(artículo publicado en el segundo número de revista Contratiempo)

Comienza un nuevo año y la tensión que mantiene a varios sectores sociales en lucha no parece resuelta. Mientras más se acercan las elecciones presidenciales y parlamentarias, más se enmudece la clase política, careciendo absolutamente de iniciativa para tratar los conflictos sociales. Pero, en paralelo a su enmudecimiento público, vuelven las alianzas y se liman las asperezas entre sectores de la Derecha y la Concertación, para enfrentar una coyuntura eleccionaria que les permita mantener el status quo de la política.

En esta edición quisimos conversar con cuatros fuerzas políticas con presencia nacional y que hoy enfrentan el contexto anteriormente descrito. Estas orgánicas son el Frente de Estudiantes Libertarios (FEL), las Juventudes Comunistas (JJCC), La Unión Nacional Estudiantil (UNE) e Izquierda Autónoma (IA). Las visiones que aquí se plantean giran en torno a dos ejes centrales para la proyección política de la izquierda el 2013: cómo mantener agencia del movimiento estudiantil durante este año y proyectarlo para avanzar en sus demandas históricas, y cuál es la tarea de las fuerzas políticas revolucionarias frente al escenario 2013 en el contexto de elecciones presidenciales y parlamentarias.

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Frente de Estudiantes Libertarios (FEL)

Elecciones Presidenciales y Parlamentarias: tareas del movimiento estudiantil y las Izquierdas de intención revolucionaria.

Es de conocimiento general que el movimiento estudiantil pierde el protagonismo del 2011 durante el año recién pasado. La disputa parece haber tomado relevancia frente a la construcción, y posicionar nuestras demandas en la opinión pública -en eterno conflicto con los medios de masas- nos robó las fuerzas que pretendían regenerar una red de actores sociales bajo un horizonte común que se iba esgrimiendo paso a paso en contra del modelo neoliberal y la educación de mercado.

En ese escenario, luego del desencadenamiento del conflicto social, el gobierno toma la ofensiva ante los evidentes signos de repliegue del movimiento estudiantil. Allí la Ley Hinzpeter, la Ley de Pesca, las leyes sobre educación y otras toman fuerza en contraste con la satanización de los movimientos sociales.

Nuestra tarea es reconstituirnos como un actor que pueda conducir un proceso de cuestionamiento general al modelo y sus áreas de influencia, tomar en cuenta las apuestas legislativas del gobierno, como la nueva ley de financiamiento a la educación superior, y retomar la construcción y profundización de un petitorio nacional que convoque a todos los estudiantes, trabajadores y pobladores de Chile a pelear sus demandas en amplitud y ganarlas.

La Izquierda de intención revolucionaria no puede dejar de estar pendiente de la disputa en la democracia burguesa actual, puesto que es el desarrollo de la Sociedad de Estado-Capitalista la que, estando en cuestión desde nuestras corrientes, se debe evidenciar y trasladar a una generalidad del movimiento popular.

El escenario electoral es preponderante en la planificación de nuestras tareas como Frente de Estudiantes Libertarios. La disyuntiva con otras fuerzas pasa mayormente por si es un escenario de disputa o una condición del medio para seguir en nuestra senda de construcción.

Considerando la baja participación que está generando dicha democracia y la escasa representatividad de los partidos políticos expresada en las últimas municipales, donde la abstención fue de un 67% aproximadamente (La Tercera, 29 de Octubre de 2012), debemos darnos la tarea de reconstruir el tejido social que consolide esta crisis en una crítica al sistema democrático actual, volcando entonces la legitimidad a la organización popular por sobre la representativa burguesa.

Esto surge desde el entendimiento de que el escenario de elecciones no es de disputa y posibles avances para la construcción revolucionaria en Chile, sino más bien debe ser una condición del terreno, donde nuestra apuesta se ve potenciada, en disputa con el afán del reformismo por relegitimar el sistema y su institucionalidad como camino de construcción del Socialismo.

El actor primordial, el movimiento popular y la clase trabajadora, se ve como objeto de disputa entre la cooptación de sus incipientes reivindicaciones hacia un programa de gobierno reformista de nuevo tipo (La Tercera, 31 de Diciembre de 2012) y la opción que plantea la profundización de la organización, sus demandas y redes, constituyendo un actor preponderante a la hora de generar ganadas concretas en la dirección de un revolución Socialista y Libertaria.

Nuestra tarea como fuerza revolucionaria y de clase es estar en todas las esferas del movimiento popular, construyendo organización en pos de generar redes de solidaridad que exalten la conciencia de clase. Esto, evidenciando las mentiras del sistema político actual, que instrumentaliza al sujeto como sustento de legitimidad de un sistema de explotación y dominación capitalista, con una orientación clara y definida bajo un programa que debe nacer del seno del movimiento popular mismo y que pretenda la abolición de la Sociedad de Clases.

 

Pablo Cárcamo

@carcaravena

Concejero Fech

FEL U. Chile

 

Juventudes Comunistas

La impostergable tarea de transformar Chile

Consolidar estrategias de avance popular por parte de las fuerzas políticas revolucionarias en este período resulta una necesidad ineludible. Ineludible por las posibilidades de avance que nos entregan las frágiles fracturas del sistema neoliberal chileno, ineludible por el fortalecimiento de la organización y la movilización social e ineludible por la urgencia de transformaciones profundas que representen las aspiraciones de las grandes mayorías de nuestro país.

Cuando hablamos de transformar Chile no debemos subestimar lo que esta frase significa. La incapacidad de avanzar en transformaciones estructurales como el cambio de Constitución Política, el Código Laboral, soberanía respecto a nuestros recursos naturales, fortalecimiento de la educación y la salud pública –solo por nombrar algunas- no solo se debe a la fragmentación del movimiento social o al aislamiento de la izquierda chilena desde el último período de la Dictadura hasta la fecha, sino que también encuentra explicación en la consolidación hegemónica del sistema neoliberal chileno, amarrado hasta la última coma por una Constitución y un sistema político ad-hoc. No nos enfrentamos, por tanto, a un niño de pecho sino que estamos frente a una construcción que ha aguantado más de 30 años bajo distintas banderas y sucesivos cambios de mando y que solo ha mostrado importantes signos de debilidad y de deslegitimación estos últimos años.

En los conflictos de la educación, del trabajo, en los problemas medio ambientales, entre otros, se observa una debilidad que lejos de ser una crisis terminal para el modelo, representa principalmente una oportunidad histórica de avance para los sectores revolucionarios, que permita iniciar el camino de las profundizaciones democratizadoras y de transformaciones estructurales que el país necesita.

El contexto inmediato nos pide respuestas rápidas para la coyuntura política nacional, pero las necesidades históricas nos exigen altura de miras y, sobre todo, no poner delante la carreta de los bueyes. Definiciones de nombres o de alianzas para las próximas batallas electorales deben supeditarse por sobre cualquier cosa ante la necesidad de un programa que represente las aspiraciones de las grandes mayorías de nuestro país, pero principalmente ante la capacidad que tiene el pueblo chileno y el movimiento social, para asegurar las transformaciones estructurales que necesitamos.

La izquierda no debe ser ingenua y no debe pensar que nos enfrentamos a sectores neoliberales derrotados, pero debe tener claro que la capacidad de avanzar depende principalmente del fortalecimiento de la movilización y de las posibilidades de materializar esa energía en cambios profundos y radicales. Pero la izquierda tampoco puede taparse los ojos y desentenderse de la posibilidad y de la urgencia histórica de llevar adelante estos cambios. De nada sirve acumular y tener la fuerza social para producir transformaciones si no se generan las herramientas para llevarlas a cabo, como tampoco sirve generar las condiciones para transformaciones democratizadoras cuando no hay un movimiento social capaz de impulsar esta agenda.

Los desafíos, por tanto, son variados y no solo se circunscriben a las necesidades del contexto inmediato. Sin embargo, sean cuales sean los caminos a construir, éstos deben basarse en un sentido de urgencia y responsabilidad histórica que no podemos eludir como fuerzas revolucionarias. La mirada, entonces, tiene que estar puesta en la construcción de una amplia mayoría política y social que -con unidad y lucha- sea capaz de llevar adelante las transformaciones que nuestro pueblo necesita. No podemos apostar a menos que eso.

 

Rebeca Gaete Santelices

@RebecaGaeteS

Secretaría General FECH

Juventudes Comunistas de Chile

 

Unión Nacional Estudiantil

Movimiento estudiantil 2013: Tiempo decisivo.

El 2013 es un año importante para los diversos movimientos sociales que se han levantado en nuestro país, y más aún para el movimiento estudiantil en particular. Esto, porque se cruzan diversos elementos que seguirán colocando en la palestra pública el debate sobre la educación, que desde el 2011 ha significado la apertura de una llaga que los poderosos no han logrado cerrar, y a través de la cual han estallado diversos escándalos y problemáticas que han puesto en cuestión no solo a la educación que tenemos en Chile, sino también al modelo político, económico y social que domina nuestro país.

No podemos dejar de mencionar diversos escándalos que se pueden leer como daños colaterales de las protestas del 2011. Los escándalos de las acreditaciones, la Universidad del Mar, el cierre de colegios públicos y otros, nos muestran que las réplicas siguen dejando estragos en el bloque dominante y que las contradicciones que se expresan en la educación son tan grandes y evidentes que, pese a que la gente no esté masivamente en las calles hoy por el tema de la educación, éste sigue manifestándose de diversas maneras.

Como estudiantes debemos volver a instalar los ejes centrales de nuestra lucha en el debate público país. Para que esto sea efectivo, no es central solo el tener propuestas, sino que junto a esto se necesita a miles de personas en las calles y ésta debe ser la centralidad del 2013: la lucha en la calle. Ni el parlamento, ni las mesas de negociación, ni las propuestas técnicas nos darán la visibilidad y nos permitirán instalar los ejes de fondo que necesitamos que se discutan.

Por otro lado este año estará protagonizado por las elecciones presidenciales. Este dato no es menor ni nos es indiferente. En estas elecciones será inevitable que el tema de la educación ocupe un rol importante en las campañas y debates. En la edición especial de La Tercera 2012-2013 sobre el panorama presidencial se señalaba que “tras dos años en que la temática ha copado la agenda política, la presidencial aparece como una suerte de plebiscito para las consignas que se han instalado al calor de las manifestaciones, como educación gratuita o fin del lucro”. Podemos observar que los de arriba lo saben y se preparan para eso.

El movimiento estudiantil no debe estar apto para estratagemas que diluyan la crítica y la radicalidad que hemos ganado. Y ante esto debemos ser claros frente a nuestros padres y ante la opinión pública en general: La Concertación no es la alternativa.

Es sumamente relevante que el movimiento estudiantil comience a dibujar proyecciones estratégicas que permitan superar el estado de cosas actuales. Para esto es importante que el movimiento estudiantil siga haciendo hincapié en la necesaria vinculación con otros movimientos sociales y en específico con los trabajadores como actor central en un nuevo proyecto de transformación social para Chile. Sin embargo, esto por sí solo no basta. Es importante que comencemos a pensar hacia dónde se dirigirán los esfuerzos que se levantan en la actualidad.

Éste es el gran desafío que tenemos ante nuestros ojos y que está planteado para nuestra generación. Para que toda nuestra fuerza no sea una simple anécdota, es necesario plantearse estos elementos desde ya y no para un futuro indeterminado o para cuando nuestras fuerzas estén en un estado óptimo. El 2013 puede ser un buen punto de partida para estas experiencias.

¿Qué hace la juventud para posibilitar la emergencia de alternativas reales? La juventud tiene una enorme responsabilidad, pues tiene la legitimidad, la fuerza y la organización para actuar como un polo de atracción, como un centro de gravedad para la izquierda que aún se encuentra excesivamente fragmentada por todo Chile. Aquí se encuentra un desafío gigantesco para las organizaciones e individuos que participan del movimiento estudiantil, pero que comprenden que es necesario avanzar en transformaciones mucho mayores.

 

Sebastián Farfán Salinas
@sebafarfans

Encargado Político Unión Nacional Estudiantil

Izquierda Autónoma

2013: A sentar las bases para cambiar Chile

Durante los últimos años, bajo la consigna “Educación pública, gratuita y de calidad”, llenamos las anchas alamedas y dejamos en claro que para nosotros no hay vuelta atrás. Nuestras ganas, sin embargo, no han sido suficientes frente a un gobierno y una clase política que han hecho lo imposible por desactivar totalmente el conflicto educacional y cerrar las puertas que el movimiento social ha ido abriendo paso a paso.

Tras dos años de movilizaciones, no hemos logrado profundizar la concreción de nuestras demandas como hemos querido. Pero aun así, hemos impedido un cierre total del conflicto. A pesar de todas las dificultades y el cansancio, sólo la capacidad que tuvimos de mantener viva la llama de la movilización, logró impedir la imposición de toda la agenda neoliberal de Beyer y compañía.

Este año 2013 habrá cosas importantes en juego. Cualquier intento de avance de los dominados requerirá de un movimiento estudiantil fortalecido y organizado. Para esto, una tarea fundamental es consolidar la unidad en su interior, evitando a toda costa la dispersión y los caminos paralelos, haciéndonos todos los actores de la educación parte de la misma pelea, trabajando en conjunto por generar movilizaciones y demostrar la plena vigencia de la reivindicación estudiantil.

Pero no solamente los estudiantes debemos mantener nuestras banderas en alto. Las demandas de los distintos actores sociales que se han expresado los últimos años no pueden reducirse a meros rellenos en un programa presidencial. Posicionar hoy la lucha por los derechos de todos (a la educación, a una vivienda digna, salud pública gratuita, trabajo y previsión justa, entre otros) es un punto de partida indispensable para proyectar al movimiento social más allá de este 2013, sin importar quién gobierne.

Sin embargo, para todas estas tareas nos enfrentaremos a una coyuntura electoral que no se puede soslayar. Un escenario en el cual las dos coaliciones, más allá de sus diferencias formales, convergerán en su objetivo común: actualizar la “política de los acuerdos” y mantener intacta la acumulación capitalista y el carácter subsidiario del Estado.

En dicha situación las presiones estarán a la orden del día. Como movimiento no podemos entregarnos a los chantajes de quienes han sido productores directos de la mercantilización de cada aspecto de nuestras vidas. Intentarán cooptarnos con ofertones y la promesa de un programa de gobierno, suponiendo que ahora sí que la alegría llegará. Lo han hecho en otros momentos de la historia. Ahora no tendría por qué ser la excepción.

Vendernos no es una opción. Pero tampoco lo es omitirnos y hacer como si el escenario no existiese o si la centralidad fuera el votar o el no votar. El capitalismo y las fuerzas que lo conducen, son lo que son, no porque prohíban o repriman esfuerzos alternativos, sino que fundamentalmente porque crean, generan y construyen consensos, posiciones y estilos de vida. Frente a este escenario nuestros esfuerzos creativos para interpretar las actuales condiciones de lucha son esenciales.

Respecto a la coyuntura electoral, nuestra respuesta debe ser ofensiva. Demostrar que el malestar acumulado por años de promesas y explotación sólo está dispuesto a construir referentes y alternativas que le sirvan al pueblo, tanto para lograr avances en sus demandas como para hacerle frente a la profunda despolitización ejercida desde los dominantes.

Las acciones que realicemos pueden tener muchas formas, pero su objetivo central debe ser uno: robustecer el movimiento social y proyectarlo de manera autónoma hacia la política, sin esperar la generosidad de los actores de la política tradicional. Enfrentar el 2013 sin cortoplacismo es nuestro desafío. Pensar en el 2014 y en los años venideros es nuestra apuesta.

Diego Corvalán

@diegocorvalan

Encargado Político Estudiantil

Izquierda Autónoma