El Frente feminista de Izquierda Autónoma participó esta tarde del panel “Feminismo partidario”, en el marco del conversatorio “Feminismo y Género”, convocado por la Fundación Miguel Herníquez. En el  espacio expuso Macarena Castañeda como representante del Frente Feminista, junto a feministas de Revolución Democrática, Partido Igualdad y otras fuerzas de cambio emergentes.

A continuación dejamos la presentación completa:

El feminismo en Izquierda Autónoma comienza a gestarse bajo la iniciativa de mujeres y disidentes sexuales, que en su propio proceso de formación política al fragor de procesos sociales, cuestionan sus roles en la militancia, indagando y acercándose al feminismo, tanto como una herramienta de deconstrucción y empoderamiento, como una forma de ampliar la propia política ejercida en una organización que iba creciendo y proyectándose. Durante este proceso ponen sobre la mesa del entonces colectivo, el cuestionamiento a las relaciones de poder y de desigualdad en base al género, y la necesidad de ampliar ese escaso y estancado concepto de democracia que veíamos en las lógicas de los partidos tradicionales de la transición. El feminismo nos da un prisma diferente desde donde mirar la democracia, tanto dentro de la organización como hacia la sociedad, incluidas nosotras como sujetas. Esto fue hace ya unos 6 años.

Sin embargo, que esta posición política tomara forma y comenzará a emerger con mayor fuerza dentro de la organización tomó más tiempo. Fue en el año 2014 que un grupo de mujeres se organizan y constituyen un primer espacio de pensamiento y elaboración política feminista. De ser una iniciativa de individualidades, pasó a ser una preocupación, interés y reflexión común. Hoy somos un partido que en su praxis diaria se interroga y se deconstruye en miras a su transformación: en miras de una Izquierda Autónoma feminista, que entiende que no hay género sin clase, ni clase sin género. En este sentido, la izquierda del SXXI solo será tal, en tanto sea feminista. Así hemos asumido el desafío de integrar dicho acumulado teórico a nuestros lineamientos políticos, proceso en el que nos hemos vertido desde hace 2 años, con enormes logros y aún más desafíos.

Nuestros fundamentos políticos se han encontrado siempre de la mano de un análisis y praxis de clase, en una tensión constante entre dominantes y subalternas, por tanto el feminismo desde donde nos situamos genera esta doble tensión que significa reconocerse como una sujeta con contradicciones propias del dominio patriarcal, pero que ello encuentra un caldo de cultivo ideal para la explotación de la clase, en nuestro caso una doble explotación.

¿Cuál entonces es el feminismo que hemos ido construyendo al fragor de los movimientos sociales y de nuestra deconstrucción como sujetas, sujetos y organización? Nuestra comprensión del feminismo se levanta desde el entendimiento del patriarcado como sistema de ordenamiento de las relaciones de poder en base a la categoría de género, lo que ha sido, en palabras de Federici, apropiado y refundado por el capitalismo para asegurar un modelo de producción que permite que la reproducción social no sea reconocida como trabajo, sea gratuita, y además por mandato social esté feminizada. Es decir, un trabajo gratuito que se le asigna a un sujeto -la mujer- y a un lugar -lo doméstico-.

La alianza capitalismo/patriarcado se encuentra entonces anclada en la División Sexual del Trabajo, que se basa en una concepción binaria de la sociedad -hombre/mujer- para dar orden a la sociedad, su producción y reproducción, y que norma nuestras identidades, sexualidades y relaciones, lo que permea a la misma diversidad sexual.

Materialmente, esta somete a las mujeres a relaciones de explotación en la reproducción de la vida y de desigualdad en el trabajo remunerado. Así, transitamos, en estadios como: la maternidad, la crianza, el trabajo doméstico, remunerado y precarizado, con una absoluta negación y mercantilización de derechos.

Los propias derrotas de la izquierda del SXX y el avance sin freno de la hegemonía neoliberal, no solo han desorientado nuestra lucha, sino que derechamente nos han expropiado banderas, como la libertad y la democracia. Ello no ha sido indiferente a la lucha feminista, que siendo por esencia insurgente, de ampliación y recuperación de la democracia, y por tanto sustancialmente emancipatoria y revolucionaria, también se ha visto expropiada de sus banderas por un neoliberalismo que ha logrado reciclar de manera no menor, la demanda de autonomía e igualdad de género manteniendo las relaciones de desigualdad. Lo ha resuelto en el supuesto de que la cuestión de la autonomía de los sujetos y sujetas y la igualdad entre géneros se resume en igualdad de oportunidades reguladas por el acceso al mercado.

Nancy Fraser, con mucha claridad, explica este desarme, señalando que el posmodernismo ha logrado confundir a las actorías sociales emergentes, situando como antagonistas la lucha por el reconocimiento de las identidades, de la lucha de clases. Esta dicotomía sólo ha alimentado al poder hegemónico en la reproducción del orden social, fraccionando y debilitando a los mismos grupos oprimidos. El progresismo neoliberal ha hecho creer que igualdad es lo mismo que meritocracia y que emancipación es el ascenso de pequeñas elites.

Para nosotras, las feministas autonomistas, tal progresismo es nocivo, no solo por que difumina la posibilidad de definir el feminismo más allá de una expresión cultural que al mercado le va muy bien de vez en vez (recordemos caso poleras ripley o la niunamenos en la moneda), sino porque además le usurpa su capacidad de constitución por fuera del pacto que hoy no nos permite incidir en la toma de decisiones centrales que afectan nuestras vidas, es decir, no nos permiten la soberanía ni del cuerpo, ni del ejercicio en el territorio, ni del ejercicio democrático, ni ciudadano, ni de clase etc. Es por ello que determinamos la importancia en que este progresismo de ONU mujeres, este progresismo que usurpa desde la moneda la posibilidad de emergencia de las demandas de las mujeres, lesbianas, trans y feministas encuentre un freno en nuestra propia acción colectiva,donde seamos capaces de interlocutar por nosotras mismas, sin reemplazo ni usurpación.

Ahora, esto tiene en este momento una posición y necesidad de despliegue concreto, y seremos completamente transparentes en cada lugar por qué pensamos que la crítica y el debate es la base fundamental de despliegue de nuestro “ser sujetas políticas en Chile”. Las feministas de IA también tenemos nuestros ojos y energías puestas tanto en la organización de base, como en el frente amplio, organización que recién comienza a reunirse y que aún tiene muchas interrogantes, con fuerzas con las que nos hemos encontrado antes en similitudes y a la vez en diferencias. Entendemos que la política feminista no es solo una política diseñada para la persecución de los intereses de las mujeres como sujetas y disidentes sexuales, sino como la persecución de las metas y aspiraciones feministas dentro de un contexto más amplio de disputa: la conquista de las anheladas promesas de igualdad y libertad, y finalmente de emancipación de todas y todos.

 

De esta manera, 1) la lucha por derechos sociales, sexuales y reproductivos, es decir, la lucha por el derecho a tener derechos, 2) la lucha por una vida sin violencia, es decir, la lucha por relaciones sociales de igualdad y libertad, y 3) la lucha por el pleno reconocimiento de la identidad de género y/o sexual, es decir, la lucha por el derecho a ser sujetos y sujetas de derechos; que han movilizado a las mayorías de Chile en estos últimos años, nos posicionan de frente en contra de la precarización y la desigualdad, construyendo una voluntad para avanzar hacia un nuevo ciclo de luchas emancipatorias. La lucha feminista para un proceso transformador, para un otro Chile.

Para finalizar quisiera quedarme con una frase inmensamente significativa para mi en este proceso colectivo, “La incorporación de las mujeres al mundo será para el movimiento feminista un proceso transformador del mundo… Un mundo que está por hacerse y que no se construye sin destruir el antiguo.” que por supuesto es de Julieta Kirkwood.

Gracias,