Con 25 años y a punto de titularse, el estudiante de derecho Sebastián Aylwin es el candidato del colectivo Izquierda Autónoma en las próximas elecciones de la Fech, en las que buscará mantener la presidencia de la federación por tercer año consecutivo, luego de las conducciones de Gabriel Boric y Andrés Fielbaum.

Aylwin se define a sí mismo como un disidente, aludiendo a que una parte de su familia —de la que su tío-abuelo Patricio Aylwin es el más conocido— ha tenido una participación en los gobiernos de la Concertación, conglomerado que según él “ha sido responsable en gran medida de la generación del malestar social”.

“Como a muchos, en 2006 me tocó vivir la ‘revolución de los pingüinos’ y ver cómo los partidos denominados de izquierda legislaron en favor del lucro y la segregación, todo lo contrario a lo que proponíamos los secundarios. Hasta la actualidad, esta actitud no ha cambiado”, dice Aylwin para explicar su ingreso a la política y su oposición a la actual oposición.

Sebastián Aylwin

¿Cómo explicas tu rechazo a la Concertación si en tu familia se inició esa alianza?

A pesar de que por mi apellido se podría esperar que yo ahora esté haciendo campaña por Bachelet, la verdad es que el país del Transantiago, de la salud desfinanciada y de la educación de consumo, me convierte en un disidente de lo que ha construido la Concertación. Un sentimiento cada vez más grande en muchos jóvenes que crecimos en estas dos décadas y que vimos cómo el país heredó las medidas políticas, sociales y económicas de la dictadura de Pinochet. La Concertación ganó con el NO, pero construyó el país del SI.

¿Entonces no te sientes ligado a tu familia?

Me siento mucho mejor interpretado por mi abuelo, Andrés Aylwin. Él es una figura bastante controversial dentro de la Concertación, ya que el 13 de septiembre de 1973 firmó una carta junto a otros 12 compañeros de partido, repudiando el Golpe de Estado, cuando la mayoría de la DC lo apoyó. Luego se dedicó a interponer recursos de protección a favor de víctimas de la represión. Esa figura de quien en momentos difíciles puede ser valiente, me representa bastante.

¿Cuándo comenzaste a participar en política?

Entré a la Universidad de Chile en 2007 y dos años después participé en la toma de la Facultad de Derecho, cuando Gabriel Boric era presidente del Centro de Estudiantes, en la que pedimos una modernización y mayor democracia en nuestra facultad. Luego participé, al igual que miles, en las movilizaciones de 2011, cuando el movimiento estudiantil traspasó los límites de lo posible, en un país donde te tomaban por loco si hablabas de educación gratuita, algo que hoy los candidatos presidenciales han querido interpretar de distintas maneras.

¿Y por qué no escogiste cambiar el país desde la misma Concertación?

Porque la solución no es delegar en los viejos partidos políticos. Ellos no han sabido responder a los conflictos sociales, e incluso han sido responsables en gran medida de la generación del malestar social. En 2006 me tocó vivir la ‘revolución de los pingüinos’ y ver cómo los partidos denominados de izquierda levantaban las manos en el salón Montt-Varas de La Moneda junto a la derecha, para legislar en favor del lucro y la segregación, todo lo contrario a lo que proponíamos los estudiantes. Hasta la actualidad, esta actitud no ha cambiado. Por el contrario, las nuevas alternativas son las que tienen la responsabilidad de construir un Chile más justo e igualitario. Entre ellas está Izquierda Autónoma, el colectivo que represento, donde estamos convencidos de que el cambio del país pasa por construir la autonomía política de la fuerza social, para que sea el movimiento popular el realizador de sus demandas.

 

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El rayado de cancha

A tu juicio, ¿cuál es el actual estado del movimiento estudiantil?

Hace tres años, los estudiantes asumimos la responsabilidad de transformar un país que le fue entregado en bandeja a quienes lo veían como una mercancía y comenzamos a movilizarnos. Luego de este periodo, evidentemente existe un cansancio, ya que no es una tarea fácil. El conflicto educacional no se ha solucionado, sino que sigue en disputa. Basta ver cómo los principales candidatos presidenciales tratan de plasmar esta demanda en sus programas, algo que logró el movimiento estudiantil al poner esta discusión en el país.

¿Podrá el próximo gobierno resolver estas demandas?

Ahora hay voces que dicen que el movimiento estudiantil ya ganó, porque Bachelet ha hablado en la campaña un par de veces sobre educación gratuita, pero sin profundizar más allá. Otros plantean que perdimos, porque la vieja Concertación se arropó con las demandas de los estudiantes sin que el movimiento social consiguiera nada. Sin embargo, nosotros creemos que el escenario continuará abierto y que el triunfo dependerá de que tan protagonistas seamos del debate nacional del próximo año. Esa es la solución.

¿Qué le espera al movimiento estudiantil el próximo año?

Es un hecho que en marzo la Presidenta será Michelle Bachelet, y hay que actualizar el escenario en el que se encuentra el movimiento estudiantil. Durante los tres años que pasaron, los estudiantes y sus familias fueron los únicos y legítimos opositores a Sebastián Piñera, ya que el gobierno no ofreció soluciones reales y la Concertación no tenía cara para responder a sus propios errores con la educación. Pero el próximo año, Bachelet sí tendrá una ofensiva en materia educacional y probablemente la derecha no se opondrá, esperando que el gobierno haga desaparecer nuestras demandas. En ese escenario, el movimiento social deberá luchar por ser el protagonista de los cambios, rayar la cancha y decir que no existirá solución sin nosotros.

¿Habrá que dialogar con el próximo gobierno para solucionar las demandas?

Para que la educación sea un derecho, tiene que dejar de ser un negocio. En eso, el movimiento social por la educación ha sido muy claro, y es también una condición para sentarnos a conversar. Nosotros estamos dispuestos a dialogar con cualquier persona que pueda generar las condiciones de avance de las demandas del movimiento estudiantil, lo que significa hablar en los términos que mencioné. Sin embargo, la solución pasará de todas maneras por las familias afectadas por la precarización de sus derechos y por la fuerza social que sean capaces de levantar. No está descartado ningún medio de lucha para conseguir estas demandas, y seguramente seguirán habiendo movilizaciones. Pero también estamos dispuestos a conversar con estas condiciones.

¿Cuáles son tus propuestas para los estudiantes de la universidad?

La Fech debe ser una herramienta efectiva para que sus estudiantes luchen por transformar la educación, la universidad y el país. Para eso, la primera propuesta política es fomentar que la federación y los centros de estudiantes levanten movilizaciones que avancen en estos cambios. Una segunda propuesta es favorecer el trabajo que realizan los organismos ligados a la Fech, como el centro de estudios, los medios de comunicación y las escuelas de formación de dirigentes estudiantiles. Y en tercer lugar, debemos aprovechar la futura elección del Rector para iniciar un proceso de transformación que le devuelva el carácter público a la universidad.

¿Qué significa esto último?

Esta universidad, tal como está, no le sirve de mucho al país. La Universidad de Chile no puede simplemente ser defendida de manera corporativa: defender la Universidad implica necesariamente transformarla, hacia una verdadera institución pública. Actualmente la Casa de Bello está administrada por una “educación pública de mercado”, una mezcla que se produjo cuando el Estado abandonó a sus universidades y escuelas, y que no sirve para cambiar al país. Esta transformación requiere un esfuerzo de todos nosotros, sobre todo de los compañeros de las facultades e institutos precarizados. Y desde esta federación queremos apoyar los procesos de esos estudiantes, profesores y funcionarios que desean crear una universidad al servicio de Chile y sus necesidades.