De convicciones y deberes

Por una nueva política para Chile

Izquierda Autónoma ante la situación nacional

 

Chile transita por tiempos de incertidumbre. Un incómodo malestar recorre hogares, lugares de estudio y de trabajo ante el sometimiento de cada vez más aspectos de nuestras vidas a los designios del mercado, mientras el monopolio sobre el sistema político por parte de los intereses más codiciosos socava la confianza ciudadana en representantes e instituciones. Es un hartazgo profundo y extendido con la aguda privatización de las condiciones de vida, la emergencia de nuevas formas de exclusión y desigualdad y la sordera de una política que no parece interesada en nada más que mantener las cosas como están.

Semana tras semana, a medida que las elecciones parlamentarias y presidenciales se aproximan, en lugar de ofrecer soluciones a dichos problemas la política tradicional sigue desnudando la degradación de sus partidos, reducidos a burocracias sin más perspectivas que servirse de la administración pública, mientras la disputa de proyectos colectivos es superada por carreras individuales sin más dirección que la dictada por los cálculos electorales. No se observa en las dirigencias políticas ningún sentido de la responsabilidad, idea trascendente o propósito serio. Las paraliza una excepcional frivolidad ante los problemas comunes y una desvergonzada flexibilidad para acomodarse a las presiones de los poderes fácticos.

Pero el tragicómico panorama político contrasta con la refrescante irrupción de distintas fuerzas sociales, que aunque encabezadas por los estudiantes, rebasan el problema educacional para abarcar diversas dimensiones del orden vigente. La demanda por conquistar derechos universales y revertir la sumisión de la política al dinero, para construir una democracia más plena, pone en entredicho los pilares del legado dictatorial, reclamando un nuevo de tipo ciudadanía y Estado como respuestas a las inquietudes del Chile actual. Es, por la naturaleza de ese impulso, una oportunidad inédita para escribir las primeras líneas de un nuevo capítulo de nuestra historia.

 Esa oportunidad está abierta, pero en ningún caso asegurada. El impulso de las luchas sociales puede ser desarticulado y su potencial ahogado a manos de un reacomodo que eluda el desafío de romper la heredada y perfeccionada camisa de fuerza pinochetista. Por eso es que los nuevos movimientos cargamos una enorme responsabilidad sobre nuestras espaldas. Ejercer esa responsabilidad hoy significa romper con la añeja y fracasada costumbre de delegar, por acción u omisión, nuestra representación en la alicaída casta política de la transición, para tomar en nuestras manos la tarea de forjar una política propia.

El silencio y la negación no son respuestas posibles ante los decisivos momentos que se avecinan. La automarginación sólo facilitará los intentos de mantener el estado de cosas actual. Muchos serán convidados, bajo la amenaza de quedar “fuera”, a decorar las viejas coaliciones, para con nuestra fragmentación maquillar su decrepitud. Nuestra generación no puede ser sangre nueva para viejas derrotas. La única alternativa consistente con el impulso de las fuerzas sociales del nuevo Chile es crear, con unidad y autonomía, una nueva política que teja una amplia alianza con todos los intereses que han sido excluidos en la política de la transición, y se haga presente allí donde no es bienvenida.

Desde nuestra formación, en Izquierda Autónoma hemos sabido que ni la pura movilización social ni los instrumentos políticos existentes bastan para imponer una voluntad histórica de cambio profundo. Nada importante han aportado tampoco los juegos de los díscolos de ocasión y las aventuras personalistas. Los que vienen sólo serán tiempos de transformaciones sustantivas si trabajamos por la maduración de un nuevo proyecto político, objetivo que no puede eludir la necesidad de reimaginar y refundar la izquierda. Ningún cálculo pequeño o afán particular puede, por lo tanto, sobreponerse a esa titánica pero fundamental tarea, condición para la superación de los mezquinos términos de la política imperante.

Con la mirada puesta en ese horizonte es que vemos la encrucijada actual como una oportunidad para proyectar el impulso refundacional de las recientes movilizaciones sociales. Gracias a las crecientes luchas por el derecho a la educación y la salud, por el medioambiente y las libertades civiles, por la descentralización y la igualdad étnica, social y de género, miles han recobrado la esperanza. Esa esperanza, que ha sido fuerza moral amplificadora de los límites de lo posible, debe traducirse en profundos cambios sociales. Es con ese desafío que Izquierda Autónoma está comprometida.

Sabemos que este esfuerzo no empieza ni acaba con nosotros. Sabemos que no estamos solos. Son miles los que a lo largo de todo Chile han decidido romper con la apatía y tomar en sus propias manos la construcción del futuro. Sabemos también que no venimos con verdades reveladas y que más de una vez tendremos que enmendar el rumbo. Pero hoy es tiempo de atreverse. De ofrecer, con la misma rebeldía que cultivamos en calles, liceos y universidades, nuestro aporte a la construcción de una nueva política

Es en este contexto de convulsión entre lo viejo que se resiste a desaparecer y lo nuevo que no termina de nacer que Izquierda Autónoma presentará candidaturas parlamentarias independientes, en los distritos de Ñuñoa-Providencia, Valparaíso y Magallanes. Trabajaremos por la creación de una convergencia de candidaturas independientes, que comprometidas con un programa de transformación y liberadas de las ataduras de los alicaídos pactos electorales, vuelva ineludible la concreción de los cambios que reclama la sociedad chilena.

Nos presentamos ante la ciudadanía con ganas de escuchar y aprender, y con la plena conciencia de que la política ya no puede pertenecer a los patíbulos de un poder que languidece, sino a todos quienes están dispuestos a crear un nuevo Chile desde las entrañas de cada rincón de nuestro pueblo. Ese es el desafío al que nos empuja la histórica gesta del movimiento social del cual hemos sido parte y con cuyas metas estamos de por vida comprometidos.

Con la esperanza intacta

Mayo de 2013