Francisco Figueroa: “El Servel va a hacer todo lo que esté a su alcance para impedir la caída de Lagos”

Francisco Figueroa: “El Servel va a hacer todo lo que esté a su alcance para impedir la caída de Lagos”

El dirigente de Izquierda Autónoma y precandidato a diputado estuvo en Agenda Propia de Biobio TV,  comentando las decisiones del Servel, los dichos de la vocera de Chile Vamos, y la situación de Piñera.

Respecto a los polémicos dichos de Alejandra Bravo sobre los homosexuales, Figueroa apuntó a un cálculo electoral y una visión política de corto plazo: “Hay una derecha que se está comportando de manera muy irresponsable. Porque no es un asunto de discurso solamente. Las ideas en política cuando las pronuncia un personaje con esa autoridad, van legitimando posiciones que existen, que pueden ser minoritarias, marginales, las van validando”.

Durante el programa también comentaron los correos que Piñera se niega a entregar a la Fiscalía, con la finalidad de determinar si el ex presidente intervino en la compra de la pesquera Exalmar. El dirigente de Izquierda Autónoma comentó: “En ciertos sectores de las élites hay una sensación de impunidad, de que se puede hacer lo que se quiera. Creo que no está reducido a la derecha, los casos de corrupción que se han tenido en el ultimo tiempo, y el descaro de como se han hecho estas cosas da cuenta de que hay una sensación de que acá pasan colados estos problemas. Creo que eso es propio de un momento de crisis”. Continuó diciendo que: “El hecho político de que el principal candidato de la derecha, un ex presidente, a pocos meses de una elección presidencial esté ausente, es un dato político muy importante”.

Figueroa se refirió a la crisis política y al complejo escenario que enfrentan los partidos en un año electoral: “Estamos en una fase súper aguda de la crisis. Partidos incapaces de tener un mínimo de control, incapaces de refichar a sus militantes, incapaces de defender a sus candidatos. Se les va a caer lagos probablemente como candidato presidencial, el Servel va a hacer de todo lo que esté a su alcance para impedirlo, puede que incluso amplíe el plazo para el refichaje. Bitar salió con tranquilidad a pedirlo por la prensa”.

Sobre la reciente aprobación de la Ley de estacionamientos que favorece a las empresas, el dirigente apuntó a la contradicción entre la eficiencia de la institucionalidad para facilitar las condiciones a la política tradicional, y su incapacidad cuando se trata de legislar a favor de la ciudadanía: “Eso es súper importante para explicar la impunidad con la que se toman decisiones como la que están detrás de esta ley y de otras, para la impunidad con la que el poder económico sujeta al poder político en Chile”.

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Tarapacá y el desafío del Frente Amplio

Columna de Rodrigo Oliva, dirigente de Izquierda Autónoma y precandidato a diputado por Tarapacá, en conjunto con el equipo de comunicaciones de Izquierda Autónoma Iquique.

Publicada originalmente en Edición Cero

El despertar del 2017 viene marcado por las tareas que las fuerzas transformadoras debemos asumir, tanto para intervenir en la forma que va tomando la lucha social en el país, como también en el vacío político que se presenta y caracteriza por la falta de conducción del pacto social de la transición sobre la sociedad. Entre el agotamiento de la vieja política concertacionista y la incapacidad de que emerja una sustantiva fuerza social cohesionada, se nos presenta un claroscuro que tendrá uno de dos resultados opuestos: provocar que todo se cambie para que no cambie nada o posibilitar las condiciones de constitución de un actor social capaz de incidir política y socialmente con nuevos intereses empujados a la política.

Si bien es cierto, que la ecología política local posee ciertos niveles de particularidad, la dinámica del escenario de la totalidad cobra sentido y se impone en su tablero general. Es así, que nuestras castas locales, burócratas partidarios y ciertos dirigentes cooptados, son parte de una cultura que impone una política determinada desde el ethos concertacionista donde se gestiona la política del malestar (de la deuda, del CAE, de las AFP, entre otras). Esa política, que condiciona la vida de todos y todas, terminan por dirimir a espaldas de la sociedad, puesto a ojos de esta es impresentable. En definitiva, es aquella dimensión la que se busca alterar cuando trabajamos para constituir una nueva alternativa política en Tarapacá, intervenir la totalidad desde nuestra particularidad.

Desde esa vereda, los esfuerzos emergentes con vocación de cambio comienzan a recoger los patrones de unidad del impulso que recorre Chile, mediante la convocatoria a la constitución de un Frente Amplio que tenga su expresión natural en Tarapacá, y que avance en dos objetivos: consolidar una alternativa política electoral que permita enfrentar al corrompido duopolio y su expresión local y, a la vez, comenzar a caracterizar una convergencia de identidades sociales y políticas para enfrentar el ciclo de luchas sociales pendientes.

El criterio básico para la constitución de este Frente Amplio es invitar a todos quienes quieran ingresar, mientras posean independencia total de los actores constitutivos del duopolio y de los dineros del empresariado. Esto requiere que el Frente Amplio condense su amplitud en la idea de transformarse en una herramienta útil para dotar con capacidad de disputa a la sociedad Tarapaqueña, e impulsar la recuperación de nuestros derechos sociales, sexuales y reproductivos como eje de articulación de una política de cambios, obligando a retroceder de los espacios de decisión a los representantes del mercado y el gran empresariado.

Es por ello que un Frente Amplio en Tarapacá se transforma en un punto de llegada de todo un conjunto de actores sociales que desde su heterogeneidad, vagan por el descampado y la despolitización inducida del modelo, dispersando una voluntad que está ahí, y que se sabe víctima de la irracional forma de convivir que impone el neoliberalismo en Chile. En ello nuestra responsabilidad radica en convencer de lo útil de proponerse una mirada común de lo que representa este escenario electoral para la materialización y conquista de reivindicaciones sociales, que apunten en hacer retroceder la mercantilización que promueven los actores políticos del duopolio como respuesta a las necesidades de la sociedad.

En ese sentido el Frente Amplio es un táctica para derrotar a nuestros adversarios. Pero también, configura un punto partida de una voluntad que mira la política como un campo al cual intervenir, de un largo y pujante proceso de (re)constitución del entramado social. Lo segundo, es una de las principales tareas que deberían asumir los proyectos políticos transformadores de la región.

El ciclo electoral es un aspecto coyuntural de la política, una raya en el agua respecto a las tareas y desafíos de la constitución de mayor unidad política del pueblo, pero no por eso, podemos dejar de atenderlo. La posibilidad de aunar criterios prácticos debe estar resuelta sobre la capacidad de llegar a acuerdos concretos en torno a un objetivo común, en donde se definan las principales labores de las fuerzas de cambio, buscando que apunten a acumular posiciones para transformar los cimientos del actual estado de las cosas.

En ese orden, creemos que la idea de una bancada parlamentaria que dispute la materialización de las demandas que han levantado desde el campo de los Derechos Sociales, sexuales y reproductivos como norte es un objetivo de unidad política concreta, un sentido y orden a la posibilidad de intervenir coherentemente el escenario electoral. No se trata de construir espacios donde ocurra una oscura negociación burocrática, sino de dotar de contenido al triunfo venidero de una nueva sociedad, que busque construir para sí instrumentos que le permitan disputar su felicidad mediante la conquista de sus derechos, siendo la voluntad unitaria del Frente Amplio mejorar sustantivamente la vida de los chilenos y chilenas. El frente debe ser amplio en los intereses que lo constituyen, solo así será útil.

En Tarapacá el momento político es crítico, pero a su vez presenta una interesante oportunidad para enfrentarlo. La región se encuentra empantanada por la conducción de las fuerzas del duopolio, ambas coaliciones son gobernadas por el ABC del dinero y el cohecho, atrincherados en cargos públicos, no logran resolver sus fratricidas disputas que extrapolan al conjunto de la sociedad, poniendo a las necesidades de la gente como carne de cañón de uno u otro bando. Han fracasado en la idea de situar un imaginario de región que sea compartido por sus habitantes; la colonización y cooptación del aparato del Estado por parte de grupos económicos y transnacionales, con su descarada forma de intervenir los asuntos públicos, subordinó el desarrollo de la región a sus utilidades en desmedro del buen vivir y del bien común, y construyó una política que empobrece paulatinamente a la población, entre trabajos precarios y altos costos de vida. Así, se sitúa a Tarapacá entre los peores indicadores nacionales respecto a bienestar.

La Nueva Mayoría y la Derecha, con su centralismo, le han hecho daño a la sociedad tarapaqueña. Desde ellos no vendrán las respuestas para salir de dicha condición, es más, sólo pueden responder con más de lo mismo, haciéndonos creer que algo cambia, para que en realidad no cambie nada. Ante eso, el Frente Amplio debe elaborar una política unitaria para enfrentar conflictos como el de la Ley de Pesca, la avanzada del modelo extractivista y sus proyectos energéticos, la precariedad de la educación y salud públicas, y la negación del derecho a la vivienda, todos conflictos que azotan fuertemente a la región.

En Tarapacá existen condiciones sobre las cuales considerar la posibilidad de un triunfo electoral y una conquista de posiciones para las fuerzas emergentes. Sin embargo, la izquierda local, las fuerzas de cambio y las expresiones de la ola constitutivas de partidos y movimientos emergentes que han ido aflorando la región, en sí mismos, no son suficientes para movilizar la energía y materia para un triunfo electoral. Debemos impulsar una situación que hoy no está dada, pero que podemos construir inteligentemente para obtener la victoria. La política revolucionaria se trata de eso, de derribar gigantes.

Tampoco el estado actual del desarrollo político nos pone en una posición de avanzada respecto a una cultura política que le dispute los cimientos culturales, morales y políticos al capitalismo y al patriarcado, debemos construir esas trincheras. Debemos estar consciente de aquello, porque así como podemos ganar, existe la posibilidad siempre cierta de perder y ser borrados del mapa o quedar vivos pero náufragos, existiendo por existir.

Es por ello que esto va más allá de juntar a todas las organizaciones pequeñas y precoces, ni de posicionar marcas y elaborar eslóganes pegadizos que sean utilizados por no más de cinco minutos. Se trata de dotar de densidad social y política al carácter del malestar que promueve la cultura política concertacionista en Tarapacá, para subirlo al impulso nacional de cambios necesarios para el País. Un Frente Amplio que recién se propone caminar, no debe tenerle miedo a la tecnología del movimiento social, debe someterse a su juicio en tanto su utilidad está dada por la capacidad de situarse como herramienta de este. Por las condiciones de Tarapacá, no puede juntarse, ni fundarse sin aquello.

¿Cómo enfrenta la región de Tarapacá la constitución de esta fuerza?, ¿Cual es el estado de sus luchas y sus organizaciones sociales?, ¿Cuál es el rol de los intelectuales que emergen con el nuevo campo de sujetos y sujetas que sostienen la idea de una transformación que perfile justicia social y que puedan mediar aquello con las condiciones propias y particulares del fenómeno regional sin caer en regionalismos básicos?, ¿Cómo lograr el protagonismo de los y las luchadores sociales y dirigentes sociales que cotidianamente enfrentan el peso de la cultura política clientelar de la concertación?

Las respuestas a estas interrogantes deben ser trabajadas desde la convergencia, no obstante, la dinámica de la situación obliga a pensar un 2017 con los mayores grados de unidad, realismo y responsabilidad posibles, porque hay posibilidades de una victoria, que por lo demás es necesaria. La idea de situar intereses colectivos por sobre los parciales y particulares, nos obliga a consagrar el principio de la unidad, para lograr obtener la capacidad de hacer retroceder al adversario político, quien promueve la política que nos priva nuestros derechos y precariza nuestra vida.

Es por ello que, el desafío del Frente Amplio, está en convocar a la comunidad Tarapaqueña a convencerse de que la única forma en la cual se curarán los males que ha dejado la política del malestar y desencanto, es volviendo a construir protagonismos colectivos, situar los intereses generales de la sociedad que puja por bienestar, convocando a su participación y empoderamiento. El tablero está tambaleando, de todos y todas depende darlo vuelta.

Recuperar la democracia para conquistar la alegría

Recuperar la democracia para conquistar la alegría

Columna de Diego Rodríguez, miembro de Izquierda Autónoma, en conjunto con Atilio Herrera (Partido Igualdad), Carlos Pizarro (PODER), y Pablo Riveros (Partido Ecologista Verde) sobre el #FrenteAmplioChile

Publicada originalmente en El Desconcierto

Hace ya casi 30 años, un gran arco de fuerzas políticas y sociales, diverso como pocas veces se había visto en la historia, prometió a Chile recuperar la alegría y la democracia. Algunos creyeron, otros no tanto, pero al final del día, los militares -que habían gobernado el país por 17 años- volvieron a sus cuarteles para que la democracia hiciera su entrada triunfal.

Con la vuelta de los militares a los cuarteles, la movilización social que empujó su retirada volvía a sus casas. Ese era el trato. Ahora vendrían los tecnócratas a hacerse cargo del país. Había costado demasiado recuperar la democracia, debíamos cuidarla, y ellos eran los expertos.

¿Y la gente? ¿Y el pueblo que se había movilizado para recuperar el control sobre sus vidas de manos de la dictadura?. Trabajando, haciendo todo lo posible por surgir, por dar un mejor vivir a sus familias, tratando de educar a sus hijos, pues entendía que esa era ahora la clave del éxito. La alegría en realidad sólo llegó para unos pocos, había que esperar que chorreara, pero al menos había democracia, podíamos votar y eso antes estaba prohibido. Punto para el arcoíris.

Así fue pasando el tiempo, pasaron los primeros 10 años, la gente seguía en sus casas, tratando de surgir, uno por uno, estudiando, trabajando y endeudándose. Volvimos a ir a un mundial, no nos fue muy bien. El penal que nunca fue penal, otra vez nos arrebataba la alegría.

Siguió pasando el tiempo, la democracia cada día más cansada, se le veía enferma, agotada, muchas veces violentada. Esa democracia no lograba cumplir con tantas promesas y se fue volviendo en un eslogan vacío. Es verdad, ya no estaban los militares, pero cada día nuestras vidas nos pertenecían menos. Si querías estudiar, debías endeudarte, si te enfermabas, tenías que endeudarte, si envejecías…no, mejor ni hablar de envejecer. El Chile que habíamos recuperado para el beneficio de la gente resultó que, cada día más, beneficiaba a los mismos pocos de siempre.

Con una democracia carente de sentido, fuimos poco a poco dejando de ir a votar. Total, no había  mayor diferencia si ganaba uno u otro, la alternancia del poder se cambió por turnos en el poder. Nuestras vidas las empezaron a controlar las deudas. Los derechos sociales -base para una democracia plena- fueron entregados a los grandes grupos económicos. La alegría no llegaba y la democracia, por la que tanto peleamos, cada vez parecía menos importante. Había que conformarse con que “al menos ya no te matan”. Bueno, salvo que seas mapuche.

En la quietud de la eterna transición, algunas voces se levantaron. No debemos olvidarlas. Familias de mineros que vieron una vida cerrada ante sus ojos; los mapuche que volvieron a reclamar por tierra y cultura; las familias que buscaban un lugar digno donde vivir y terminaron endeudadas, viviendo en ghettos lejos de sus orígenes y redes.

Pero con el tiempo el miedo empezó a desaparecer. Nuevas generaciones que no vivieron el terror empezaron a buscar esa alegría prometida que nunca llegaba. Llegaron los pingüinos, y exigieron su derecho a una educación de calidad, igual que la de los colegios del barrio alto. Lógico, les dijeron que ahí estaba la clave del éxito. Y ahí estaban los expertos de todos los colores, que agradecieron el llamado de atención de los jóvenes y levantaron sus manos anunciando un nuevo porvenir. Pero la alegría tampoco llegó, ni mucho menos el tan anhelado sueño de hacer caer la educación de Pinochet.

Seguía pasando el tiempo y esos mismos jóvenes crecieron, entraron a distintas universidades, porque ahora todos podemos estudiar, es cosa de pedir un crédito. Pero pese a que todos podemos estudiar, los secretos del éxito seguían siendo enseñados a unos pocos, igual que 20 años atrás. Entonces estos jóvenes volvieron a salir a la calle. Tras, o junto, a esos jóvenes salieron los adultos, los que por más de 20 años habían guardado sus banderas, obedientes de este nuevo trato donde la política era cosa de expertos y la democracia había que cuidarla del manoseo populista y del enfado militar.

Creció el descontento de los estudiantes, de las regiones olvidadas. Salimos a las calles diciendo “No a Hidroaysén”, defendiendo nuestros ríos, parando Alto Maipo y Castilla, exigimos proteger nuestra tierra. Se levantó el malestar y cansancio de la gente adulta mayor que no tenía cómo vivir la vejez, de las y los pobladores que vivían hacinados, de trabajadoras y trabajadores que sufrían nuevas formas de explotación, y para las cuales las viejas organizaciones sindicales -dirigidas por los partidos de gobierno- no tenían respuestas. Nos manifestamos, llenamos las calles de colores, felicitaron nuestra creatividad, nuestra capacidad de instalar temas en la agenda. Parecía que ahora sí estábamos rozando la democracia, una hecha a pulso y, aunque estábamos molestos, al mismo tiempo estábamos un poco más alegres.

Pero como las leyes no se redactan en las calles, alguien tenía que llevar esas banderas al gobierno. Ahí volvió la presidenta, esa que prometió a las mujeres un nuevo horizonte, que se fue entre aplausos. Y si bien no eran las mismas banderas, prometió llevar al gobierno unas más o menos parecidas. Error. Chile había cambiado, había despertado, habíamos vuelto a llenar las calles, los que no habían cambiado eran los tecnócratas, los que hacían las leyes.

Con el retorno de la presidenta desembarcó en el gobierno un gabinete que venía directamente de los directorios de las principales empresas del país, y rápidamente fueron poniendo paños fríos a las demandas sociales. Estos nuevos expertos nos explicaban que había que proteger la democracia de los intereses populistas de la gente, era evidente que la prioridad estaba en la CPC, en el crecimiento, en la lógica de gastar poquito presupuesto fiscal para la gente. Pero para rescatar a las forestales, mineras, pesqueras y a las empresas eléctricas el dinero estaba a destajo.

Aparecieron las boletas falsas, financiamiento de campañas -incluso de las que se vendían como nuevas y de manos limpias-, raspados de ollas. Nos enteramos de cómo se redactaban leyes directamente desde los gremios empresariales. Vimos la puerta giratoria entre directorios de empresas, dirigencias de partidos y los principales puestos del gobierno. Y, en ese proceso, vimos cómo esas banderas, inicialmente parecidas a las originales, terminaron siendo como la Tomy Cola de las demandas que movilizaron al país.

Así entendimos que no bastaba con protestar, ahí fue cuando dijimos “no más”. No podemos delegar en otros la responsabilidad de terminar de construir un Chile alegre y democrático. Entendimos que tras los rostros amables que pretendían renovar la vieja política se seguían escondiendo los intereses de los financistas de los partidos, y ante eso, poco podían hacer sus militantes bienintencionados. Entendimos que el problema no era la democracia, si no que ella también había sido olvidada.

Entendimos también que las organizaciones que habían impulsado las coloridas movilizaciones sociales, debíamos superar las diferencias que por años nos dividieron para asumir la responsabilidad del desafío histórico de hacernos cargo de nuestro propio futuro; entendiendo que la diversidad será nuestra riqueza. Pero, por sobre todo, entendimos que estos mismos partidos, por sí solos, no bastaban, que la unidad era importante, pero siempre y cuando estuviera primero la unidad con la gente, porque el desafío es conquistar un Chile de derechos, plurinacional, feminista y radicalmente democrático; para que la alegría llegue, pero llegue para todos y todas.

Por eso acá estamos, hombres y mujeres de distintas edades; estudiantes, trabajadoras y pobladores. ecologistas, feministas, demócratas varios, liberales, humanistas, ciudadanos empoderados, estamos los que nos sentimos herederos de la larga tradición de la izquierda y los que no nos encasillamos en la dicotomía izquierda/derecha, pero todos con la misma convicción: construir la fuerza política transformadora que consolide los derechos de las y los chilenos.

A este esfuerzo le hemos llamado Frente Amplio. Un proyecto en construcción, diverso, que busca abrirse a toda la gente, los encantados y desencantados de la política. Que tiene como únicos límites la total autonomía respecto al poder económico y los poderes de la vieja política; y donde nos une la voluntad de, ahora sí, conquistar esa esquiva alegría prometida hace ya tantos años.

Mujeres y violencia

Mujeres y violencia

Columna de Camila Rojas, dirigenta de Izquierda Autónoma y precandidata a diputada por la V costa.

Publicada originalmente en El Lider

Menos sueldo, previsión social y salud más caras, trabajo dentro y fuera del hogar, son algunas de las cargas extras en las espaldas de las mujeres. Acompañado de esas situaciones cotidianas y que pasan por naturales, día a día sabemos de casos de maltratos, violaciones y femicidios: “Comerciante santiaguino fue detenido por golpear a su mujer”, “Prisión preventiva para garzón que atacó a su pareja con un cuchillo”, “Agredió a su pareja y luego la dejó en la vía pública” son algunas noticias de El Líder de los últimos días.

En todas sus formas, y como señala la Red Chilena Contra la Violencia hacia las Mujeres, la violencia en la vida de las mujeres es un continuo, que se expresa en las relaciones al interior del hogar y también en espacios públicos como la calle, el trabajo, el colegio o la universidad. El femicidio es el último eslabón de estas violencias, y refleja plenamente el sometimiento al cual estamos expuestas y el desprecio soterrado que existe por nuestras vidas. Uso de armas blancas, asfixias y quemaduras son las causas más frecuentes de las muertes de mujeres en manos de hombres reconocidos como quienes “las amaban”, mutilaciones, arranques de ojos o piel las más brutales. Para completar la postal muchas veces mujeres y hombres enjuiciamos con frases del tipo ¿Cómo iba vestida? ¿Qué tomó? ¿Lo habrá engañado? ¿Le habrá coqueteado? Hablar de amor y enjuiciar lo que provoca es 1) atenuar las responsabilidades de los agresores y 2) que las mujeres seamos señaladas como causantes de la violencia; ambas olvidan el carácter estructural de esta situación.

Cifras del Ministerio del Interior indican que una de cada tres mujeres chilenas ha vivido violencia física, sexual o psicológica por parte de parejas o ex parejas. Culparlas es el camino fácil, al contrario el camino difícil nos invita a reconocer que este es un problema social que supera lo que vive cada mujer, siendo necesario prevenir y sancionar; y que la legislación debe ir más allá del ámbito intrafamiliar, abordando todas estas violencias e identificando desigualdades estructurales y discriminaciones arbitrarias que las intensifican (situación económica, etnia, orientación sexual). Socialmente debemos comprender que las mujeres somos personas en sí mismas y para nosotras mismas y no para los hombres, teniéndolo claro nuestras relaciones serán sanas y no meros ejercicios de dominación.

Refichaje en partidos políticos

Refichaje en partidos políticos

Carta de Javiera Toro, Militante de Izquierda Autónoma

Publicada originalmente en La Tercera

Señor director:

A raíz de los escándalos de corrupción recientes, se aprobaron el año pasado leyes que aseguran mayor financiamiento público a los partidos políticos. Como contrapartida, se les exigió únicamente demostrar la cantidad real de militantes que tenían a través del refichaje de sus miembros.

Varios partidos, especialmente el PPD, incapaces de reencantar a sus antiguos militantes, presionaron al Servel logrando modificar el sistema de reinscripción (que ya se podía hacer de manera electrónica) para realizarlo por email. Con ello esperan mantener sus privilegios para postular candidatos, formar pactos electorales y acceder a financiamiento público, mientras la formación de nuevos partidos sigue sujeta a la obligación de reunir firmas ante notario.

A diferencia de lo que han sostenido los defensores de esta decisión, fortalecer el sistema de partidos no pasa por asegurar las posiciones que tienen hoy los de la Derecha y la Concertación, sino que la responsabilidad con la democracia llama a permitir la participación política de las grandes mayorías. Si partidos como el PPD no logran cumplir ciertos requisitos mínimos, nada justifica que sigan ocupando el espacio político que se les ha reconocido hasta ahora.

Con las recientes decisiones del Servel, lejos de terminar con las barreras económicas y burocráticas que dificultan la irrupción de nuevas fuerzas políticas, las nuevas leyes terminan reforzando la exclusión, ahora con más financiamiento estatal para los partidos constituidos.

Parece irónico que los tibios avances de la agenda de probidad del gobierno terminen obstaculizados por la subordinación del Servicio Electoral a los partidos, siendo que la primera – y grandilocuente- medida de esta agenda fue dotar de autonomía constitucional al organismo.

Se confirma una vez más que la recuperación de la política para la ciudadanía solo podrá venir de la mano de fuerzas de cambio que sean autónomas de los partidos del duopolio.

El modelo forestal chileno está fuera de control

El modelo forestal chileno está fuera de control

Frente Socioambiental Izquierda Autónoma

 

Dos grupos económicos llevan cuatro décadas dirigiendo una transformación social y ambiental de magnitud histórica en el centro-sur de Chile. El interés que los mueve no es otro que el crecimiento de sus capitales. Las ganancias obtenidas han puesto a tres miembros de la familia Matte y un Angelini en el ranking Forbes de los más ricos del mundo. La otra cara de su éxito económico son las condiciones propicias para el desastre: pueblos y ciudades que permanecen como islas entre plantaciones forestales, rodeadas de suelos cargados con desechos madereros combustibles y sequía.

 

El rol del Estado durante este proceso de transformación territorial ha quedado reducido a la canalización de recursos públicos para subsidiar la expansión del negocio forestal. La época de los subsidios partió en dictadura con el Decreto Ley 701 y atravesó todos los gobiernos de la Concertación hasta su suspensión hace muy poco, a raíz del destape de la estafa del “cartel del confort”, liderado por los Matte. No es que desde la Concertación hubiera voluntad política de terminar con los subsidios, sino que su mantención tenía un tono de complicidad poco conveniente para su mermada legitimidad.

 

Los incendios de este verano ya cobraron sus primeras víctimas fatales, hicieron desaparecer un pueblo entero y tienen a miles de personas bajo amenaza. Parte de nuestro patrimonio natural hoy corre el riesgo de desaparecer completamente: el fuego acecha las dos últimas reservas de flora y fauna nativa de la costa de la Séptima Región. Pero las forestales degradan el ambiente y empobrecen pueblos completos incluso sin incendios de por medio. La industria forestal concebida como un nicho de acumulación privado, bajo un modelo extractivista y subdesarrollado, representa en sí misma una crisis social y ambiental.

 

La magnitud del desastre y la predicción de que las condiciones favorables para el fuego se incrementarán durante los próximos años nos enfrentan a la raíz del problema: la industria forestal está fuera de control, y el duopolio no puede hacer nada al respecto. Nuestra crisis es la crisis de una política colonizada por el gran empresariado y subordinada a sus intereses. Los incendios nos vienen a enrostrar que los intereses de la sociedad han sido excluidos de la política estatal.

 

En el Chile de la transición una transformación racional y democrática del territorio es imposible. El gran empresariado dirige el destino del país sin ningún contrapeso. El Estado reducido a un carácter subsidiario no es capaz de incorporar los intereses de la sociedad en la planificación territorial. Ni siquiera puede ofrecer herramientas institucionales para coordinar la solidaridad y el trabajo voluntario que emergen transversalmente ante cada desastre. Todos estos esfuerzos quedan atomizados en iniciativas locales, y la organización se diluye en un modelo que disocia  la sociedad de la política.

Estamos ante el desafío de darle una proyección colectiva a nuestra solidaridad. Solo con el despliegue de una política propia, con autonomía del gran empresariado y la Concertación, lograremos poner fin a nuestra impotencia democrática para hacerle frente definitivamente a la crisis. Recuperar la política para los intereses hasta ahora excluidos de las grandes mayorías implica superar el Estado subsidiario y su transformación en una herramienta capaz de garantizar derechos sociales, participación y nuestro propio bienestar social.