma ante la segunda vuelta presidencial y el rumbo del Frente Amplio

Izquierda Autónoma ante la segunda vuelta presidencial y el rumbo del Frente Amplio

 

1. El 19 de noviembre, el Frente Amplio (FA) expresó electoralmente un largo proceso de luchas sociales desarrollado durante los últimos 15 años, del cual hemos sido partícipes junto a cientos de miles de luchadores por un Chile más justo y democrático. La votación de un millón trescientas mil personas, reafirma la necesidad de persistir en ese esfuerzo para superar el neoliberalismo, una voluntad que suma fuerzas pero que aún no germina como proyecto político. Para contribuir a ese desafío es que compartimos esta reflexión.

2. En las últimas semanas, las fuerzas que componemos el FA intentamos enfrentar con unidad y audacia la compleja coyuntura abierta con el paso de Sebastián Piñera y Alejandro Guillier a la segunda vuelta presidencial. Como Izquierda Autónoma, propusimos previo a la primera vuelta, definir desde el FA los términos para abrir un debate con la candidatura de Guillier, de manera de presentar los elementos centrales del programa de Beatriz Sánchez y demandas sociales como condición para dar nuestro apoyo a la candidatura de la Nueva Mayoría. Sin embargo, con todos los elementos sobre la mesa y con la posibilidad de hacer de ese 20% de votación avances concretos en diversas demandas sociales, diferentes personas del FA, utilizando su posición de visibilidad, se resistieron a abrir el debate a tiempo, optando por postergarlo incluso hasta “la recta final”.

3. No obstante, y a pesar nuestro, la libertad de acción, acompañado de la crítica a Piñera y una interpelación pasiva a Guillier, se impuso como la única fórmula capaz de mantener la unidad formal del FA. Sin embargo, la voz colectiva se diluyó en la ambigüedad y el predominio de opiniones formuladas a título personal. Estas declaraciones individuales tuvieron el efecto intencionado de posicionar un apoyo sin condiciones a Guillier, postura que en el proceso de debate interno no obtuvo el apoyo de ninguna organización ni de los debates comunales de base. Así, a días de una decisión colectiva, la postura del FA carece de intención y capacidad para presionar efectivamente por compromisos en favor del retroceso del mercado y el avance de la democracia, incluso con el favorable resultado electoral.

Es necesario entonces realizar un juicio crítico al desempeño del FA en estas semanas y reflexionar sobre cómo una fuerza que obtiene un 20% en la elección presidencial, una bancada de 21 parlamentarios y cuya posición puede resultar clave para el desenlace de estas elecciones, termina a la espera de “guiños”, a disposición de “dejarse convencer” y sin capacidad de exigir respuestas claras a las demandas más sentidas por las mayorías.

4. Como Izquierda Autónoma realizamos un conjunto de iniciativas para esclarecer los aspectos del programa de Guillier que debían corregirse para avanzar en la desmercantilización de nuestros derechos, coincidiendo con numerosas voces, dentro y fuera del Frente Amplio. Exponiendo las propias contradicciones de la Nueva Mayoría, se levantaron propuestas como formular la Constituyente como salida al neoliberalismo hecha por Carlos Ruiz y Fernando Atria, la propuesta de Sergio Sánchez y Matías Goyenechea de generar un diálogo para la recuperación de la salud pública y solidaria, ofrecimos un proyecto de ley para condonar el CAE de manera que Alejandro Guillier lo asumiera como medida concreta, o el compromiso de compañeros de la Región de Los Ríos, junto a comunales del PS y concejales de la Nueva Mayoría para recoger el programa del FA. Ninguna de estas iniciativas implicó negociación alguna, ya que entendemos que los pilares de nuestro programa no se pueden cercenar, sino hacer público que la visión del FA se extiende mucho más allá de los partidos que lo componen.

5. Lo logrado por el Frente Amplio es tremendamente valioso y es responsabilidad de todos cuidarlo. Lograrlo, sin embargo, pasa por asumir que no enfrentamos con la suficiente madurez y responsabilidad política la construcción de unidad en esta coyuntura. De todos cabe una autocrítica, especialmente de quienes, utilizando el alto impacto de sus vocerías, trabaron el debate catalogando como improcedente la deliberación colectiva para articular una estrategia unitaria para enfrentar este momento a tal punto que, la clausura del debate sólo terminó beneficiado a una Nueva Mayoría que hoy no siente necesidad de hacer ninguna concesión sustantiva.

6. Sin un Frente Amplio presionando con unidad, la exigencia de giros a la candidatura de Guillier pierde sentido más allá de la retórica y, en el mejor de los casos, sólo conseguirá “guiños”. Sin embargo, el dilema de la segunda vuelta sigue ahí, y queremos ser claros: en concordancia con lo que expresó la declaración del Frente Amplio, no nos da lo mismo quién gobierne. No seremos cómplices ni responsables de que asuma un gobierno que intenta clausurar el ánimo reformista instalado en la sociedad chilena y frente al cual los partidos de la Nueva Mayoría puedan asumir verbalmente posiciones pro-transformaciones sin necesidad de actuar en consecuencia. Siendo oposición de un gobierno de Guillier, pensamos, la disputa por el tipo de reformas que Chile necesita sigue abierta. Lo que está en juego para la izquierda en esta segunda vuelta, en definitiva, es contar con mejores condiciones para mantener abierto el ciclo de impugnación a la hegemonía neoliberal que abrimos desde las calles. Por ello el Frente Amplio no puede ceder en su programa y  debemos reafirmarlo con mayor fuerza. El vacío y la ambigüedad programática de Guillier puede completarse con la densidad y claridad de un programa que recoge lo más avanzado de las luchas sociales y de la sociedad organizada del último tiempo.

7. Es por eso que hemos decidido votar por Alejandro Guillier el 17 de diciembre. No seguiremos esperando cambios programáticos que no llegarán ni utilizaremos guiños de último minuto como razón aparente para decidir nuestro voto. Votaremos por Alejandro Guillier como un acto político para defender nuestro derecho a incidir en las medidas que adopte el Gobierno. Con todo, ni la Nueva Mayoría ni Alejandro Guillier han hecho lo necesario para ganar esta elección y el último debate presidencial lo comprueba. Más bien, han descansado en los errores de Piñera y en el itinerario de “todos contra la derecha”, ignorando los planteamientos programáticos del Frente Amplio y diversos actores sociales, como una porfiada resistencia a reconocer que es necesario dar un giro a las reformas que ha impulsado el Gobierno de Bachelet. El nuevo gobierno tendrá que dar señales claras de avanzar hacia un consenso social para derrotar al neoliberalismo, y no claudicaremos en nuestra autonomía para enfrentarlos decididamente si se mueve en la dirección contraria, como terminó ocurriendo con el actual Gobierno.

8. Por ello, declaramos que su eventual gobierno no será nuestro gobierno y no trabajaremos en ni por él. Por el contrario, como FA tenemos una gran responsabilidad en un posible nuevo gobierno de la Nueva Mayoría: la presencia en el Congreso, como en las calles, se debe hacer valer, por lo que replicar las decisiones tomadas hasta ahora no será suficiente. Es por ello que lucharemos sin descanso para que las demandas de los movimientos sociales sean efectivamente escuchadas y por construir un proyecto comprometido con la superación del neoliberalismo y con total autonomía de la política de la Transición.

9. La irrupción del Frente Amplio y la decadencia de la Concertación abren un tiempo de grandes oportunidades de transformación social. Debemos trabajar por la maduración del FA y su consolidación como un proyecto político y social alternativo. Sea cual sea el resultado de esta elección, es fundamental que quienes compartimos visiones comunes al respecto, dialoguemos y nos dispongamos a trabajar en conjunto. La irrupción del FA sólo será una irrupción de las mayorías en la lucha por tomar las riendas de su historia si construimos una izquierda al servicio de tamaña tarea. Es tiempo de asumir ese desafío.

 

Izquierda Autónoma

Diciembre de 2017

Ante la segunda vuelta presidencial:  Por un diálogo que inicie la salida del neoliberalismo en Chile

Ante la segunda vuelta presidencial: Por un diálogo que inicie la salida del neoliberalismo en Chile

Los resultados del 19N son un motivo de orgullo para el Frente Amplio, pero antes que todo son un mandato para luchar sin vacilaciones por dar voz e influencia al nuevo Chile que reclama derechos sociales y un nuevo pacto social. Nuestra responsabilidad de cara a la segunda vuelta es con ese mandato y esos intereses, reconociendo la oportunidad que se presenta para darles cabida en la nueva etapa política que se abre.

El estrecho margen que separa las votaciones de Beatriz Sánchez y Alejandro Guillier en primera vuelta, sumado al crucial rol que jugará la bancada parlamentaria del Frente Amplio, indican que la relación entre el FA y la Fuerza de Mayoría ha de ser una entre iguales. Es por eso que un eventual apoyo a la candidatura de Alejandro Guillier sólo puede producirse sobre la base de un compromiso explícito por impulsar reformas anti-subsidiarias y dar acogida a las demandas sociales más sentidas, aquellas que han convocado a cientos de miles en las calles y en parte se tradujeron en apoyo a nuestra candidata presidencial.

Así como el FA tiene la responsabilidad de actuar sabiendo que su postura puede resultar decisiva en esta elección, la Fuerza de Mayoría tiene la responsabilidad de asumir que el legado de Michelle Bachelet sufrió un revés en esta elección y que por lo tanto sus reformas deben ser corregidas y rectificadas desde la raíz. No estamos disponibles para profundizar reformas que mantienen la subsidiariedad del Estado y eluden la construcción de un pacto social más democrático. Ni en un futuro gobierno, ni en las reformas que todavía pueda impulsar el gobierno actual.

En definitiva, desde Izquierda Autónoma llamamos al Frente Amplio a exigir de parte de Alejandro Guillier y su comando compromisos explícitos con los siguientes puntos programáticos y políticos. Por nuestra parte, trabajaremos para que como Frente Amplio enfrentemos unidos esta decisión y defendamos en las calles y en el Congreso la efectiva realización de estas transformaciones:

1. Redirigir los recursos públicos hoy destinados a la educación privada-lucrativa y a la banca al fortalecimiento y la expansión de la educación pública, terminando con el Crédito con Aval del Estado y condonando las deudas estudiantiles.

2. Retirar las AFP del sistema de pensiones y construir un sistema basado en los principios de la seguridad social.

3. Garantizar la negociación colectiva por rama, sector o industria; el derecho a huelga efectivo y la igualdad salarial y de trato según género y condición contractual.

4. Crear un Seguro Único de Salud que mediante cotizaciones e impuestos financie un plan universal, público y solidario de salud. Detener el traspaso de recursos públicos a prestadores privados-lucrativos y las concesiones hospitalarias.

5. Garantizar el aborto legal, reconocimiento a la libre identidad de género y promover políticas de reconocimiento del trabajo reproductivo y de cuidados.

6. Asumir una política de verdad, memoria y justicia de las violaciones de derechos humanos, cerrando Punta Peuco sin impunidad y levantando el secreto impuesto al informe Valech I.

7. Anular y reemplazar la Ley de Pesca, en tanto legislación hecha bajo cohecho.

8. No designar en cargos de gobierno a ex miembros de directorios o gerencias de empresas ligadas al negocio con derechos fundamentales y/o bienes comunes estratégicos para el país.

9. Salida constitucional del neoliberalismo a través de una Asamblea Constituyente, comprometiéndose a impulsar los puntos antes expuestos y el retroceso de la subsidiariedad en los derechos sociales.

Noviembre 2017

Sobre el compromiso del Frente Amplio con la condonación de la deuda educativa

Sobre el compromiso del Frente Amplio con la condonación de la deuda educativa

El día de hoy nuestra candidata presidencial Beatriz Sánchez hizo pública su propuesta de condonación de las deudas contraídas para financiar estudios a través del CAE, créditos CORFO y el Fondo Solidario; el fin del endeudamiento como mecanismo para financiar la educación superior y un plan de transición para avanzar hacia la expansión de la educación superior pública 100% gratuita con los recursos que hoy el Estado destina a financiar el CAE a través de los bancos. Todas estas medidas son un paso importante para hacer retroceder el mercado de la educación y avanzar hacia la conquista de derechos sociales.

Como candidatos a diputados y diputadas de Izquierda Autónoma y el Frente Amplio recibimos con entusiasmo este anuncio y saludamos la decisión de nuestra candidata presidencial de incorporarlo a sus propuestas programáticas. Se trata de una decisión valiente, pues enfrenta directamente a los grupos económicos que se han enriquecido a costa de los derechos de la mayoría, a la vez que ofrece una solución inmediata a cientos de miles de familias agobiadas por el endeudamiento para acceder a la educación. Además, valoramos la presentación de la propuesta junto al movimiento “Deuda Educativa”, organización de deudores y deudoras educacionales, que durante los últimos años ha luchado por la condonación de las deudas por estudiar y que ha puesto en el centro del debate educacional la problemática de los deudores. Con ello Beatriz Sánchez da una potente señal sobre la importancia y protagonismo que las organizaciones sociales deben tener en la política de nuestra coalición.

Al interior del Frente Amplio existe una discusión abierta sobre si la participación ciudadana debe canalizarse a través de una alianza con las organizaciones y movimientos sociales, o si ésta debe tomar la forma de consultas o plebiscitos donde cada individuo se pronuncia frente a opciones preestablecidas, como ocurrió en el reciente plebiscito programático del Frente Amplio. En contraste con esa restringida concepción de participación, estamos convencidos que hacer propias las demandas y propuestas de los movimientos sociales, tal como ocurrió en materia de condonación de la deuda educacional y en la decisión de acoger la propuesta de la Coordinadora No + AFP como parte de nuestro programa, contribuyen de manera sustantiva a la construcción de una fuerza política que proyecte a la política los intereses sociales excluidos por la Derecha y la Concertación.

El Frente Amplio sólo tiene sentido si consolida su opción por ponerse al servicio de las demandas de los movimientos que durante los últimos años han liderado las luchas por derechos sociales que han ampliado los límites de lo políticamente posible y abierto la puerta para la constitución una nueva fuerza política que encarne esas aspiraciones. De lo contrario, el carácter social de la política seguirá siendo restringido y excluyente.

Como futuros diputados y diputadas del Frente Amplio nos comprometemos a defender esta propuesta en el Congreso y nos ponemos a disposición de los movimientos sociales para contribuir en la lucha por recuperar nuestros derechos sociales y democratizar el país.

No más endeudados por estudiar. Educación pública, gratuita y de calidad.

Francisco Figueroa, Coordinador de Izquierda Autónoma y candidato a diputado por el Distrito 10.

Camila Rojas, candidata a diputada por el Distrito 7.

Rodrigo Oliva, candidato a diputado por el Distrito 2.

Cari Alvarez, candidata a diputada por el Distrito 24.

 

Ante el plebiscito programático del Frente Amplio: Nuestro compromiso es con el movimiento social

Ante el plebiscito programático del Frente Amplio: Nuestro compromiso es con el movimiento social

A contar de mañana se vota parte del programa del Frente Amplio a través de un plebiscito. Como Izquierda Autónoma participaremos, pero consideramos necesario plantear que vemos en el resultado final de este ejercicio un retroceso en el esfuerzo de hacer del FA una herramienta para transformar Chile.

El Frente Amplio es una coalición heterogénea en su ideología y origen, pero unida en lo programático. Más allá de las diferencias que una organización joven debe tener, el programa de derechos sociales, levantado por movimientos populares en su lucha contra la mercantilización de la vida, la reivindicación de derechos civiles, algunos conculcados las últimas décadas y otros que Chile nunca ha conocido, junto a la abolición de los enclaves autoritarios que impiden una democracia plena, todo lo cual debe reflejarse en una Nueva Constitución, han sido desde un inicio el programa y la unidad del Frente Amplio.

Como parte de su proceso de construcción, se decidió fortalecer esta unidad mediante encuentros programáticos territoriales, conformación de grupos por áreas y articulación con organizaciones y movimientos sociales. Este trabajo no fue gratuito, pues implicó enfrentar una primaria y dos meses adicionales con nuestra candidata presidencial sin programa definido. Pero tampoco fue en vano, pues ayudó a fortalecer la unidad programática de militantes, independientes y movimientos sociales que forman parte del FA. Educación, salud y pensiones como necesidades colectivas, derechos sociales y reproductivos garantizados por el Estado, una negociación colectiva y huelga efectiva para redistribuir la riqueza, son parte de un extenso programa de transformaciones que no podemos reproducir por entero aquí.

El plebiscito programático al que se nos convoca esta semana, sin embargo, no es un paso adelante en este camino. Predominó en su diseño final una visión que en lugar de promover el valor del diálogo y los consensos construidos los últimos meses, los descartó despojando el componente político de ese proceso. El resultado es un plebiscito que no representa diferencias realmente existentes en el Frente Amplio, levanta disensos artificiosos y aliena su articulación con el movimiento social. Se incorporan además tecnicismos incomprensibles fuera de ciertos círculos expertos, fallándole así al llamado de nuestra candidata presidencial a que el Frente Amplio se abra y haga sentido a la mayoría de los/as chilenos. Esto convive, finalmente, con que el grueso del programa no está sujeto a votación por ser parte de consensos previos, es decir, se convoca a algo con la ilusión de que todo se decidirá ahí cuando no es efectivo.

Sin duda este proceso concluye de una forma distinta a la que se pensó. Para sacar lecciones de lo ocurrido es preciso entender que el problema de fondo es político,  no organizativo, y alude a una concepción individualista y tecnocrática de la construcción política, que concibe la participación como un acto reducido a la elección individual de posiciones preconcebidas, antes que como un ejercicio colectivo fundado en la deliberación y la construcción de acuerdos. Pese a gozar de aceptación mediática en tiempos de neoliberalismo y desprestigio de la política, esta visión está reñida con el fortalecimiento de la asociatividad y la apropiación popular de la política. No es una visión mayoritaria en el Frente Amplio, pero se impuso por la incapacidad de resolver políticamente las diferencias entre quienes creemos en un proceso de construcción a largo plazo. Sus impulsores, principalmente ubicados en un sector de Revolución Democrática, le deben al FA y a sus adherentes una autocrítica.

Como Izquierda Autónoma mantuvimos una posición disidente a la hora de definir cómo elaborar el programa del Frente Amplio. Desde un comienzo sostuvimos la necesidad de priorizar el trabajo con los movimientos sociales, cuyas demandas son fruto de años de organización, movilización y apropiación colectiva de los desafíos que el Chile actual presenta para las fuerzas de cambio. Sin embargo, trabajamos y lo seguiremos haciendo con respeto a las decisiones colectivas del Frente Amplio. Aún nos sentimos parte de este proceso y valoramos especialmente el trabajo realizado por Beatriz Sánchez, quien relevó el trabajo programático de diversos movimientos y organizaciones, mediante gestos sencillos pero valiosos, abriendo las puertas para que organizaciones como la nuestra iniciemos el trabajo a largo plazo de construir unidad entre movimiento político y social.

A pesar de los desvíos, votaremos en este plebiscito por los puntos que reúnen las propuestas que los movimientos sociales que luchan contra la mercantilización de nuestras vidas han propuesto para construir un sistema garante de derechos sociales universales, un nuevo pacto laboral y la democratización profunda del Estado. Nuestro principal compromiso, sin embargo, es poner nuestra fuerza y futuros representantes en el Congreso a disposición del nuevo movimiento popular chileno, sus organizaciones y demandas. Sólo así el Frente Amplio será una efectiva herramienta de la organización social y autonomía política de las mayorías.

Movimiento Estudiantil y la conquista de la educación como un derecho: ¿dónde estamos ahora?

Este año ha sido particularmente difícil para el debate en educación. Tras erigirse como el problema central que movilizaba a la sociedad chilena en la última década, partimos en 2014 con un gobierno que prometió hacerse cargo de las principales demandas. Hoy, sin embargo, el balance es más bien desalentador: algunas reformas han cursado, pero sin alterar el modelo de mercado establecido por la misma Concertación, a la vez que ocultan lo estéril de sus transformaciones detrás de una retórica progresista. A este problema de fondo, hay que sumar otra dificultad de contexto. Las elecciones presidenciales han desviado el foco de la discusión política, lo que sin duda mermó en la capacidad de los actores sociales de protagonizar el debate público. En esa línea, los siguientes párrafos apuntan a cerrar un balance en educación sobre estos últimos cuatro años de la administración Bachelet y el rol del movimiento estudiantil en ello, a la vez que se proponen algunas reflexiones para re-politizar una de las demandas sociales más sentidas de los últimos años.

La Ley de Carrera Docente fue de las primeras iniciativas educacionales del Gobierno de la Nueva Mayoría, la cual prometió ser un proyecto para representar y dignificar el rol de las y los profesores en nuestro país. Terminó, sin embargo, estableciendo criterios excesivos para fiscalizar al profesorado en miras de mejorar la calidad de su trabajo, lo que produjoun aumento de la presión y agobio laboral en los docentes. A tal punto, que el año 2015 el
Colegio de Profesores plebiscitó su postura sobre dicha Ley, obteniendo un 97% de rechazo por los profesores de Chile. En otra parte está la Ley del nuevo Sistema Nacional de Educación Pública, que establece el avance progresivo para la desmunicipalización de los colegios. Al igual que la anterior, el proyecto ha dejado profundos vacíos en el sistema escolar, lo cual trasladó el nudo central del conflicto hacia una pelea corporativa entre
alcaldes, docentes y secundarios.

Finalmente se encuentra la Ley de Educación Superior, dividida en dos proyectos, que prometía cambiar desde los cimientos el sistema de educación terciaria de nuestro país. Nada más alejado de la realidad, cuando lo que ha sucedido es simplemente la implementación de tímidas modificaciones: la gratuidad subsidia aranceles fomentando la expansión de la matrícula privada; se mantiene la lógica crediticia como mecanismo de pago y no se limita el crecimiento del mercado; no se fortalece la educación pública ni se resuelven los problemas de las universidades estatales; entre otros. Los resultados están a la vista. En el marco de un Gobierno que enarboló la bandera de la educación pública como principal eje de sus proyectos de ley, entre 2016 y 2017 la U. del Mar, la U. Arcis y la U. Iberoamericana fueron cerradas, declaradas en quiebra o se encuentran actualmente en crisis financiera, lo que dejó como principales afectados a los estudiantes y trabajadores. La Educación Pública, debido a su debilidad, tampoco ha sido capaz de atender este problema.

De esta manera, las reformas “de macetero” de la Nueva Mayoría, si bien han sido ampliamente criticadas, al menos lograron el objetivo de confundir a los actores del mundo de la educación. Durante la administración de Piñera, resultaba más evidente la contraposición de proyectos educativos entre la sociedad movilizada y el Gobierno, dado el distanciamiento insalvable entre los sectores políticos que conducían la movilización versus la derecha. Pero este nuevo Gobierno hizo retroceder ideológicamente al movimiento estudiantil, por cooptación de sectores políticos que se fortalecieron al alero de las luchas sociales del 2011, o bien por omisión y falta de postura de los estudiantes agrupados en las distintas orgánicas estudiantiles. De esta manera, cuando Piñera en 2011 comprometió el GANE, los estudiantes reaccionaron tajantemente en contra de una propuesta que no se hizo cargo de una transformación radical en el sistema. Hoy, cinco años después, las promesas no cumplidas de Bachelet no logran unificar al movimiento estudiantil en la vereda opuesta a lo planteado por el gobierno, a pesar del fracaso de los principales proyectos de ley. En suma, la lucha por la recuperación de los derechos sociales ha sido reemplazada por una lógica en extremo pragmática y, a ratos, entreguista por parte del mundo social.

De ahí que la discusión en torno a la Ley de Fortalecimiento a las Universidades Estatales no sea la excepción. En primer término, ese proyecto está separado de aquel que establece la gratuidad, y omitiendo la expansión de la matrícula privada sin contrapesos ni regulaciones. De esta manera, la iniciativa se presenta como una reforma que sólo cubre a un estrecho 16% de los estudiantes matriculados en las instituciones estatales, con el afán
de modernizar los planteles para que compitan en mejores condiciones en el sistema, en una lógica similar a la que tienen las instituciones privadas. En esa línea, las comunidades educativas identificaron tres nudos críticos del proyecto: gobernanza, financiamiento y condiciones laborales. Tímidamente ha aparecido la expansión de la matrícula pública, cuando sabemos que, en el contexto actual de la educación superior en Chile, es precisamente esta demanda la que mejor podría representar los intereses de un nuevo modelo educativo. En tal sentido, se puede decir que las definiciones propiamente políticas del movimiento estudiantil deben ser prioridad para un próximo año de movilizaciones, debido a que este año ha demostrado que la falta de prioridad en las demandas es también falta de claridad sobre hacia dónde avanzar.

Si tomamos un poco de distancia de la “pequeña política” de la Nueva Mayoría, advertiremos que no hay triunfos en torno a la recuperación de la educación pública. Al contrario, el mercado ha crecido de forma más acelerada en el último tiempo. Por dar algunos ejemplos, sólo en 2016 la Universidad Católica Silva Henríquez y la Universidad Autónoma crecieron al 30% y 27% su matrícula respectivamente, mientras que los planteles estatales encuentran severas limitaciones para alcanzar un 2,6%. El grupo Laureate contaba en 2016 con 177 mil estudiantes matriculados en sus instituciones, mientras que las 16 universidades estatales juntas alcanzan sólo 170 mil. La matrícula del grupo Inacap, de 2005 a 2016, aumentó en 214,9%, lo que les permitió una entrada d $382.564 millones de pesos por parte del fisco a través del CAE. En lo medular, las reformas del Gobierno no muestran una genuina intención por avanzar en la dirección demandada por la sociedad en los últimos años. Mientras tanto, son los grandes grupos económicos, controladores de la oferta privada en la educación superior, quienes se mantienen “intocables”. De ahí la urgencia de que el movimiento estudiantil en particular, y el movimiento social por la educación en general, vuelvan a poner en el centro de sus demandas la construcción, recuperación y expansión de la educación pública. Porque hoy expandir la matrícula pública es exigir un mínimo de dignidad y democracia. Es una convicción política mínima para construir una sociedad a la altura del siglo XXI: no seremos esclavos de un sistema altamente privatizado que nos negó toda libertad, queremos ser ciudadanos con derechos y capacidad de autodeterminación. Eso es lo que realmente se juega en nuestra lucha por la conquista y construcción de un sistema hegemónicamente público.

Sostenemos que esta demanda permite reabrir un debate hoy dormido. Las recientes movilizaciones de profesores y secundarios han dado un primer atisbo de este despertar, ya que volvieron a movilizarse por la defensa del sistema público en su totalidad. El movimiento estudiantil debe saber, además, convocar a sectores excluidos de su orgánica, y que son los que más padecen los embates del sistema de mercado en las universidades privadas. Por esto es urgente articular una demanda por educación pública que ensanche las bases sociales desde donde organizar y proyectar el conflicto. De nuestra articulación depende que, en el mediano plazo, una red de instituciones públicas, gobernada por sus comunidades educativas, sea capaz de asegurarle a cada niño y cada joven su educación pública, gratuita y de calidad.

Daniela Ramos
Angel Martin
Carolina Figueroa
Ismael Rubilar

Dirección Nacional Estudiantil de Izquierda Autónoma

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

La votación del Frente Amplio en las primarias presidenciales estuvo dentro de lo que las fuerzas que lo componen esperábamos. No es una votación menor para una alianza con apenas 6 meses de existencia. El balance es más crítico, sin embargo, en comparación con la votación de la derecha y en relación a las grandilocuentes expectativas provenientes de nuestras propias filas. No permite, en todo caso, sacar juicios concluyentes de cara a las generales de noviembre. Pero sí hacer evaluaciones de medio camino para corregir el rumbo.

La derecha demostró una notable capacidad de movilizar a su electorado duro. Y lo hizo bajo el predominio no de una renovación sino de una afirmación de su versión más regresiva. El prometido asomo de una derecha “liberal” volvió a esfumarse y el sector demostró capacidad de procesar el descontento en una clave conservadora, de aversión al cambio. En un contexto de baja participación, el avance de esta fórmula puede aumentar la eficacia de las viejas máquinas partidarias y el distanciamiento mayoritario de la política.

El Frente Amplio irrumpe por primera vez en la arena electoral y queda mejor parado que ayer en miras de la batalla parlamentaria. El problema es que la grandilocuencia contribuyó a sembrar expectativas mucho más altas, expectativas que por supuesto no se cumplieron y que hoy nuestros adversarios usan contra nosotros. Me refiero a las afirmaciones sobre que apostábamos a ganarle a Piñera en esta primaria y que poco menos que ya habíamos echado abajo al duopolio. Ayer quedó claro lo que todos sabemos: que el FA es un proyecto en formación y que recién debuta en política.

La situación, guardando las proporciones, me recuerda a la bofetada que recibió de vuelta Podemos en 2016 tras prometer un “sorpasso” al PSOE que nunca llegó. Hiperventilados por las encuestas y la compulsión por mostrar credenciales de gobernabilidad, el sector que más confianza depositó en el poder “constituyente” de la “guerra electoral” acabó imponiéndole a Podemos los criterios de evaluación que sus adversarios habían cocinado. De este modo, lo que en realidad fue un triunfo (71 escaños parlamentarios, peor votación histórica del PSOE, quiebre del bipartidismo, cohesionamiento de fuerzas de cambio) quedó como una derrota. Esto sobredeterminó muchas cosas en adelante.

Nosotros no hemos ganado nada aún, que no quepa duda. Pero acudo a este ejemplo porque a nosotros también nos acecha el problema de cifrar todos nuestros movimientos en función del corto plazo. Ya por la vía de sacrificar la identidad y programa propio para ampliar la base electoral, confundiendo amplitud con ambigüedad, problema que predominó en la candidatura de Beatriz Sánchez (ver última declaración que sacamos como IA para conocer nuestra posición más en extenso). Ya por la de adoptar una línea de “todo vale” para posicionarse en la disputa interna y un foco en una versión estática de la izquierda, problema que prevaleció en la precandidatura de Alberto Mayol.

Por anga o por manga, en la antesala de la primaria presidencial predominó lo electoral como fin en sí mismo y no como medio, como una dimensión total y no parcial de nuestro proceso de constitución y acumulación política.

Para corregir el rumbo no basta con introducir “matices” en el discurso. Hablando, por ejemplo, más seguido de fortalecer los movimientos sociales o haciendo autocríticas moralistas de cuando en vez. Tampoco se trata de hacer ajustes a la estrategia electoral. Esta no es una discusión a sostener entre estrategas electorales y asesores de contenido. Es un debate que debemos protagonizar las fuerzas políticas y sociales que componemos el Frente Amplio, dándolo franca, directa y abiertamente.

Estos meses, además, ha quedado claro que apelar a una vacía “transversalidad” no significa un mejor desempeño electoral. Se intentó y no rindió lo prometido. En cambio, como aspiramos a construir un proyecto de transformación social, nuestra votación debe expresar la formación de un nuevo sentido común, que sea base socio-cultural de una alternativa al propio régimen de la transición y no sólo a sus excesos más abyectos. Por eso es tan importante tomar e impulsar definiciones nítidas de cambio en la concepción de Estado y modelo de desarrollo vigentes, para encarar con claridad y mirada global la demanda social por redistribución del poder y la riqueza.

Si renunciamos a hacer esto en aras de “ir a buscar votos al centro” o la tentación tecnocrática de proponer mejores políticas pública aisladas, sin proyecto distinto de sociedad y Estado, el 20 de noviembre tendremos las manos vacías. Incluso si aumentamos nuestra presencia parlamentaria, serían sólo más voces de denuncia y fiscalización mediática. El avance del Frente Amplio debe ser el avance de una fuerza social y cultural que rompa las bases del consenso neoliberal de la transición.

Para lograrlo, la grandilocuencia no sólo es insuficiente, se ha demostrado contraproducente. En adelante, en el Frente Amplio el diálogo y la soberanía de las organizaciones, movimientos y partidos, debe prevalecer sobre las ocurrencias de nuestras vocerías más visibles y mediáticas. Sólo así podremos autodeterminarnos y trabajar sobre nuestras propias definiciones y no las que nos impone el ambiente. Ahora que tenemos una candidatura presidencial única, en ésta se debe dar cabida a la pluralidad de esfuerzos que han hecho posible el FA y a quienes miran desde fuera con dudas.

Hay que asumir también que la modalidad de construcción del programa debe ser repensada. Habiéndolo planteado desde un comienzo, hoy lo mantenemos: el programa del Frente Amplio debe ser construido con las fuerzas sociales organizadas en la lucha por expansión de derechos, recogiendo sus demandas y dotándolas de proyecto, no a partir de la suma de pareceres individuales. Además de obedecer a un paradigma que mantiene desarmadas a las mayorías, este modelo ha dejado a nuestras candidaturas careciendo demasiado tiempo de contenido y alianzas sociales relevantes.

Finalmente, el Frente Amplio debe perder el miedo a confrontar a la Concertación. Y, de haber diferencias, discutirlas abiertamente, no disfrazándolas de matices de estrategia electoral. Hacerlo es fundamental porque la construcción de una nueva izquierda, amplia y anclada en el Chile actual y el que viene, supone desarmar la domesticación impuesta sobre los sectores democráticos por el progresismo neoliberal. Lo que hagamos en la segunda vuelta será definido por lo que hagamos desde hoy hasta la primera. Es ingenuo desestimar la influencia que la Concertación ejerce sobre algunos sectores del FA. Por eso, debemos poner nuestros términos y actuar con unidad. En buena medida, allí se juega el constituirnos como una fuerza política y no sólo electoral.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero en la desazón sólo pueden caer quienes primero se pasaron películas. Para quienes trabajan con los pies en la tierra y la mirada puesta en las grandes transformaciones, la esperanza está intacta. Ahora, a trabajar en dotarnos de más y mejor unidad política, en perfilar mejor nuestra candidatura presidencial y en conquistar una bancada parlamentaria comprometida con dejar atrás el Chile del pacto derecha-Concertación. ¡Allá vamos!