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Editorial

Luego del discurso del 21 de mayo, y mucho más aún después de las primarias, el gobierno de Piñera en términos prácticos se acabó. Y junto con esto, comienza en gloria y majestad el asedio de la clase política por retomar los espacios que los últimos años el movimiento social les ha arrebatado. Asistimos a la famosa “fiesta de la democracia” con la cual los partidos buscan superar la resaca producida por los abusos de las fiestas pasadas, con pastillas de promesas ambiguas o reformas gatopardistas.

En este nuevo escenario, los movimientos sociales demuestran el aprendizaje de dos años de lucha por la reivindicación de sus derechos, mediante la unidad y cohesión en sus demandas junto a una movilización constante, estratégica, y que no flaquea ante las escaramuzas de los dominantes.

Sin embargo, este año es distinto a los demás: la asamblea de la burguesía -con sus partidos, medios de comunicación y actores sociales- dispone de un momento como el juego electoral, el cual puede aprovechar como un arma privilegiada para cerrar el debate nacional en torno a sus propias paredes y excluir al movimiento social del protagonismo ganado en la calle. Poco a poco los denominados “temas país” se encierran en los pasillos de edificios cerrados y se dosifican por goteo a una ciudadanía que es vista por ellos como meros clientes y espectadores

Es fundamental que los movimientos sociales y el estudiantil en particular elaboren una estrategia de movilización que se entrometa en los falsos acuerdos de un año electoral. Los movimientos transformadores que han surgido debemos hacer valer la confianza que la enorme mayoría de chilenos ha depositado en nosotros (en las calles y en cuanta encuesta aparezca) para defender los derechos de todas y todos, sin esperar la generosidad de los mismos que siempre han atentado contra ellos.

Es por ello que nuestro desafío es ser capaces de articular una política, un programa y en definitiva un proyecto de transformación social cuya exigencia base es que sea realizado por quienes han construido la organización del malestar que hoy se expresa cada vez más en forma propositiva.

En definitiva, un movimiento transformador no puede simplemente sentarse a delegar las soluciones en la clase política de siempre, ni tampoco caer en la cobardía de esconder la cabeza esperando que pase el temporal. El movimiento puede y debe ser él mismo la solución. Ello requiere plantearse seriamente como un alternativa al neoliberalismo tanto en el ámbito sectorial (educación, salud, trabajo), radicalizando las demandas y fortaleciendo la organización, como en el político, disputando y tensionando los actuales espacios institucionales sin ceder a los cantos de sirena de las dos grandes coaliciones. Así, hoy más que nunca, requerimos unidad en la acción de las fuerzas transformadoras contra la restauración de la vieja política de los consensos y su expresión social en el Estado subsidiario.

 

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Artículos:

1. Editorial

2. Este año: ¡a tomar en nuestras manos la educación que queremos!

3. Bienvenidos al capitalismo

4. El movimiento social ante la coyuntura electoral: El nuevo Chile está en movimiento

5. Marxismo: Cultura Libres antes de que fuera “Too Mainstream”

6. Multisectorialidad ¿Una cuestión de táctica o estrategia?

7. Entrevista a Mariela Calderón Saldoval, Presidenta de la Asociación Nacional de Pensionados