Publicada originalmente en El Desconcierto

Columna de Andrés Fielbuam, Coordinador Nacional de Izquierda Autónoma

Para quienes militamos o somos cercanos a las organizaciones que conformamos el naciente Frente Amplio, revisar el domingo las redes sociales mostraba un día que podía ser histórico. Miradas hacia el futuro, voluntad de transformación profunda y potentes discursos acompañados por la selfie de rigor daban cuenta de las esperanzas depositadas en este esfuerzo. La pregunta que debe acompañarnos es cómo se percibió este lanzamiento para el resto del país, para las mayorías excluidas de la política.

El Frente Amplio en formación tiene potenciales no vistos desde la vuelta de la democracia: dirigentes sociales y presencia en la institucionalidad política, demandas sentidas por la mayoría del país, unidad entre sus componentes y lenta decadencia de la política tradicional. Sin embargo, este potencial corre riesgo de diluirse si nuestra irrupción se naturaliza, asumimos las mecánicas del poder y no logramos romper el divorcio política-sociedad.

Para lograr abrir un nuevo ciclo histórico en Chile, que vaya dejando atrás al neoliberalismo, debemos ser brutalmente honestos con nosotros mismos. La realidad siempre es más porfiada que la mayor de las voluntades, y el camino es sumamente difícil. Sólo lograremos sortear los diversos obstáculos si somos capaces de reconocerlos, problematizarlos y discutirlos hasta agotar nuestras inteligencias. En esa línea, en lo que sigue intentaré visibilizar algunos de los desafíos críticos que presenta el Frente Amplio hoy, con el ánimo de contribuir a elaborar estrategias colectivas para su superación:

Superar la distancia con la sociedad

Este nudo es el más relevante. En ningún momento podemos dejar de ver la foto completa, pensando que nuestro entorno es representativo y olvidando que casi todo Chile ve hoy la política con profunda distancia y desconfianza, situación que nosotros hasta hoy no hemos logrado cambiar. Los niveles de abstención en las últimas elecciones son un claro botón, donde la participación de candidatos del FA no implicó la participación de nuevos electores, ni siquiera en el principal éxito electoral de Valparaíso. Si no somos capaces de salvar esta distancia, seremos simplemente el ala izquierda de una política en decadencia. No lograremos patear la mesa de la transición y, peor aún, podemos terminar ayudando a una nueva reoxigenación temporal.

Conquistar reformas transformadoras

Si hay algo que alimenta el punto anterior, es la sensación -hasta hoy entendible- de que estamos haciendo política para ser parte del circo habitual y no para transformar la realidad. Si a pesar de las masivas movilizaciones, la presencia en el Parlamento, la organización estudiantil, de profesores o de mujeres, la debilidad del gobierno, no fuimos capaces de defender posiciones en las principales reformas -educacional, aborto o carrera docente-, corremos el riesgo de volvernos inútiles y prescindibles. Debemos elaborar tácticas para lograr avances en los años que vienen, cuestión que se facilita con un buen resultado electoral, pero que no se asegura de manera mecánica, sino que requiere enfrentar al duopolio en los diversos planos, articulando las luchas políticas, sociales, culturales e intelectuales.

Dinamizar la movilización

El punto anterior nos remite al estado actual de las movilizaciones en Chile, pues es finalmente la fuerza de la protesta y de la masividad lo que nos dará la potencia para alcanzar los triunfos que nuestro país necesita. Desde ese punto de vista, el escenario requiere también un remezón. Si bien el Frente Amplio mantiene una presencia muy relevante en el movimiento estudiantil y una expectante posición en el Colegio de Profesores, y pese a que el 2017 mostró grandes movilizaciones en temas que antaño no convocaban de esa manera, ello no puede nublarnos frente al hecho de que la masividad va en declive. La capacidad de sostener movilizaciones largas y con capacidad de alterar la discusión política ha retrocedido en estos últimos años. El impacto se ha vuelto episódico y mediático. Pareciera ser que para el país se vuelve normal que hayan algunos cientos de miles protestando dos o tres veces al año. Confundir las necesarias presencias en Federaciones o alianzas entre grupos con una conducción efectiva de los movimientos sociales sería un grueso error, pues corremos el riesgo de burocratizar los mismos. Una tarea primordial de un Frente Amplio debe ser revitalizar la organización y la protesta social, potenciando su capacidad reivindicativa y apostando porque se traduzcan en cambios concretos.

Construir una cultura de diálogo interno

Este punto es de una naturaleza distinta a los anteriores, pues remite a aspectos más internos. Sin embargo, de no resolverse, resultará dificultosa una articulación efectiva para lo ya descrito. La cultura de diálogo interno del Frente Amplio se está recién forjando, siendo aún demasiado frágil. Si bien algunas señales positivas se han ido dando -el evento del sábado recién pasado es la más importante-, otros hitos como lo ocurrido con el partido País dan cuenta de que falta mucho por avanzar para resolver las tensiones de manera colectiva y constructiva, más aún cuando en el FA necesitamos sumar también a los militantes desencantados de la Concertación y otras situaciones complejas pueden volver a aparecer.

El pesimismo de la inteligencia siempre debe contraponerse al optimismo de la voluntad. Hoy tenemos la chance de abrir un nuevo ciclo histórico, de dejar atrás el pesado legado de la transición, de conquistar los derechos sociales que Pinochet privatizó y con los que la Concertación se enriqueció. Los pasos de estos últimos meses, aunque sean los iniciales, son gigantes en comparación con toda la experiencia previa. Vamos construyendo la unidad de las fuerzas políticas de cambio, aquellas que han apostado por armarse desde la autonomía política y desde la potencia de los marginados de siempre. Los obstáculos mencionados, y muchos otros, nos pueden hacer caer. Enfrentarlos y superarlos, con una unidad a toda prueba, es el desafío que mostrará si estamos a la altura. Debemos dejar la vida en la cancha para lograrlo.