Francisco Figueroa: Ganar las primarias y reimaginar la izquierda

Francisco Figueroa: Ganar las primarias y reimaginar la izquierda

Originalmente publicada en The Clinic 

Cambian los payasos pero el circo sigue, cantaban Los Miserables allá por 1997. La frase no era sólo el título de una canción, condensaba un sentimiento de desidentificación con la repartija binominal del poder que comenzaba a expandirse con rapidez en la sociedad chilena. 20 años después, la afirmación no es ya una proclama antisistémica, achacable a una marginal actitud punk. Está en el ánimo de la mayoría, en el sentido común de una ciudadanía que al no ver grandes diferencias entre derecha y Concertación, simplemente piensa que elegir entre una u otra coalición carece ya de sentido.

Este fenómeno no es una distorsión del sistema político, es su resultado natural. Desde que para los partidos la confianza de “los mercados” pasó a ser más importante que la confianza de la ciudadanía, el destino de la política binominal quedó sellado: ir a remolque del gran dinero y recibir de la mayoría una estoica e inmutable indiferencia. Que cada elección convoque menos personas que la anterior no es sólo culpa del voto voluntario o del efecto disuasivo de la corrupción. Es la consecuencia de un Estado cuyo soberano no está entre quienes son convocados a votar sino entre quienes concentran el poder económico.

El Frente Amplio surge de las entrañas de este proceso. Es un proyecto que para avanzar necesita conectarse con un Chile que cambió, uno en el que no sólo las filiaciones partidarias están debilitadas, sino la propia capacidad de la política de invocar propósitos, concitar lealtades y aunar voluntades de cambio. La candidatura presidencial de Beatriz Sánchez ha tomado nota de esa realidad. De ahí su foco en no dar por sentada la confianza de las personas en la política y por demostrar convicciones ahí cuando la vieja política transa todo lo que puede transar. Su trayectoria profesional, su independencia de la política binominal y su compromiso con los movimientos sociales más expresivos de la última década, la sitúan a la cabeza del esfuerzo por revertir y no sólo administrar el abstencionismo.

A juzgar por sus actos, las demás candidaturas piensan lo opuesto. Derecha y Concertación calculan que estas elecciones serán definidas por el “voto duro” de cada sector y actúan en consecuencia sin complejos. La derecha dando rienda suelta a su personalidad cavernaria y la Concertación sumergiéndose en disputas de poder por mantenerse en el Estado sin siquiera esforzarse en persuadirnos para qué. Con la mira puesta exclusivamente en las primarias, Mayol no ha escapado a esta tendencia en nuestra vereda. Ha concentrado sus esfuerzos en ocupar el nicho de lo que electoralmente se entiende como “la izquierda”, sin tomar en cuenta que construir izquierda hoy pasa por construir la unidad y organizar la rebeldía precisamente de quienes la política ha privado del derecho a disentir e identificarse políticamente.

Pero combatir la indiferencia para traducirla en votos no basta. Si queremos abrir un ciclo de grandes transformaciones debemos ser más que una nueva coalición electoral y convertirnos en un actor político. Uno que dispute los propios márgenes de lo políticamente discernible, hoy constreñidos por los consensos de las elites, para enfrentar la contradicción fundamental de nuestro tiempo entre capitalismo y democracia que el progresismo neoliberal resuelve sistemáticamente a favor del primero y contra la segunda. Es aquí donde más al debe estamos como Frente Amplio. Y para lograrlo, amplitud no puede confundirse con indefinición.

Ya sabemos de indefinición y ambigüedad. El Gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría las han practicado con entusiasmo y a gran costo. Elevaron las esperanzas en reformas que resolvieran la ausencia de derechos sociales para ganar una elección, sólo para pulverizarlas en cuanto retomaron control de La Moneda. ¿No fue acaso la retroexcavadora apenas una pistola de agua? La indefinición, ya sea como recurso para ampliar una base electoral o como reflejo de la aversión al conflicto y la diferencia, siempre es caldo de cultivo para la reproducción silenciosa de las pautas y hábitos dominantes.

Uno de los requisitos de la amplitud es superar el marco tecnocrático que reduce la imaginación política a discutir ajustes aislados a las políticas públicas vigentes y entiende la responsabilidad como dar muestras de buen comportamiento según las pautas de conducta de esta política sin ciudadanía. Es que el Frente Amplio, incluso a la hora de enfrentar las primarias presidenciales de este domingo, se está jugando algo mucho más grande y en un plazo más largo: la posibilidad de reimaginar la izquierda para transformar los propios principios que sustentan nuestro modo de convivir y producir. Y esto no se mide ni exclusiva ni principalmente en votos.

Votar por Beatriz Sánchez este domingo es abrir la puerta de ese camino. En adelante, sin embargo, hay mucho que recorrer. Los cantos de la política marketizada y la tecnocracia electoral no nos pueden alejar de lo más importante: mejorar el debate interno y fortalecer la unidad política del Frente Amplio. Tenemos una candidata que, con un gran sentido de la condición colectiva de la política de izquierda, ha puesto todo de su parte para facilitar eso. Ahora somos los movimientos que conformamos esta confluencia los que debemos estar a la altura. Será el mejor antídoto cuando enfrentemos las verdaderas adversidades que nos depara el futuro próximo y los payasos del circo busquen recambio.

Carlos Ruiz: “Uno de los desafíos del Frente Amplio es ampliar la participación electoral y política sustantiva”

Carlos Ruiz: “Uno de los desafíos del Frente Amplio es ampliar la participación electoral y política sustantiva”

Como un defensor de la intención del Frente Amplio por llegar a los votantes que hoy no se manifiestan en las urnas se mostró el director de Nodo XXI, académico y fundador de Izquierda Autónoma en el programa Hablemos el Lunes de Radio ADN, conducido por los periodistas Mirna Schindler y Mauricio Hofmann, en el que por tercer lunes consecutivo compartió con Luis Mayol, Jorge Burgos y Carlos Maldonado.

La pobre y desinformada presentación del precandidato presidencial de Chile Vamos, Manuel José Ossandón, en el programa Tolerancia Cero emitido el pasado domingo 4 de junio fue la que motivó la conversación de los panelistas Carlos Ruiz, académico, director de Fundación Nodo XXI y fundador de Izquierda Autónoma; Luis Mayol, RN y ex ministro de Sebastián Piñera; Carlos Maldonado, PR, ex ministro de Justicia y miembro del equipo político de Alejandro Gullier; y Jorge Burgos, DC, ex ministro del Interior de Michelle Bachelet y defensor de la candidatura de Carolina Goic.

La comentada intervención de Ossandón, que recibió incontables burlas a través de redes sociales, donde los usuarios dieron cuenta de su falta de conocimiento sobre temas básicos, como el Acuerdo de París, generó críticas entre los panelistas, quienes atribuyeron su pobre manejo a falta de lectura o falta de preparación para estar en política. Ruiz, sin embargo, fue más allá y señaló que esto responde a “un vacío de la política” que ha hecho que los candidatos tengan que migrar de sus propios partidos para ofrecerle alternativas a una ciudadanía que no cree en la política tradicional.

Precisamente sobre este punto, la lejanía que parece percibir la ciudadanía entre sus intereses y los de los partidos políticos tradicionales, el sociólogo planteó que “la gente siente un divorcio de este sector de la sociedad que empieza a construir una ‘política ensimismada’ (término de Norbert Lechner) que se habla a sí misma y no habla de lo que ocurre en la sociedad. De algún modo, los pactos que condujeron a la transición establecieron límites muy fuertes a lo que se podía comenzar en política. Y quizás si operaron en una primera instancia, después se volvieron costumbre, sencillamente, y terminaron amparando un silencio de la propia elite, donde empezaron a pasar cosas muy feas que recién estamos destapando”.

En el programa emitido el pasado lunes, que discute sobre la contingencia noticiosa de la semana, surgieron voces críticas a la adhesión alcanzada por la precandidata del Frente Amplio, Beatriz Sánchez, en la última encuesta del Centro de Estudios Públicos (CEP), donde, planteó Luis Mayol, la abanderada alcanzaría poca votación en regiones y entre la gente de menores ingresos.

Al respecto, Ruiz puntualizó que el fenómeno más decidor no es ese, sino la evidente baja en el apoyo a las dos coaliciones que en los últimos 25 años han marcado la pauta de la política, y que la misión del Frente Amplio hoy es ampliar la participación electoral y política efectiva, a fin de que en las próximas elecciones se acerquen a las urnas quienes no lo han hecho en las últimas votaciones, y revertir de ese modo la escasa participación electoral de los chilenos desde la implementación del voto voluntario. Al respecto, sentenció: “en ese charco cada vez más seco, claro que el porcentaje que siguen teniendo esas figuras históricas es cada vez mayor, pero porque quedan cada vez menos gotas de agua”.

El programa se emite todos los lunes desde las 9:00 A.M a través de Radio ADN, 91,7 FM.

Estudiantes de universidades en crisis

Estudiantes de universidades en crisis

Carta de Diego López, Secretario Ejecutivo FECH y miembro de Izquierda Autónoma

Publicada originalmente en La Tercera

Señor director:
Las últimas semanas ha quedado en evidencia que la crisis de la educación superior sigue profundizándose. La Universidad Arcis se enfrenta a un inminente cierre por falta de rentabilidad, sus trabajadores han sido despedidos y sus estudiantes siguen a la espera de alguna certeza sobre su futuro. En la Universidad de las Américas -una de las principales instituciones que controla el ya famoso grupo Laureate- los estudiantes han denunciado cobros abusivos de un crédito interno, el cual reemplazó al Crédito con Aval del Estado (CAE) durante los años en que no estuvo acreditada. En la Universidad Iberoamericana se han agudizado los conflictos debido a la renuncia de su rector, el retraso del inicio de clases y la crisis financiera en que se encuentra.
Estos casos no son hechos aislados: son las consecuencias de una educación regida por criterios de mercado. Por lo mismo, las universidades públicas debiesen abrir sus puertas a los estudiantes que verán interrumpidos sus estudios, ofreciendo la posibilidad de terminar sus carreras.

En particular, en la Universidad de Chile, invitamos a nuestro rector Ennio Vivaldi a que considere esta propuesta. Como él mismo ha declarado, debemos asumir un compromiso con la educación pública, por lo que abrir nuestras universidades a esos estudiantes es un primer paso hacia una reforma que se haga cargo de los problemas sustantivos del actual modelo.
Solo así avanzaremos en la dirección que la sociedad ha demandado en los últimos años.

“Ciudades democráticas, ciudades para mujeres”

“Ciudades democráticas, ciudades para mujeres”

Columna de Valentina Saavedra, Dirección Nacional de Izquierda Autónoma

Publicada originalmente en La Región Hoy 

Hace dos días se desarrolló el paro y la marcha internacional por la conmemoración del día de las mujeres trabajadoras. Miles de compañeras, amigas, hermanas nos encontramos en las calles como forma de protesta contra la violencia machista y la desigualdad de género.

Ocupamos las avenidas más importantes de las ciudades del país. El uso del espacio público es una de las formas más tradicionales para protestar de los movimientos sociales. Para las mujeres tiene un doble significado, porque hacemos ocupación de un espacio que nos es permanentemente negado, el lugar donde no pertenecemos, donde se nos acosa, donde se nos violenta día a día. Ocupamos ese mismo espacio para demandar fin a esa violencia.

El uso del espacio físico donde nos desenvolvemos, toma relevancia cuando dejamos de considerarlo sólo el escenario de desarrollo de las dinámicas sociales y lo analizamos como parte de los procesos sociales que vivimos. El espacio condiciona en gran medida nuestro desenvolvimiento en la ciudad, desde las decisiones de caminar o tomar el trasporte público, hasta el ritmo y las redes sociales que construimos.

La ciudad en la que vivimos actualmente es una ciudad hecha a la medida del sistema neoliberal, adaptada para mejorar las condiciones del mercado, con alta carencia de regulación y planificación. Se ha constituido en el espacio propicio para las empresas inmobiliarias y constructoras, grandes acumuladoras de riquezas de nuestro país.

Esta dinámica la entrega no sólo facilidad al empresariado, sino que convierte el espacio físico en una herramienta de reproducción de la violencia machista y la sociedad patriarcal.

No nos sorprende la creación de “barrios especializados”, adaptados para mejorar la competencia del mercado y que generan una monofuncionalidad del suelo. Estos van desde los barrios más tradicionales de ventas de autos o ropa, hasta el uso de enormes predios para malls. La monofuncionalidad implica horarios “muertos”, que producen inseguridad al ser espacios propicios para delitos sexuales, que afectan principalmente a las mujeres.

Sin embargo, contrario a lo que en primera instancia pensamos, a las mujeres no sólo se nos violenta en el espacio público. De hecho, el espacio de mayor violencia a la mujer se encuentra en su propia vivienda. Cuando hablamos de violencia intrafamiliar, se omite en parte que la gran mayoría de las víctimas de esa situación es la mujer y en un país que cada vez nos quita más derechos sociales y no nos permite decidir por nuestros futuros y cuerpos, lo que produce es una mayor responsabilidad para las mujeres en el trabajo doméstico y de cuidado no remunerado. Esto sumado a políticas sociales basadas en subsidios y bonos que no resuelven una visión compleja de la vida y el desarrollo social, profundizando cada vez más las desigualdades de género.

Ejemplo de lo anterior es cómo en materia de vivienda, se trabaja a través de soluciones parciales, donde cada vacío le corresponde a la familia resolverlo. La configuración residencial que se da principalmente villas populares, tiende a precarias condiciones de habitabilidad, mayores niveles de hacinamiento y falta de privacidad. Es decir, se entrega una vivienda sin considerar la complejidad de insertarse en la dinámica de la vida urbana.

Cada medida que aplica el diseño de dicha vivienda y de los barrios donde se localizan, que tensiona las relaciones familiares, se puede considerar una medida que pone en mayor riesgo a la mujer. Ejemplos de esto son la relocalización de familias de menores recursos y la pérdida de redes vecinales, que produce una mayor desprotección de las mujeres víctimas de violencia, o cómo la falta de equipamiento y centros de trabajo, acrecientan las dificultades del cuidado de los hijos y las posibilidades de las madres de poder acceder a independencia económica (considerando la inexistencia de remuneración del trabajo del cuidado familiar, responsabilidad asignada principalmente a las mujeres), factor fundamental para abandonar los espacio de violencia machista.

Construir un país democrático, con derechos sociales y reproductivos, debe incorporar el espacio físico donde nos desarrollamos. Espacios que nos deben pertenecer a todos y todas.

Masvida, la “Universidad del Mar” de la salud

Masvida, la “Universidad del Mar” de la salud

Columna de Matías Goyenechea, miembro de Izquierda Autónoma y presidente de la Fundación Creando Salud

Publicada originalmente en The Clinic

La crisis de Masvida como se ha señalado, no responde solamente a un problema aislado de mala gestión. Esta crisis es producto del crecimiento del mercado privado de la salud, que se ha expandido violentamente en los últimos 17 años y que ha priorizado el negocio y enriquecimiento de unos pocos por sobre el derecho  a la salud. El elemento central en la comprensión de la crisis de Masvida es el cómo se ha gestado el crecimiento de la industria de los seguros de salud. Puesto en simple, se ha generado una concentración del mercado, reduciendo el número de Isapres. Un segundo paso en la transformación del mercado de la salud privada fue la conformación de los grandes holdings que hoy rigen el mercado, los cuales están respaldados a su vez por grandes conglomerados, como por ejemplo PENTA, Grupo Bethia o la Cámara Chilena de la Construcción.

La conformación de estos Holdings, dio paso a la integración vertical, en donde aseguradoras y clínicas son parte de un mismo grupo de empresas lo que permite a la Isapre actuar como intermediario financiero dirigiendo a  donde van los fondos de sus cotizantes, es decir en que clínica se gastan. Esto permite que el dinero quede en casa, entendiendo por casa, a  las clínicas de un mismo grupo o holding de salud. En el caso de Masvida no se contaba con las espaldas financieras otorgadas por los grandes conglomerados. No obstante , se embarcó en una  política de expansión a través de la compra de clínicas, utilizando fondos de la Isapre, y es por esta razón que se comienzan a “alterar” los estados financieros, y dado que las inversiones no resultaron tan rentables como se pensaba, , deja sin liquidez a Masvida produciendo problemas con los pago de los servicios a las clínicas en donde sus afiliados se atendían.

Masvida es a la salud lo que la Universidad del Mar fue a la educación, dondeel lucro de los mercaderes conducen a una situación de desprotección de las personas, con la venia del Estado. Masvida solía presentarse como la “isapre buena”, por su política de evitar el alza de precios, pero lo anterior es más bien fruto del marketing Masvida, como todas las isapres, es un negocio lucrativo, basado en la tarificación según la probabilidad de enfermar de sus afiliados. Y el congelamiento de los precios respondió a que sus utilidades no se ponen en riesgo, dado que la cartera de afiliados es una de las que tiene menor riesgo de “enfermar”, por tanto menos costosa y tiene un menor gasto en atenciones de salud.

Masvida nos muestra lo fundamental que es avanzar en una reforma estructural de la salud en Chile, en donde el centro no este puesto en maximizar la utilidad individual sino el bienestar colectivo.

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Columna de Rodrigo Oliva, dirigente de Izquierda Autónoma y precandidato a diputado por Tarapacá, en conjunto con el equipo de comunicaciones de Izquierda Autónoma Iquique.

Publicada originalmente en Edición Cero

El despertar del 2017 viene marcado por las tareas que las fuerzas transformadoras debemos asumir, tanto para intervenir en la forma que va tomando la lucha social en el país, como también en el vacío político que se presenta y caracteriza por la falta de conducción del pacto social de la transición sobre la sociedad. Entre el agotamiento de la vieja política concertacionista y la incapacidad de que emerja una sustantiva fuerza social cohesionada, se nos presenta un claroscuro que tendrá uno de dos resultados opuestos: provocar que todo se cambie para que no cambie nada o posibilitar las condiciones de constitución de un actor social capaz de incidir política y socialmente con nuevos intereses empujados a la política.

Si bien es cierto, que la ecología política local posee ciertos niveles de particularidad, la dinámica del escenario de la totalidad cobra sentido y se impone en su tablero general. Es así, que nuestras castas locales, burócratas partidarios y ciertos dirigentes cooptados, son parte de una cultura que impone una política determinada desde el ethos concertacionista donde se gestiona la política del malestar (de la deuda, del CAE, de las AFP, entre otras). Esa política, que condiciona la vida de todos y todas, terminan por dirimir a espaldas de la sociedad, puesto a ojos de esta es impresentable. En definitiva, es aquella dimensión la que se busca alterar cuando trabajamos para constituir una nueva alternativa política en Tarapacá, intervenir la totalidad desde nuestra particularidad.

Desde esa vereda, los esfuerzos emergentes con vocación de cambio comienzan a recoger los patrones de unidad del impulso que recorre Chile, mediante la convocatoria a la constitución de un Frente Amplio que tenga su expresión natural en Tarapacá, y que avance en dos objetivos: consolidar una alternativa política electoral que permita enfrentar al corrompido duopolio y su expresión local y, a la vez, comenzar a caracterizar una convergencia de identidades sociales y políticas para enfrentar el ciclo de luchas sociales pendientes.

El criterio básico para la constitución de este Frente Amplio es invitar a todos quienes quieran ingresar, mientras posean independencia total de los actores constitutivos del duopolio y de los dineros del empresariado. Esto requiere que el Frente Amplio condense su amplitud en la idea de transformarse en una herramienta útil para dotar con capacidad de disputa a la sociedad Tarapaqueña, e impulsar la recuperación de nuestros derechos sociales, sexuales y reproductivos como eje de articulación de una política de cambios, obligando a retroceder de los espacios de decisión a los representantes del mercado y el gran empresariado.

Es por ello que un Frente Amplio en Tarapacá se transforma en un punto de llegada de todo un conjunto de actores sociales que desde su heterogeneidad, vagan por el descampado y la despolitización inducida del modelo, dispersando una voluntad que está ahí, y que se sabe víctima de la irracional forma de convivir que impone el neoliberalismo en Chile. En ello nuestra responsabilidad radica en convencer de lo útil de proponerse una mirada común de lo que representa este escenario electoral para la materialización y conquista de reivindicaciones sociales, que apunten en hacer retroceder la mercantilización que promueven los actores políticos del duopolio como respuesta a las necesidades de la sociedad.

En ese sentido el Frente Amplio es un táctica para derrotar a nuestros adversarios. Pero también, configura un punto partida de una voluntad que mira la política como un campo al cual intervenir, de un largo y pujante proceso de (re)constitución del entramado social. Lo segundo, es una de las principales tareas que deberían asumir los proyectos políticos transformadores de la región.

El ciclo electoral es un aspecto coyuntural de la política, una raya en el agua respecto a las tareas y desafíos de la constitución de mayor unidad política del pueblo, pero no por eso, podemos dejar de atenderlo. La posibilidad de aunar criterios prácticos debe estar resuelta sobre la capacidad de llegar a acuerdos concretos en torno a un objetivo común, en donde se definan las principales labores de las fuerzas de cambio, buscando que apunten a acumular posiciones para transformar los cimientos del actual estado de las cosas.

En ese orden, creemos que la idea de una bancada parlamentaria que dispute la materialización de las demandas que han levantado desde el campo de los Derechos Sociales, sexuales y reproductivos como norte es un objetivo de unidad política concreta, un sentido y orden a la posibilidad de intervenir coherentemente el escenario electoral. No se trata de construir espacios donde ocurra una oscura negociación burocrática, sino de dotar de contenido al triunfo venidero de una nueva sociedad, que busque construir para sí instrumentos que le permitan disputar su felicidad mediante la conquista de sus derechos, siendo la voluntad unitaria del Frente Amplio mejorar sustantivamente la vida de los chilenos y chilenas. El frente debe ser amplio en los intereses que lo constituyen, solo así será útil.

En Tarapacá el momento político es crítico, pero a su vez presenta una interesante oportunidad para enfrentarlo. La región se encuentra empantanada por la conducción de las fuerzas del duopolio, ambas coaliciones son gobernadas por el ABC del dinero y el cohecho, atrincherados en cargos públicos, no logran resolver sus fratricidas disputas que extrapolan al conjunto de la sociedad, poniendo a las necesidades de la gente como carne de cañón de uno u otro bando. Han fracasado en la idea de situar un imaginario de región que sea compartido por sus habitantes; la colonización y cooptación del aparato del Estado por parte de grupos económicos y transnacionales, con su descarada forma de intervenir los asuntos públicos, subordinó el desarrollo de la región a sus utilidades en desmedro del buen vivir y del bien común, y construyó una política que empobrece paulatinamente a la población, entre trabajos precarios y altos costos de vida. Así, se sitúa a Tarapacá entre los peores indicadores nacionales respecto a bienestar.

La Nueva Mayoría y la Derecha, con su centralismo, le han hecho daño a la sociedad tarapaqueña. Desde ellos no vendrán las respuestas para salir de dicha condición, es más, sólo pueden responder con más de lo mismo, haciéndonos creer que algo cambia, para que en realidad no cambie nada. Ante eso, el Frente Amplio debe elaborar una política unitaria para enfrentar conflictos como el de la Ley de Pesca, la avanzada del modelo extractivista y sus proyectos energéticos, la precariedad de la educación y salud públicas, y la negación del derecho a la vivienda, todos conflictos que azotan fuertemente a la región.

En Tarapacá existen condiciones sobre las cuales considerar la posibilidad de un triunfo electoral y una conquista de posiciones para las fuerzas emergentes. Sin embargo, la izquierda local, las fuerzas de cambio y las expresiones de la ola constitutivas de partidos y movimientos emergentes que han ido aflorando la región, en sí mismos, no son suficientes para movilizar la energía y materia para un triunfo electoral. Debemos impulsar una situación que hoy no está dada, pero que podemos construir inteligentemente para obtener la victoria. La política revolucionaria se trata de eso, de derribar gigantes.

Tampoco el estado actual del desarrollo político nos pone en una posición de avanzada respecto a una cultura política que le dispute los cimientos culturales, morales y políticos al capitalismo y al patriarcado, debemos construir esas trincheras. Debemos estar consciente de aquello, porque así como podemos ganar, existe la posibilidad siempre cierta de perder y ser borrados del mapa o quedar vivos pero náufragos, existiendo por existir.

Es por ello que esto va más allá de juntar a todas las organizaciones pequeñas y precoces, ni de posicionar marcas y elaborar eslóganes pegadizos que sean utilizados por no más de cinco minutos. Se trata de dotar de densidad social y política al carácter del malestar que promueve la cultura política concertacionista en Tarapacá, para subirlo al impulso nacional de cambios necesarios para el País. Un Frente Amplio que recién se propone caminar, no debe tenerle miedo a la tecnología del movimiento social, debe someterse a su juicio en tanto su utilidad está dada por la capacidad de situarse como herramienta de este. Por las condiciones de Tarapacá, no puede juntarse, ni fundarse sin aquello.

¿Cómo enfrenta la región de Tarapacá la constitución de esta fuerza?, ¿Cual es el estado de sus luchas y sus organizaciones sociales?, ¿Cuál es el rol de los intelectuales que emergen con el nuevo campo de sujetos y sujetas que sostienen la idea de una transformación que perfile justicia social y que puedan mediar aquello con las condiciones propias y particulares del fenómeno regional sin caer en regionalismos básicos?, ¿Cómo lograr el protagonismo de los y las luchadores sociales y dirigentes sociales que cotidianamente enfrentan el peso de la cultura política clientelar de la concertación?

Las respuestas a estas interrogantes deben ser trabajadas desde la convergencia, no obstante, la dinámica de la situación obliga a pensar un 2017 con los mayores grados de unidad, realismo y responsabilidad posibles, porque hay posibilidades de una victoria, que por lo demás es necesaria. La idea de situar intereses colectivos por sobre los parciales y particulares, nos obliga a consagrar el principio de la unidad, para lograr obtener la capacidad de hacer retroceder al adversario político, quien promueve la política que nos priva nuestros derechos y precariza nuestra vida.

Es por ello que, el desafío del Frente Amplio, está en convocar a la comunidad Tarapaqueña a convencerse de que la única forma en la cual se curarán los males que ha dejado la política del malestar y desencanto, es volviendo a construir protagonismos colectivos, situar los intereses generales de la sociedad que puja por bienestar, convocando a su participación y empoderamiento. El tablero está tambaleando, de todos y todas depende darlo vuelta.