Mariela Calderón Sandoval, Presidenta de Asociación Nacional de Pensionados

“Los que defienden las AFP, nunca han trabajado”

“Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado (…) a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad”. El artículo 25º de la Declaración Universal de Derechos Humanos fue el inicio de la exposición de la Asociación Gremial Nacional de Pensionados y Pensionadas del Sistema Privado de Pensiones de Chile (ANACPEN) en el Seminario “AFP: Ajuste o Reforma. Por pensiones dignas” organizado por el Senado.

Con menos de seis meses de existencia, la ANACPEN se ha hecho un nombre entre las numerosas organizaciones sociales que día a día pelean por recuperar los derechos sociales del pueblo chileno. Su presidenta, Mariela Calderón, nos cuenta acerca de la experiencia de su organización y las esperanzas de personas para las cuales ninguna edad es suficiente para dejar de luchar.

Previsión solidaria y con participación de los pensionados

Cuéntenos un poco acerca de cómo les surge la idea de armar esta organización, desde dónde nace la iniciativa, bajo qué motivaciones.

Levantar esta organización fue “una volá” (risas). Personalmente tenía las ganas de hacer algo desde que trabajaba como profesora en el Barros Borgoño y el 2008 me obligaron a jubilar, y al ver mi pensión después de haber trabajado tanto, y las de las otras colegas, empezamos a hablar de cifras de 180-200 mil pesos después de haber ganado 700-800. Ahí fuimos varios los que dijimos “aquí hay que hacer algo”.

La oportunidad se presentó a fines del año pasado. Yo estaba en el Metropolitano del Colegio de Profesores, que estaba afiliado a la Central de Pensionados de Chile (CUPEMCHI), y la presidenta regional me dice que se necesita alguien que trabaje con ellos porque estaba muy de capa caída. Fue poco a poco llegando gente, de incluso lugares que yo ni pensaba, de sindicatos de la Contraloría, de Impuestos Internos, etc. Así hasta que logramos en Noviembre hacer una asamblea constituyente y en Diciembre ser publicados en el Diario Oficial.

¿Y desde entonces qué tipo de iniciativas han tomado?

Lo primero que hicimos fue mandar cartas a todas partes, a los senadores, diputados, instituciones, organizaciones, anunciando que estábamos formados. Hasta que nos invitaron a exponer en la Comisión de Previsión Social del Senado. Y justo nos encontramos ahí en esa exposición con Guillermo Arthur (N. de la R.: Presidente de la Asociación de AFP y ex ministro del Trabajo de Pinochet 1988-89). Ahí la vicepresidenta nuestra lo emplazó, le dijo que eran unos sinvergüenzas, qué no le dijo (risas).

Mandamos también una carta al Presidente, ¡y nos contestó! Nos mandó a hablar con Mónica Ilse, la asesora en el Ministerio del Trabajo de Iglesias, que es el Director del IPS. Nos atendieron muy bien, anotaron todo lo que dijimos, pero no hemos recibido respuesta ni han dado nada hasta hoy.

Hace algún tiempo les tocó exponer en el Senado. ¿Cuáles son las principales demandas y propuestas que han trabajado y expresaron en dicha presentación?

Pensando en ustedes, la nueva generación, aspiramos a que se cambie el sistema, no a una “AFP modelo”, no queremos ver metidos capitales privados que finalmente son los únicos que se benefician. Aspiramos a un sistema de reparto, solidario, y con presencia de los pensionados en el Directorio del organismo estatal que lo administre. Esto no es ninguna locura si uno considera el dato que aporta Manuel Riesco: las AFP en total reciben cerca de cuatro billones de dólares al año, y con sólo uno de esos billones podría sostenerse un sistema de estas características.

Pero además de esto, y pensando en nuestra generación, estamos pidiendo una reparación. La gente que jubila hoy lo hace en una situación aún peor que los que trabajábamos antes del 81, porque en ese tiempo nos dieron un “bono de reconocimiento”, aunque se lo pasaron a las AFP y ellas lo administraron y determinaron arbitrariamente el monto, pero los que jubilan hoy no tienen ni siquiera eso.

Además, el año 93 se aprobó un aumento de las cotizaciones a los pensionados que aún quedaban en el sistema público (IPS), para permitir que jubilaran con entre el 70% y 100% de su sueldo en actividad. Ahí el Congreso se comprometió a hacer un aporte igual a los pensionados en AFP (Ley 19.200), pero eso nunca se cumplió.

Otra cosa que demandamos es que se elimine el descuento de 2% de FONASA a todos los jubilados, ganen lo que ganen. Ese 2% corresponde a licencias médicas para empleados, y obviamente los pensionados no usamos licencias. La ley de Piñera venía con la letra chica del famoso 7% tiene la letra chica de que pasado cierto nivel de ingreso (150 mil aprox.) no se puede acoger a ese descuento.

“El Estado debe apoyar a los trabajadores”

Como trabajadora le tocó vivir el año 81, donde se implementó la reforma que creó las AFP. ¿Cómo recuerda usted ese proceso, en que un día le dijeron que debía colocar todo su ahorro previsional en una empresa administradora?

El año 81 en dictadura, todo era cruel y muy terrible para los trabajadores, no podíamos hacer sindicatos, no podíamos estar organizados, ni nada. El gobierno necesitaba plata y echó mano a todo ese dinero que estaba en las antiguas “cajas” agrupadas en el INP. No fue una previsión, fue un “ahorro forzoso” que nos hicieron hacer.

Según ellos el cambio fue “voluntario”, pero lo hicieron con amenazas, trampas, mucha propaganda en televisión (que pagamos todos nosotros), muchas idas a terreno a las empresas, anduvieron en todas las ciudades diciendo que era lo máximo, la maravilla, que íbamos a ganar lo que quisiéramos en nuestra previsión. Incluso hubo una propaganda de humoristas en que se burlaban del “amermelao” que se iba a quedar fuera de esto, que iba a ganar todo lo que quisiera.

Y la gente confió.

Aunque no todos. Mucha gente no quería cambiarse, sobre todo la de más edad, pensando que ya estaban a punto de jubilar, además que al ver al dictador muchos pensábamos que de ellos no iba a venir nada bueno. Pero uno veía aparecer ahí a José Piñera, a Guzmán, alguna gente pensaba “bueno, son civiles, cómo van a ser tan malignos”. Y si, que Dios me perdone, pero eran malignos.

En mi caso particular, yo trabajaba en ese tiempo en CODELCO, y nosotros no nos cambiamos: nos cambiaron. CODELCO llegó y nos dijo “vengan, firmen esto, y se acabó”. Y en muchas empresas del Estado lo hicieron así. Y en otros, por ejemplo en los colegios, los presionaron los directores para que se cambiaran.

Pero sí, es cierto que en buena medida mucha gente confió. Y es que lo presentaron como la maravilla, además te vendían que te iba a bajar la cotización y con eso ibas a ganar más en tu sueldo ahora presente. No nos dijeron además que eso iba a dejar al trabajador abandonado a su suerte, porque antes también el empleador ponía una parte, lo mismo el Gobierno, era tripartito el sistema.

Los defensores de las AFP a la hora de justificar las bajas pensiones suelen “pasarle la pelota” a los trabajadores. Se argumenta que hay mucha gente que no cotiza o lo hace por tiempos muy breves, como también que no se informan lo suficiente para cambiarse a las AFP más baratas y así hacerlas bajar sus comisiones. Qué señalaría ante este tipo de razonamientos.

Los que defienden las AFP nunca han trabajado en su vida. Esa mirada sólo puede venir de personas que viven en una esfera de comodidades y derechos que sólo tienen ellos. Es irreal pensar que un trabajador que gana el mínimo, que apenas le alcanza para subsistir con su familia e hijos, va a disponer de dinero para armarse él, por sí solo, una buena jubilación.

A esto además se suma que tenemos leyes laborales con las que te pueden echar por cualquier cosa, porque la empresa ya no te necesita por ejemplo. Y esa gente que queda cesante y vive a punta de “pololitos”, que con suerte gana 30 mil al día para mantener a su familia, ¿de dónde va a sacar plata para cotizar? Con bajos salarios e inestabilidad laboral no se puede.

Por cierto que también hay algunos profesionales independientes que no cotizan (contadores, abogados, etc.), pero no da para ese tipo de argumentos tan injustos y absurdos. El Estado debe estar ayudando al trabajador, y los sueldos deben ser suficientes para vivir con dignidad. Eso es un piso mínimo para cualquier cosa.

El año 2008 se comenzó a implementar un proyecto de “reforma previsional”, basado en el establecimiento de una pensión básica asistencial para casos críticos. Qué balance haría de ese proceso, sirvió de algo, mejoró la calidad de las prestaciones, algo.

En la AFP a los pensionados que se acogieron a este sistema de “renta programada” se les acaba la pensión, porque ellos suponte que tienen 30-40 millones y les sale una pensión de 120 mil pesos, y ellos programan 10 años, después de esos 10 años dicen “me voy a morir”. Y finalmente se les acaba. Ahí el Estado le da una pensión de gracia, de 89 mil pesos, hasta 100 creo que hay.

Eso igual arregla algunas miserias que habían en ese tiempo, tal como las hay ahora. Entre tener y no tener 89 mil pesos ayuda. Pero no es una reforma que impactara al conjunto del trabajador ni se acerque a resolver el problema de los pensionados.

“Si no lo hacemos nosotros, nadie lo va a hacer”

¿Qué es lo que mueve a una persona de 67 años a dedicar tiempo y energía a levantar una organización y dar una pelea como esta?

Sobretodo pensar en las generaciones nuevas, en especial mis hijos. Un día, poco después de que me obligaron a jubilar del Barros Borgoño, le dije a mi hija que revisáramos cuánto tiene en la AFP. ¡Tenía como 3 millones, habiendo trabajado ya 10 años! Para que te hagas una idea, uno para tener una jubilación de 200 mil pesos tiene que tener cerca de 50 millones de ahorro.

Y además uno nunca termina de impresionarse cuando ve ejemplos tangibles de estas cosas. En la presentación que hicimos en el Senado me tocó mostrar un caso impresionante (de los muchos que juntamos). Por un lado, un profesor con 40 años de servicio que es pensionado del IPS, y salió con el 70% de su sueldo en actividad, equivalente a 940 mil pesos mensuales. Y por otra parte, otra colega, con 37 años de servicio, hoy gana 117 mil por AFP. Esto mostré yo en el Senado, no podían creerlo.

Para cerrar, ¿qué posibilidades ven de que se realicen en el mediano plazo las reivindicaciones que han levantado ustedes y otros actores sociales en los últimos años?

Hoy poco a poco las demandas nuestras han pasado a estar contemplado como tema en el Congreso. Pero ahí somos nosotros, la ciudadanía, la que tiene que intervenir. Yo creo que hay posibilidades porque la ciudadanía ya tomó conciencia. Nosotros hemos ido a hablar con todo tipo de organizaciones, mandado cartas a todos lados, hemos ido a todas las marchas estudiantiles y de otros sectores. Y uno ve como toda la gente empieza a darse cuenta de lo que está pasando, antes no sabía.

Por eso a la gente que quiera integrarse a nosotros que venga. Tenemos que seguir luchando, seguir en esto hasta que consigamos los cambios necesarios. Si no lo hacemos nosotros nadie lo va a hacer.

 

José Miguel Sanhueza

@albohemio