Los marxistas hemos estado involucrados en una lucha de David contra Goliat desde hace más de 150 años. Nuestro enemigo ha sido históricamente uno sumamente organizado, que cuenta con todo el aparato político-ideológico del Estado y el control de los medios de producción. Por sobre eso, se ha hecho cargo de que su visión ideológica de la sociedad se torne hegemónica sobre sectores cada vez más vastos de la población, y para ello ha reclutado a sus filas a la mayoría de los intelectuales, a fin de que protejan sus intereses.

Es, en definitiva, lo que podríamos denominar una “lucha desigual”. Sin embargo, existen una serie de elementos a nuestro favor. Resulta interesante detenerse específicamente en la acumulación de saber, experiencia y trabajo que está disponible libremente para todas las generaciones que retoman la lucha por un mundo emancipado.

Esto se traduce en que, cualquiera que quiera sumarse a las filas de la izquierda, tiene a su disposición la obra de, prácticamente, todo el cúmulo de autores que dedicaron su pluma a entender como funciona la sociedad, y como se puede construir una sociedad distinta a partir de la actual. Asimismo, tenemos total acceso al recuento vivencial y político de aquellos que se aventuraron y pusieron su vida a disposición de la lucha socialista.

Esta total liberalización de la obra marxista responde a varios factores. El primero, es que muchos de aquellos autores y luchadores sociales murieron hace muchos años, por lo que lo que su obra ha pasado al dominio público (libre de derechos de autor). El segundo, y más relevante, es que todos aquellos autores siempre supeditaron su obra a un objetivo mayor, por lo que siempre la pusieron a disposición para que fuese accedida por la mayor cantidad posible de personas. Incluso la obra de autores contemporáneos, como David Harvey o Zizek, suelen encontrarse con una simple búsqueda en Google, ya que nunca se han preocupado de resguardar sus derechos de autor. En ese sentido, los marxistas nos adelantamos al Creative Commons, y pusimos en práctica la Cultura Libre antes de que fuera “too mainstream”.

Especial homenaje merecen los repositorios marxistas que han puesto a disposición un porcentaje importante de la obra marxista en internet. Es así como marxists.org mantiene en linea la obra de ¡cientos! de autores en cerca de 56 idiomas. A un par de clicks de distancia podemos acceder a textos, recuentos y reseñas que no estaban disponibles para nuestros predecesores, sea porque no estaban traducidas al español, no eran costeables o porque estaban recluídas en la Unión Soviética por resultar “incómodas” a la línea oficial de Partido. Lo propio hace gramsci.org.ar

Esto nos permite acceder a una cantidad asombrosa de investigaciones, estudios teóricos y científicos, así como también un sinfín de análisis, recuentos y lecturas sobre experiencias políticas concretas desde donde nutrir nuestro quehacer actual.

Se forma así un círculo virtuoso. A mayor libertad, más circulan los textos y el saber. Esto hace que más personas tengan acceso a ellos y puedan utilizarlo para sus propias reflexiones, generando cada vez más contenido crítico como herramienta transformadora. Es decir, que sea capaz de entender cómo se desenvuelve nuestra sociedad, a fin de subvertirla.

No dejes que el formato noventero de estos sitios te confunda de su invaluable aporte. Que todos los textos esté en formato HTML sólo aumenta lo flexible y útil que pueden ser. Formatos como el PDF, aunque estéticamente atractivos, son sumamente restrictivos. El HTML te permite copiar y pegar en un word y crear, por ejemplo, una colección de textos escogidos para utilizar personalmente o con tu organización para su formación política. También te permite colocarlo en el formato que prefieras para leerlo en cualquier dispositivo. Y por si fuera poco, las ediciones siempre vienen con las palabras en latín y francés traducidas.

En definitiva, no necesitamos volver a inventar la pólvora, podemos hacer uso de todo el trabajo, experiencia y cariño de quienes nos precedieron, y así avanzar, verdaderamente, con todas las fuerzas de la historia.

 

Pablo Viollier

@pabloviollier