Somos un colectivo político y revolucionario, ligado fuertemente en las luchas sociales. Nos declaramos autonomistas porque hacer frente al capitalismo requiere crear y fortalecer la autonomía política de las clases subalternas frente a la hegemonía de las clases dominantes. Buscamos estar a la altura de los desafíos del siglo XXI debido a que, tanto el estado de acumulación del capitalismo actual, como la forma dominación misma que la élite impone, han cambiado desde los tiempos en que nuestros predecesores dieron la justa lucha que hemos heredado.

Creemos en socializar lo político y politizar lo social. Lo primero, ya que la revolución no puede ser la tarea de individuos o vanguardias iluminadas, sino que, para vencer, requiere ser el esfuerzo colectivo de las grandes mayorías; y lo segundo, ya que la dominación se expresa no sólo en el aparato político y económico, sino que también en las formas como nos relacionamos, vivimos e incluso pensamos.

Nos manifestamos en contra de la política que se hace a espaldas de la sociedad, entre cuatro paredes y a contrapelo de la voluntad del pueblo. Por lo mismo, no estamos en contra de los partidos en genérico, sino que en contra de estos partidos. Como jóvenes, y como Izquierda, es nuestro deber hacer frente a las dos derechas que han co-gobernado Chile los últimos 40 años.

Para nosotros, el ser revolucionario no consiste en la mera adscripción a un conjunto de ideas y prácticas, en hablar de determinada manera o adoptar los simbolismos de quienes en el pasado lo fueron. Quien se considere revolucionario, carga con la imperante obligación de construir, desde las condiciones que el mundo actual nos impone. Debemos crear condiciones de organización y fuerza, para que desde ellas, la construcción de una sociedad emancipada vuelva a los límites de lo posible.

Ciclos de movilización como la estudiantil, que se abrió el 2011, las reivindicaciones regionalistas, las constantes luchas del pueblo mapuche y el resurgir de la organización sindical de base; son signo de que esta generación tiene la capacidad de abrir un nuevo ciclo de luchas sociales, que rompa con los estrechos márgenes de la transición impuestos por Pinochet y los continuadores de su legado.

Lamentablemente, no tenemos un manual o un libro de recetas que nos indique cómo hacerlo. Sin embargo, la esperanza intacta nos obliga a sacudirnos las derrotas del siglo XX y retomar, junto a todas las fuerzas de la historia, la construcción de la sociedad por la que luchamos.

“Aquí nada termina compañeros…

Aquí cada día es continuar…”