2013 no es un año cualquiera para el movimiento estudiantil. Después de la gran  incidencia que tuvo durante los dos años anteriores, y de lo mucho que logró debilitar los consensos establecidos por la elite política del país, en las elecciones que se vienen existe un gran riesgo: que esta élite logre volver a ordenarse y generar un nuevo pacto de gobernabilidad, amenazando con apropiarse de lo que el movimiento representa, y por lo tanto, con hacernos retroceder buena parte de lo que hemos avanzado.

Ante esto resulta crucial que los estudiantes salgamos a la ofensiva, ratificando que nuestro proyecto es opuesto al que se ha implementado las últimas décadas en Chile, porque entendemos la educación es un derecho social y no un mero bien de consumo individual. Una noción de educación y sociedad muy distinta a la que impera en los dos bloques neoliberales, Alianza y Concertación, llenos de intereses e ideas de sociedad incompatibles con los anhelos que hemos expresado. No podemos ser sino el mismo movimiento estudiantil el que tome en sus manos la tarea de impulsar el proyecto que defiende, enfrentando la coyuntura con autonomía política y saliendo de ella con la misma fuerza que ha demostrado hasta ahora, perspectivando un movimiento estudiantil y social que continue los años venideros.

¿Por qué este año es importante para el Movimiento Estudiantil?

Los niveles de apoyo y transversalidad que ha tenido el movimiento estudiantil son conocidos por todos. Su capacidad para interpretar a la gran mayoría de los chilenos le ha servido para que esa mayoría comparta las demandas y el proyecto educacional que hemos representado. Y es que en la educación se manifiesta de forma paradigmática el tipo de contradicciones que se viven de manera más patente en nuestro país.  Las precarias condiciones de vida y la inestabilidad que entrega el modelo neoliberal, intentan ser legitimadas con la promesa de  que, a través de la educación, se podrá tener una situación cualitativamente mejor que la de nuestros padres. Y cuando esa promesa se revela falsa, y el movimiento estudiantil es quien devela esa mentira, entonces se vuelve el representante del malestar que vive el pueblo.

Pero la dominación no se queda de brazos cruzados frente a esta amenaza del movimiento social por la educación. Y este año, cuenta con una oportunidad inmejorable para recuperar el terreno que le han hecho retroceder las movilizaciones: las elecciones parlamentarias y presidenciales.

Ya nos ha tocado ver durante el año como, en la medida que la agenda nacional es copada por los candidatos, la visibilidad del movimiento estudiantil pierde terreno. Es durante este contexto eleccionario en que ambas coaliciones buscarán legitimarse a través de la apropiación del malestar y de las demandas que se comenzaron a enarbolar hace años. Los oportunismos vendrán desde todos los frentes, algunos aparecerán hablando de la “protección a los consumidores y a las capas medias”, mientras que otros nos invitarán a construir “una nueva mayoría para Chile”, con varios de los titulares de las demandas y banderas que el movimiento social ha enarbolado, pero despojándolas de su contenido y su capacidad de cuestionar directamente el modelo.

Entonces, ¿qué podemos hacer como movimiento estudiantil este año?

Consideramos fundamental mantener el conflicto educacional abierto, para así posibilitar que las movilizaciones masivas continúen desde el comienzo del próximo gobierno. Con ese objetivo, debemos mostrar que las alternativas presentadas en las elecciones no ofrecen respuestas satisfactorias al problema educacional, y dando a entender, tanto al interior del movimiento, como a las familias que lo apoyan, que el proyecto de educación que representa el sector movilizado es radicalmente opuesto al que Concertación y Alianza han implementado y probablemente sigan implementando. Sea quien sea electo, debemos seguir organizándonos y trabajando para hacer realidad la educación que queremos.

En otras palabras, queremos que el movimiento tome conciencia, y así lo manifieste a la sociedad, de que no basta simplemente con sentarse a esperar lo que puedan hacer los sectores políticos tradicionales. Se nos hace imperativo levantarnos como una disidencia al modelo de educación -y de sociedad- que han construido, haciéndonos cargo de tomar en nuestras manos el desafío de construir la educación que soñamos.

Para esto, se nos imponen grandes desafíos. Uno de ellos es la consolidación de un proyecto educativo del movimiento social, que sea radicalmente distinto al de la élite, que no admita “traducciones” ni tergiversaciones.

Dentro de ese proyecto ciertamente debiese ocupar un rol preponderante una gratuidad sin limitaciones ni letras chicas, acorde con una visión de la educación como un derecho social, y el fin al lucro en todas las instituciones educacionales, no solo en las que reciban recursos públicos. Asimismo, también la democratización y sus manifestaciones concretas cumplen un papel muy relevante, y por lo tanto también deben estar en la primera línea. Demandas como la eliminación de las trabas que prohíben la organización en instituciones privadas, la participación estudiantil y funcionaria en los gobiernos de las instituciones, y el control comunitario de los establecimientos educacionales representan paradigmáticamente ese anhelo del movimiento social por hacerse cargo él mismo de transformar la educación, ya que significan la decisión de funcionarios, estudiantes y académicos, en un caso, y de profesores, trabajadores de la educación, apoderados y alumnos, en el otro, de hacia dónde se debe avanzar.

Un proyecto de estas características no es tal si no es asumido como propio por todos los actores ligados a la educación. El contenido concreto del proyecto educativo del movimiento debe efectivamente ser definido por todos esos sectores. El rol que jueguen estudiantes universitarios de tradicionales y privadas, secundarios, trabajadores y profesores de los distintos niveles es fundamental. Pero además, existen ciertas iniciativas concretas que pueden apuntar en dicha dirección: por ejemplo, abrir la CONFECH (que ha sido el actor con mayor repercusión pública) a la sociedad, para que ésta pueda incidir en las propuestas que desde esa plataforma emergen, puede significar una gran contribución.

Sin embargo, no es posible concebir un proyecto educativo sin discutir acerca de cómo nos hacemos cargo de su concreción. Por ello, otro gran desafío es la comprensión cabal de que la única forma de materializar este proyecto es cono autonomía de los sectores dominantes, sin delegar su implementación en actores que defienden por intereses e ideas el mismo modelo imperante hoy

Todo lo anterior nos permitirá contar con la fuerza, la cohesión y las armas para enfrentarnos a la parte más dura del año, el período de campaña electoral, donde la elite y sus medios procurarán que sea esta la que determine la discusión pública, amenazando con invisibilizar al movimiento. Entre primarias y campaña para las elecciones parlamentarias y la primera vuelta presidencial, y luego para la segunda vuelta (si es que la hay), el segundo semestre será un circo de afiches y jingles, de ofertones y promesas, de pactos y peleas, que irán todas dirigidas a hacer de las elecciones la gran “fiesta de la democracia”, en que el pueblo se disponga a depositar sus preocupaciones y deseos de que la cosas cambien en uno u otro candidato. Ese panorama se cernirá sobre nosotros, y son múltiples los ámbitos en que el movimiento se deberá desempeñar para hacerle frente.

Por un lado, en cuanto a nuestro trabajo en facultades y colegios, y a las medidas de presión que se puedan imponer, es menester que concibamos esta lucha como una de largo aliento, y que en base a eso dispongamos nuestra fuerza.

Nada de lo anterior representa un plan rígido a seguir, ni mucho menos creemos ser portadores de todas las respuestas necesarias. Más bien lo que nos interesa es hacer una invitación. Este año debemos estar más atentos que nunca al escenario nacional, y es necesario que entre todos dotemos de contenido la táctica a seguir para el año. Pero siempre con la vista puesta tanto en el movimiento mismo como en los enemigos que nos tratan de poner el pie encima, y con la intención de que la masividad y la capacidad con que contamos de poner en jaque a la elite se mantengan en los años venideros.

Javiera Ortiz

Tomás Jaegger