La movilización feminista que ha sacudido al país durante los últimos meses ha permitido cuestionar las conductas sociales y estructuras patriarcales que operan como mecanismos de opresión hacia las mujeres. Y gracias a esta protesta, también se ha objetado la división sexual predominante en la sociedad, caracterizada por una idea de género binaria, heterosexual y profundamente machista.

Esta reflexión interpela también a todas y todos quienes no calzamos con los estrechos márgenes de la heteronorma y el binarismo, y que nos agrupamos en torno a la disidencia sexual. Creemos que el feminismo debe apostar a un articulación social amplia, en ese sentido, nuestras luchas también deben hacerse parte de dichas reflexiones y del movimiento, avanzando para conseguir su bienestar y realización, ampliando la democracia y cuestionando profundamente el modelo de sociedad mercantilizado del Chile de hoy, que ante la falta de derechos, precariza la vida, sobre todo la de mujeres y disidentes sexuales.

Las disidencias sexuales habitamos fuera de esos márgenes, fuera de las categorizaciones sexuales posibles que la dominación capitalista y patriarcal ha construido para producirse y reproducirse a sí misma y en tanto ello hemos sido condenadas a habitar los márgenes de una sociedad excluyente, sujetas no reconocidas, marginales, dueñas de derechos negados, inexistentes en el mundo real, obligadas a las sombras. La precarización de la vida y la exclusión es una constante cuando las distintas identidades y sexualidades carecen de derechos sociales.

Hoy participamos de una nueva Marcha del Orgullo sabiendo que esas condiciones no existen: la discriminación, vulneración laboral, agresiones e incluso asesinatos siguen siendo parte de nuestra realidad y las organizaciones tradicionales de diversidad sexual siguen siendo espacios profundamente masculinizados en su composición y en sus lógicas, cuyas demandas responden a una perspectiva de inclusión limitada a una elite y determinada por los márgenes del mercado y la capacidad de consumo, careciendo de profundidad para subvertir el modelo, estando todavía muy al debe con el feminismo transformador que buscamos construir en los movimientos sociales.

Lamentablemente, el Gobierno no hará nada por revertir eso. La propuesta del Ministerio de la Familia es una arremetida conservadora que podría validar un estereotipo de familia que nos excluirá aún más, modelo que el feminismo ya nos ha demostrado que no es más que una obligación impuesta por el capitalismo en su necesidad de controlar una mano de obra dispuesta a ser explotada. En esa sexualización de nuestras vidas el modelo ha definido realidades posibles, ha feminizado y masculinizado nuestros quehaceres y roles, definiendo quienes acceden a posiciones de poder y quienes deben obedecer, poniendo a algunos en espacios públicos y a otras en espacios privados. A ello se suman los esfuerzos de la nueva derecha, que intentan representar una diversidad sexual higiénica, meritocrática y con acceso al mercado, que deja intacto el modelo capitalista y patriarcal que nos explota y oprime.

Hoy las disidentes sexuales en Izquierda Autónoma nos tomamos la palabra y la acción; porque creemos que es la izquierda quien debe construir ese futuro que soñamos, nos tomamos la palabra para bañar de disidencia todos los espacios. Hoy marchamos por el orgullo de nuestras historias, por el orgullo de nuestras luchas, marchamos con la frente en alto y la vista puesta en un futuro aún por conquistar.

 

Disidentes de Izquierda Autónoma

Junio de 2018