Frente Feminista de Izquierda Autónoma critica proyecto de aborto por “perpetuar la criminalización”

Frente Feminista de Izquierda Autónoma critica proyecto de aborto por “perpetuar la criminalización”

El proyecto de despenalización del aborto en tres causales está en su etapa final, luego de que este martes fuera revisado por la sala del Senado, luego de dos años y medio de tramitación. Sin embargo, y pese a que inicialmente la propuesta ya era débil, durante este tiempo los parlamentarios la han empeorado en cada instancia de discusión, como es el caso de las niñas menores de 14 años, quienes necesitarán la autorización de un tribunal para someterse a la interrupción.

Ante ese escenario legislativo, el Frente Feminista de Izquierda Autónoma criticó el proyecto y afirmó que no constituye un avance para las mujeres. Cari Álvarez, integrante del frente y precandidata a diputada por Los Ríos, afirmó que “el proyecto perpetúa la criminalización. El hecho de que los tribunales de familia autoricen el aborto en casos de niñas menores de 14 años, no bastando el equipo médico, y la obligatoriedad de hacer una denuncia en caso de violación, fuerza a las mujeres a someterse a contextos de revictimización y riesgo social y familiar, siendo que en su mayoría son mujeres que vienen de un contexto de extrema violencia”.

“En este proyecto, la posibilidad de que avancen los derechos de las mujeres se ve reducida a la medida de lo posible, priorizándose el viejo pacto de la política de los acuerdos entre la derecha y la Nueva Mayoría, que es igual a la Concertación”, agregó Álvarez.

Camila Rojas, precandidata a diputada por Valparaíso, añadió que “el debate legislativo se ha movido en dirección contraria a la voluntad ciudadana. Recordemos que la sociedad chilena ha ido avanzando en la politización del aborto, pasando del silencio sobre este y otros aspectos de los derechos sexuales y reproductivos, a un debate público que rompe el estigma sobre las mujeres y el ejercicio de su legítima decisión a interrumpir una gestación”.

La ex presidenta de la FECh explicó además que, según la encuesta Adimark, “más del 70% de la población está de acuerdo con la despenalización en las tres causales del proyecto de ley, y 52% de las mujeres en Chile considera que el aborto debiera ser un derecho. Lo que fue en sus inicios un proyecto acotado y poco ambicioso de despenalización del aborto, hoy es un proyecto de ley aún más cercenado y restrictivo”.

Y Macarena Castañeda concluyó que “en este contexto de cercenamiento que castiga a las mujeres y niñas, no podemos considerar a este proyecto como un avance. Lamentamos que la ley termine en estas condiciones, pero reafirmamos nuestro compromiso en continuar la lucha por una verdadera despenalización legal y social del aborto, que permita la conquista plena de los derechos sexuales y reproductivos, como expresión de nuestro derecho a decidir sobre nuestras vidas como mujeres”.

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

Un balance después de las Primarias, por Francisco Figueroa

La votación del Frente Amplio en las primarias presidenciales estuvo dentro de lo que las fuerzas que lo componen esperábamos. No es una votación menor para una alianza con apenas 6 meses de existencia. El balance es más crítico, sin embargo, en comparación con la votación de la derecha y en relación a las grandilocuentes expectativas provenientes de nuestras propias filas. No permite, en todo caso, sacar juicios concluyentes de cara a las generales de noviembre. Pero sí hacer evaluaciones de medio camino para corregir el rumbo.

La derecha demostró una notable capacidad de movilizar a su electorado duro. Y lo hizo bajo el predominio no de una renovación sino de una afirmación de su versión más regresiva. El prometido asomo de una derecha “liberal” volvió a esfumarse y el sector demostró capacidad de procesar el descontento en una clave conservadora, de aversión al cambio. En un contexto de baja participación, el avance de esta fórmula puede aumentar la eficacia de las viejas máquinas partidarias y el distanciamiento mayoritario de la política.

El Frente Amplio irrumpe por primera vez en la arena electoral y queda mejor parado que ayer en miras de la batalla parlamentaria. El problema es que la grandilocuencia contribuyó a sembrar expectativas mucho más altas, expectativas que por supuesto no se cumplieron y que hoy nuestros adversarios usan contra nosotros. Me refiero a las afirmaciones sobre que apostábamos a ganarle a Piñera en esta primaria y que poco menos que ya habíamos echado abajo al duopolio. Ayer quedó claro lo que todos sabemos: que el FA es un proyecto en formación y que recién debuta en política.

La situación, guardando las proporciones, me recuerda a la bofetada que recibió de vuelta Podemos en 2016 tras prometer un “sorpasso” al PSOE que nunca llegó. Hiperventilados por las encuestas y la compulsión por mostrar credenciales de gobernabilidad, el sector que más confianza depositó en el poder “constituyente” de la “guerra electoral” acabó imponiéndole a Podemos los criterios de evaluación que sus adversarios habían cocinado. De este modo, lo que en realidad fue un triunfo (71 escaños parlamentarios, peor votación histórica del PSOE, quiebre del bipartidismo, cohesionamiento de fuerzas de cambio) quedó como una derrota. Esto sobredeterminó muchas cosas en adelante.

Nosotros no hemos ganado nada aún, que no quepa duda. Pero acudo a este ejemplo porque a nosotros también nos acecha el problema de cifrar todos nuestros movimientos en función del corto plazo. Ya por la vía de sacrificar la identidad y programa propio para ampliar la base electoral, confundiendo amplitud con ambigüedad, problema que predominó en la candidatura de Beatriz Sánchez (ver última declaración que sacamos como IA para conocer nuestra posición más en extenso). Ya por la de adoptar una línea de “todo vale” para posicionarse en la disputa interna y un foco en una versión estática de la izquierda, problema que prevaleció en la precandidatura de Alberto Mayol.

Por anga o por manga, en la antesala de la primaria presidencial predominó lo electoral como fin en sí mismo y no como medio, como una dimensión total y no parcial de nuestro proceso de constitución y acumulación política.

Para corregir el rumbo no basta con introducir “matices” en el discurso. Hablando, por ejemplo, más seguido de fortalecer los movimientos sociales o haciendo autocríticas moralistas de cuando en vez. Tampoco se trata de hacer ajustes a la estrategia electoral. Esta no es una discusión a sostener entre estrategas electorales y asesores de contenido. Es un debate que debemos protagonizar las fuerzas políticas y sociales que componemos el Frente Amplio, dándolo franca, directa y abiertamente.

Estos meses, además, ha quedado claro que apelar a una vacía “transversalidad” no significa un mejor desempeño electoral. Se intentó y no rindió lo prometido. En cambio, como aspiramos a construir un proyecto de transformación social, nuestra votación debe expresar la formación de un nuevo sentido común, que sea base socio-cultural de una alternativa al propio régimen de la transición y no sólo a sus excesos más abyectos. Por eso es tan importante tomar e impulsar definiciones nítidas de cambio en la concepción de Estado y modelo de desarrollo vigentes, para encarar con claridad y mirada global la demanda social por redistribución del poder y la riqueza.

Si renunciamos a hacer esto en aras de “ir a buscar votos al centro” o la tentación tecnocrática de proponer mejores políticas pública aisladas, sin proyecto distinto de sociedad y Estado, el 20 de noviembre tendremos las manos vacías. Incluso si aumentamos nuestra presencia parlamentaria, serían sólo más voces de denuncia y fiscalización mediática. El avance del Frente Amplio debe ser el avance de una fuerza social y cultural que rompa las bases del consenso neoliberal de la transición.

Para lograrlo, la grandilocuencia no sólo es insuficiente, se ha demostrado contraproducente. En adelante, en el Frente Amplio el diálogo y la soberanía de las organizaciones, movimientos y partidos, debe prevalecer sobre las ocurrencias de nuestras vocerías más visibles y mediáticas. Sólo así podremos autodeterminarnos y trabajar sobre nuestras propias definiciones y no las que nos impone el ambiente. Ahora que tenemos una candidatura presidencial única, en ésta se debe dar cabida a la pluralidad de esfuerzos que han hecho posible el FA y a quienes miran desde fuera con dudas.

Hay que asumir también que la modalidad de construcción del programa debe ser repensada. Habiéndolo planteado desde un comienzo, hoy lo mantenemos: el programa del Frente Amplio debe ser construido con las fuerzas sociales organizadas en la lucha por expansión de derechos, recogiendo sus demandas y dotándolas de proyecto, no a partir de la suma de pareceres individuales. Además de obedecer a un paradigma que mantiene desarmadas a las mayorías, este modelo ha dejado a nuestras candidaturas careciendo demasiado tiempo de contenido y alianzas sociales relevantes.

Finalmente, el Frente Amplio debe perder el miedo a confrontar a la Concertación. Y, de haber diferencias, discutirlas abiertamente, no disfrazándolas de matices de estrategia electoral. Hacerlo es fundamental porque la construcción de una nueva izquierda, amplia y anclada en el Chile actual y el que viene, supone desarmar la domesticación impuesta sobre los sectores democráticos por el progresismo neoliberal. Lo que hagamos en la segunda vuelta será definido por lo que hagamos desde hoy hasta la primera. Es ingenuo desestimar la influencia que la Concertación ejerce sobre algunos sectores del FA. Por eso, debemos poner nuestros términos y actuar con unidad. En buena medida, allí se juega el constituirnos como una fuerza política y no sólo electoral.

Nadie dijo que iba a ser fácil. Pero en la desazón sólo pueden caer quienes primero se pasaron películas. Para quienes trabajan con los pies en la tierra y la mirada puesta en las grandes transformaciones, la esperanza está intacta. Ahora, a trabajar en dotarnos de más y mejor unidad política, en perfilar mejor nuestra candidatura presidencial y en conquistar una bancada parlamentaria comprometida con dejar atrás el Chile del pacto derecha-Concertación. ¡Allá vamos!

Identificar los errores para corregir el rumbo

Identificar los errores para corregir el rumbo

No ha habido gobierno más democrático que el de Salvador Allende en la historia de Chile. La Unidad Popular representó el momento más avanzado de la lucha de las y los trabajadores en el siglo XX por conducir con autonomía las riendas de su propia historia. Encarnó, además, una utopía de alcance universal: la de realizar el impulso democrático original del socialismo.

Esta mañana nuestra candidata presidencial Beatriz Sánchez, emitió un juicio que estimamos equivocado y sumamente grave sobre el carácter del gobierno de la UP. Rápidamente reconoció las declaraciones como un error y pidió disculpas. Valoramos su rectificación. Es preciso reconocer, sin embargo, que sus declaraciones exceden la responsabilidad individual y dan cuenta de una forma de entender nuestra campaña presidencial en la que ha predominado la renuncia a perfilar una izquierda para el siglo XXI.

El factor de unidad de quienes trabajamos en esta candidatura ha sido luchar por revertir la indiferencia ciudadana hacia la política como condición para construir una izquierda amplia. En la práctica, sin embargo, con escasa deliberación colectiva, ha predominado la estrategia de ampliar la base electoral de apoyo por la vía de apelar a un ciudadano abstracto, carente de pasiones, rebeldía e historia, propio de la visión que la Transición nos intenta imponer. Esto ha significado que en demasiadas ocasiones la amplitud se ha confundido con la indefinición.

Estas indefiniciones han posibilitado el surgimiento de una contraproducente polaridad al interior del Frente Amplio, como si las únicas opciones posibles fueran una ambigua propuesta de recambio generacional o un izquierdismo identitario sin vocación de mayorías. El desafío de las fuerzas de cambio de reimaginar una identidad y una práctica de izquierda sustentados en las condiciones de la sociedad construida por la dictadura y la Concertación, ha quedado una vez más relegado.

Públicamente y en los espacios de trabajo de esta candidatura, hemos planteado la necesidad de emprender un camino distinto. Uno de mayor arraigo en las luchas sociales recientes de las que provenimos las fuerzas que componemos el Frente Amplio y compromiso nítido con un proyecto de transformación social, que requiere ser conscientes de la historia. Hoy, queremos insistir en la necesidad de corregir el rumbo y de hacernos cargo colectivamente de las insuficiencias de este proceso.

En tal sentido, se torna urgente reconocer que, más allá de las discusiones electorales, la posición política que la indefinición esconde ha sido el temor a confrontar a la Concertación. Proponer una transformación de la concepción vigente de Estado y del modelo de desarrollo, efectivamente supone disentir con las promesas concertacionistas y las reformas emprendidas por el gobierno de turno. Llamamos a no tener miedo de disentir con la vía concertacionista al neoliberalismo, pues de ello depende construir el consenso necesario para superar el injusto orden social vigente.

Nos consta que la disposición de Beatriz Sánchez ha sido la de fortalecer el Frente Amplio y su proyección. Esta actitud es fundamental para la maduración de este proyecto, y por ello iremos a votar B4 mañana. Pero esto no es suficiente, y mantener esta inercia puede ser fatal. En la etapa que se abre a partir del día lunes, con una candidatura presidencial única de nuestra coalición, necesitaremos un profundo cambio de rumbo de la campaña, ampliando la participación de las organizaciones políticas y sociales que la sustentan y confrontando sin ambigüedades a los guardianes del orden neoliberal. En definitiva, una campaña orientada a la construcción del proyecto político y social que dará vida a un nuevo Chile.

Francisco Figueroa: Ganar las primarias y reimaginar la izquierda

Francisco Figueroa: Ganar las primarias y reimaginar la izquierda

Originalmente publicada en The Clinic 

Cambian los payasos pero el circo sigue, cantaban Los Miserables allá por 1997. La frase no era sólo el título de una canción, condensaba un sentimiento de desidentificación con la repartija binominal del poder que comenzaba a expandirse con rapidez en la sociedad chilena. 20 años después, la afirmación no es ya una proclama antisistémica, achacable a una marginal actitud punk. Está en el ánimo de la mayoría, en el sentido común de una ciudadanía que al no ver grandes diferencias entre derecha y Concertación, simplemente piensa que elegir entre una u otra coalición carece ya de sentido.

Este fenómeno no es una distorsión del sistema político, es su resultado natural. Desde que para los partidos la confianza de “los mercados” pasó a ser más importante que la confianza de la ciudadanía, el destino de la política binominal quedó sellado: ir a remolque del gran dinero y recibir de la mayoría una estoica e inmutable indiferencia. Que cada elección convoque menos personas que la anterior no es sólo culpa del voto voluntario o del efecto disuasivo de la corrupción. Es la consecuencia de un Estado cuyo soberano no está entre quienes son convocados a votar sino entre quienes concentran el poder económico.

El Frente Amplio surge de las entrañas de este proceso. Es un proyecto que para avanzar necesita conectarse con un Chile que cambió, uno en el que no sólo las filiaciones partidarias están debilitadas, sino la propia capacidad de la política de invocar propósitos, concitar lealtades y aunar voluntades de cambio. La candidatura presidencial de Beatriz Sánchez ha tomado nota de esa realidad. De ahí su foco en no dar por sentada la confianza de las personas en la política y por demostrar convicciones ahí cuando la vieja política transa todo lo que puede transar. Su trayectoria profesional, su independencia de la política binominal y su compromiso con los movimientos sociales más expresivos de la última década, la sitúan a la cabeza del esfuerzo por revertir y no sólo administrar el abstencionismo.

A juzgar por sus actos, las demás candidaturas piensan lo opuesto. Derecha y Concertación calculan que estas elecciones serán definidas por el “voto duro” de cada sector y actúan en consecuencia sin complejos. La derecha dando rienda suelta a su personalidad cavernaria y la Concertación sumergiéndose en disputas de poder por mantenerse en el Estado sin siquiera esforzarse en persuadirnos para qué. Con la mira puesta exclusivamente en las primarias, Mayol no ha escapado a esta tendencia en nuestra vereda. Ha concentrado sus esfuerzos en ocupar el nicho de lo que electoralmente se entiende como “la izquierda”, sin tomar en cuenta que construir izquierda hoy pasa por construir la unidad y organizar la rebeldía precisamente de quienes la política ha privado del derecho a disentir e identificarse políticamente.

Pero combatir la indiferencia para traducirla en votos no basta. Si queremos abrir un ciclo de grandes transformaciones debemos ser más que una nueva coalición electoral y convertirnos en un actor político. Uno que dispute los propios márgenes de lo políticamente discernible, hoy constreñidos por los consensos de las elites, para enfrentar la contradicción fundamental de nuestro tiempo entre capitalismo y democracia que el progresismo neoliberal resuelve sistemáticamente a favor del primero y contra la segunda. Es aquí donde más al debe estamos como Frente Amplio. Y para lograrlo, amplitud no puede confundirse con indefinición.

Ya sabemos de indefinición y ambigüedad. El Gobierno de Bachelet y la Nueva Mayoría las han practicado con entusiasmo y a gran costo. Elevaron las esperanzas en reformas que resolvieran la ausencia de derechos sociales para ganar una elección, sólo para pulverizarlas en cuanto retomaron control de La Moneda. ¿No fue acaso la retroexcavadora apenas una pistola de agua? La indefinición, ya sea como recurso para ampliar una base electoral o como reflejo de la aversión al conflicto y la diferencia, siempre es caldo de cultivo para la reproducción silenciosa de las pautas y hábitos dominantes.

Uno de los requisitos de la amplitud es superar el marco tecnocrático que reduce la imaginación política a discutir ajustes aislados a las políticas públicas vigentes y entiende la responsabilidad como dar muestras de buen comportamiento según las pautas de conducta de esta política sin ciudadanía. Es que el Frente Amplio, incluso a la hora de enfrentar las primarias presidenciales de este domingo, se está jugando algo mucho más grande y en un plazo más largo: la posibilidad de reimaginar la izquierda para transformar los propios principios que sustentan nuestro modo de convivir y producir. Y esto no se mide ni exclusiva ni principalmente en votos.

Votar por Beatriz Sánchez este domingo es abrir la puerta de ese camino. En adelante, sin embargo, hay mucho que recorrer. Los cantos de la política marketizada y la tecnocracia electoral no nos pueden alejar de lo más importante: mejorar el debate interno y fortalecer la unidad política del Frente Amplio. Tenemos una candidata que, con un gran sentido de la condición colectiva de la política de izquierda, ha puesto todo de su parte para facilitar eso. Ahora somos los movimientos que conformamos esta confluencia los que debemos estar a la altura. Será el mejor antídoto cuando enfrentemos las verdaderas adversidades que nos depara el futuro próximo y los payasos del circo busquen recambio.

Candidatos de Izquierda Autónoma critican falta de conexión con la ciudadanía en el mensaje presidencial

Candidatos de Izquierda Autónoma critican falta de conexión con la ciudadanía en el mensaje presidencial

“Estas no son las reformas por las que hemos dejado los pies en la calle”, reprocharon desde diferentes ámbitos los candidatos a diputado y candidatas a diputada Camila Rojas, Francisco Figueroa, Rodrigo Oliva y Cari Álvarez tras conocer el contenido de la última cuenta pública de la Presidenta Michelle Bachelet. Las críticas se suman a las planteadas en la carta publicada hoy en El Mercurio por Figueroa y Rojas, en la que acusan a la Presidenta de “haber desperdiciado la oportunidad de implementar grandes reformas democratizadoras”.

La última cuenta pública de la Presidenta Michelle Bachelet, marcada por la defensa a las reformas y un llamado a “estar orgullosos de lo que hemos hecho” no convenció a los candidatos a diputado y candidatas a diputada de Izquierda Autónoma, colectivo integrante del Frente Amplio, quienes en duros términos criticaron un mensaje que a su juicio dista mucho de responder a las necesidades por las que miles de chilenos se han movilizado en los últimos años.

Francisco Figueroa, candidato a diputado por las comunas de Ñuñoa, Providencia, Santiago, Macul, San Joaquín y La Granja, fue enfático y señaló que “la Presidenta hizo un discurso exitista, sobre reformas que en el mundo real no defiende nadie. Después de la Nueva Mayoría (NM) en Chile hay más endeudados por estudiar, más trabajos precarios y ninguna mejora de las pensiones de miseria que recibe la mayoría. Nunca antes, además, se habían entregado tantos recursos para que los privados se hagan cargo de la educación y la salud. Estas no son las reformas por las que hemos dejado los pies en la calle, y no lo son porque en la NM mandan SQM, Corpesca y Luksic. De nosotros depende como fuerzas de cambio revitalizar una agenda de reformas que se hagan cargo de los grandes problemas de la mayoría”, sentenció el vocero nacional de Izquierda Autónoma.

Por su parte, Rodrigo Oliva, candidato a diputado por las comunas de Alto Hospicio, Camiña, Colchane, Huara, Iquique, Pica y Pozo Almonte, y fuertemente ligado a las luchas sindicales de los pescadores del norte, señaló que “un gobierno que no se compromete a eliminar la Ley de Pesca es un gobierno que al final sucumbe ante la corrupción y el cohecho. No hubo un anuncio contundente respecto a la nulidad de la Ley de Pesca, sino que se anuncian modificaciones cosméticas que lo único que hacen es relegitimar el origen espurio de la ley y poner al gobierno como cómplice del gran empresariado”. Igual de decepcionado se mostró frente a los anuncios en empleo: “no hay anuncios contundentes y lo único que se observa es que se promueve el trabajo precarizado y se le llama emprendimiento al real desempleo, lo que se observa fundamentalmente en la Región de Tarapacá en tanto aumentan las cifras de desempleo y aumenta el trabajo independiente, que en realidad es un desempleo encubierto”.

Camila Rojas, en tanto, apuntó sus dardos a los anuncios en salud. Si bien reconoció una de las medidas anunciadas por la Presidenta, señalando que “Bachelet anunció una nueva licitación para el Hospital de San Antonio. Es una necesidad para nuestra provincia”, se mostró escéptica sobre el destino de dicha medida: “¿las empresas constructoras volverán a cometer los mismos errores por tercera vez? ¿Aparece el fantasma de la concesión? Queremos un sistema de salud que prevenga y sane. Nuestro derechos no pueden ser una oportunidad de negocios para el mezquino interés empresarial”, sentenció la candidata a diputada por las comunas de Isla de Pascua, Juan Fernández, Valparaíso, Con Con, Viña del Mar, Algarrobo, Cartagena, Casablanca, El Quisco, El Tabo, San Antonio y Santo Domingo.

Frente a los anuncios esperados en temas de género, Cari Álvarez, candidata a diputada por las comunas de Corral, Lanco, Máfil, Mariquina, Valdivia, Futrono, La Unión, Lago Ranco, Los Lagos, Paillaco, Panguipulli y Río Bueno, se manifestó defraudada por las escasas referencias a políticas públicas relacionadas con este tema: “Es decepcionante que para la primera mujer presidenta en Chile, en su segundo gobierno, las mujeres no hayamos existido de modo sustantivo. Apenas tres referencias en dos horas de discurso, para más de la mitad de Chile que somos las mujeres, es claramente señal de la importancia que tenemos para la Nueva Mayoría”. Al mismo tiempo, Álvarez se manifestó preocupada por lo que esto augura de cara a temas tan relevantes como una ley que despenalice el aborto. “El llamado a unidad en la acción que hizo a la Nueva Mayoría va a significar un retroceso para las mujeres, que probablemente una vez más vamos a ser moneda de cambio en las relaciones con la DC. La ley de aborto la va a terminar redactando la DC, cercenando el derecho a decidir de las mujeres, y con la complicidad de la Ministra del Partido Comunista. La ley de aborto en tres causales ya no representa a las feministas”.

Estas críticas se suman a las planteadas por Francisco Figueroa y Camila Rojas en una carta publicada hoy, 1 de junio, en El Mercurio, en que señalan que “la Nueva Mayoría ha insistido en favorecer los intereses de un gran empresariado que crece a costa de la extrema privatización de nuestras vidas y la irracional explotación de nuestros recursos naturales y trabajo. Por eso sus reformas no guardan coherencia entre lo que declaran (avanzar en derechos sociales) y lo que producen (ahondar la conquista de los servicios públicos por parte del sector privado y las lógicas mercantiles), generando confusión y muy escaso apoyo”.

¿Por qué fracasaron las reformas?

¿Por qué fracasaron las reformas?

Originalmente publicada en El Mercurio el 1 de junio de 2017

Señor Director:

En vísperas de la última cuenta pública de la Presidenta Bachelet, es preciso destacar un lamentable logro de su administración: haber desperdiciado la oportunidad de implementar grandes reformas democratizadoras. Teniendo mayoría parlamentaria y habiendo tomado las banderas de las movilizaciones sociales de 2006-2011, la Nueva Mayoría terminó legislando contra los actores e intereses que decía representar en materias como educación, trabajo, impuestos, docencia y Constitución.

El problema de esta conservadora gestión del impulso democratizante que se ha abierto paso por fuera, y a pesar del sistema tradicional de partidos, es que ha profundizado la indiferencia ciudadana ante la política. Desde el Frente Amplio, sin embargo, no hemos sido capaces de aclarar por qué las reformas naufragaron y cómo podrían abrirse camino reformas más profundas y efectivas. Hacerlo es fundamental para evitar un retroceso a la situación política pre-2011, cuando había que luchar por la sola idea de hacer reformas.

La razón es que la Nueva Mayoría ha insistido en favorecer los intereses de un gran empresariado que crece a costa de la extrema privatización de nuestras vidas y la irracional explotación de nuestros recursos naturales y trabajo. Por eso sus reformas no guardan coherencia entre lo que declaran (avanzar en derechos sociales) y lo que producen (ahondar la conquista de los servicios públicos por parte del sector privado y las lógicas mercantiles), generando confusión y muy escaso apoyo.

La posibilidad de revitalizar una agenda de cambios, entonces, pasa por nuestra capacidad como Frente Amplio para defender sin ambigüedades los principios de universalidad, solidaridad y desmercantilización que deben sustentar un programa de reformas para superar el neoliberalismo. Sentar las bases, en suma, de un nuevo consenso democrático en base al cual la política pueda dejar de ser un juego de élites para ser un instrumento de mejora de la vida de las mayorías.

Francisco Figueroa, Camila Rojas
Candidatos a diputado Izquierda Autónoma