Izquierda Autónoma ante el resultado de las elecciones municipales 2012

Las fuerzas que apostamos a la construcción de un nuevo Chile no podemos guardar silencio ante el resultado de las elecciones municipales. Menos cuando la vieja política busca evadir las razones de la enorme abstención, que con un 59 por ciento, las sitúa como las elecciones menos votadas de la transición a la democracia. Se trata de un hecho histórico, que no hace sino confirmar lo que las recientes luchas sociales, en particular la estudiantil, ya habían estampado con claridad: la creciente pérdida de legitimidad del pacto que nos gobierna.

Ninguna de las principales coaliciones, a favor de las cuales está diseñada esta arena electoral, pudo convocar a la ciudadanía. Es el resultado de su descrédito y de la agonía de esta democracia como ejercicio de soberanía. Sus candidaturas aparecieron a los ojos de la gente como una telaraña de vacíos intereses echando mano al carisma, el populismo y hasta la farándula antes que a propuestas sustantivas para captar su voto.

El resultado es innegable: cuando para la ciudadanía no hay nada en juego, votar carece de sentido.

Ante este escenario nuestra decisión fue desobedecer. Con la abstención activa, en tanto herramienta legítima de expresión de descontento, allí donde no habían apuestas con potencial refundador. Y con nuestro voto consciente allí donde las había, como fue el caso del honesto esfuerzo de izquierda que encabezó Mauro Tamayo en Cerro Navia o los distintos luchadores sociales que se presentaron a concejales como Rosario Carvajal en Santiago; María Méndez en Peñalolén; Héctor Luna en La Reina; y Christian Leiva y Luis Aguirre en Valparaíso.

Dichos procesos nos parecen prometedores, como también el generado en torno a la candidatura de oposición en Providencia, al cual apoyamos, aunque se enfrente a una disyuntiva que pronto deberá sortear: si contribuir con su capital social y político a la construcción de alternativas refundadoras de la política o quedar subordinada a los intentos de blanquear el proyecto neoliberal de la Concertación.

A quienes triunfaron entre ellos nuestras felicitaciones y a quienes no obtuvieron resultados satisfactorios nuestra solidaridad de cara a los desafíos futuros.

El que más de siete millones y medio de personas se haya restado de estas elecciones a nivel nacional es un claro síntoma del hartazgo ciudadano con los actores y los términos de esta democracia antipopular. No nos equivoquemos, esto no es motivo de celebración. A pesar de que fue la ciudadanía movilizada y los estudiantes quienes logramos acrecentar el desprestigio y aislamiento de los alcaldes de la derecha más retardataria, fue la Concertación la que terminó capitalizando dicho rechazo ante la incapacidad del movimiento de construir alternativas propias.

Lamentablemente la apuesta de la izquierda tradicional, en particular del Partido Comunista, tampoco logra producir lo que propone, a saber, un reordenamiento de fuerzas al interior de la Concertación favorable a supuestos sectores progresistas y antineoliberales. No consigue un aumento significativo de su fuerza propia, ni presiona por respuestas claras a los elementos políticos de las demandas sociales. Por el contrario, contribuye con el capital político y electoral de su historia y sus figuras sociales a legitimar un segundo aire para una Concertación que rehúye la autocrítica y confirma su compromiso con el status quo.

La escandalosa abstención y el avance relativo de la Concertación en estas elecciones municipales no pueden ser motivo de satisfacción para las fuerzas transformadoras. Pero tampoco de desamparo. La desafección popular con la Derecha y la Concertación y la incidencia de la conflictividad social en el curso de la política, son también una oportunidad para los esfuerzos con voluntad de representar y defender los intereses mayoritarios hoy excluidos. El desafío en adelante es transformar la decrepitud de la vieja política en fuerza y vitalidad propia.


Entre la izquierda honesta, los movimientos sociales con vocación de poder y las auténticas apuestas democráticas, unos apostaron al camino propio, otros a la alianza con sectores críticos de la Concertación y muchos se ausentaron de la disputa electoral. Ante la derrota de estos intentos, pero el tremendo potencial demostrado por las nuevas luchas sociales y el desapego popular con la vieja política, creemos que el desafío de cara a las contiendas políticas venideras es la convergencia, para proyectar la potencia refundadora de la política como una alternativa para las aspiraciones mayoritarias.

Izquierda Autónoma – Octubre 2012