No ha habido gobierno más democrático que el de Salvador Allende en la historia de Chile. La Unidad Popular representó el momento más avanzado de la lucha de las y los trabajadores en el siglo XX por conducir con autonomía las riendas de su propia historia. Encarnó, además, una utopía de alcance universal: la de realizar el impulso democrático original del socialismo.

Esta mañana nuestra candidata presidencial Beatriz Sánchez, emitió un juicio que estimamos equivocado y sumamente grave sobre el carácter del gobierno de la UP. Rápidamente reconoció las declaraciones como un error y pidió disculpas. Valoramos su rectificación. Es preciso reconocer, sin embargo, que sus declaraciones exceden la responsabilidad individual y dan cuenta de una forma de entender nuestra campaña presidencial en la que ha predominado la renuncia a perfilar una izquierda para el siglo XXI.

El factor de unidad de quienes trabajamos en esta candidatura ha sido luchar por revertir la indiferencia ciudadana hacia la política como condición para construir una izquierda amplia. En la práctica, sin embargo, con escasa deliberación colectiva, ha predominado la estrategia de ampliar la base electoral de apoyo por la vía de apelar a un ciudadano abstracto, carente de pasiones, rebeldía e historia, propio de la visión que la Transición nos intenta imponer. Esto ha significado que en demasiadas ocasiones la amplitud se ha confundido con la indefinición.

Estas indefiniciones han posibilitado el surgimiento de una contraproducente polaridad al interior del Frente Amplio, como si las únicas opciones posibles fueran una ambigua propuesta de recambio generacional o un izquierdismo identitario sin vocación de mayorías. El desafío de las fuerzas de cambio de reimaginar una identidad y una práctica de izquierda sustentados en las condiciones de la sociedad construida por la dictadura y la Concertación, ha quedado una vez más relegado.

Públicamente y en los espacios de trabajo de esta candidatura, hemos planteado la necesidad de emprender un camino distinto. Uno de mayor arraigo en las luchas sociales recientes de las que provenimos las fuerzas que componemos el Frente Amplio y compromiso nítido con un proyecto de transformación social, que requiere ser conscientes de la historia. Hoy, queremos insistir en la necesidad de corregir el rumbo y de hacernos cargo colectivamente de las insuficiencias de este proceso.

En tal sentido, se torna urgente reconocer que, más allá de las discusiones electorales, la posición política que la indefinición esconde ha sido el temor a confrontar a la Concertación. Proponer una transformación de la concepción vigente de Estado y del modelo de desarrollo, efectivamente supone disentir con las promesas concertacionistas y las reformas emprendidas por el gobierno de turno. Llamamos a no tener miedo de disentir con la vía concertacionista al neoliberalismo, pues de ello depende construir el consenso necesario para superar el injusto orden social vigente.

Nos consta que la disposición de Beatriz Sánchez ha sido la de fortalecer el Frente Amplio y su proyección. Esta actitud es fundamental para la maduración de este proyecto, y por ello iremos a votar B4 mañana. Pero esto no es suficiente, y mantener esta inercia puede ser fatal. En la etapa que se abre a partir del día lunes, con una candidatura presidencial única de nuestra coalición, necesitaremos un profundo cambio de rumbo de la campaña, ampliando la participación de las organizaciones políticas y sociales que la sustentan y confrontando sin ambigüedades a los guardianes del orden neoliberal. En definitiva, una campaña orientada a la construcción del proyecto político y social que dará vida a un nuevo Chile.